
Las calles de cualquier ciudad, por lo general, enmarcan algún recuerdo; su trayecto dura lo que el recuerdo en ellas. Casi cualquier memoria lánguida, Se fortalece, y como motas de polvo, surge la oportunidad de verlas suspendidas, por el paso de la luz.; real túnel del tiempo.
En ella, la memoria en un acto de buena fe, se deja conducir; los pasos dados se ejercitan, no en un acto físico, sino en la recuperación de esbozos; las facultades mentales dominan, en un hallazgo supremo; las formas, colores y sensaciones.
Aun tus palabras amorosas cuelgan de los faros, y los enladrillados rojos terminan de esculpir unos labios que creía olvidados. Me vuelvo a mirar donde principia la calle, y todo lo concebido se vuelve a desintegrar.