
Me alejé por un momento de la ciudad, y a mi regreso, centelleante por una bruma rechazando los rayos matutinos del sol, ésta me parecía otra. Un rasgo hay en mi, según me doy cuenta por la dimensión que adquieren los pueblos y ciudades mientras les atribuyo la observación; En ellas vive el arraigo de mis pensamientos.
Me gusta salir de la urbe, despedirme pero abrazarla de nuevo con la idea de descubrirla con la fuerza de la emoción, del asombro envolvente que doy a cada paso hasta completar mi destino en sus grandes asimetrías; cruce de calles y sentimientos.



