
Anhelo la lluvia. Cada vez que escucho su golpeteo, siento mis sentidos recuperar su cabalidad. Corro riesgos con el frio de invierno, los días repletos de una locura llamada recuerdo; a una voz, se hace escuchar la marcha de unos pasos que distan del silencio que otorga la distancia; su desaparición les ha convertido en el estallido que sacude mi alma.
El borboteo de la lluvia, calando suavemente por entre el derroche de recuerdos, es el único elemento natural del cual puedo sacar partido a favor de mi estancia en la cordura.