
El día parecía haber despuntado en contra de una espera que se antojaba larga, tras la vigilia, la noche anterior, en víspera del fruto que a menudo recogemos de un rayo de sol.
Cabeza inclinada, ojos arrasados y boca enmudecida zigzaguean en el rescoldo de un sentimiento; flama que va y viene en falsa imitación de cuanto por delicadeza portaba el baúl de los sentimientos.
Por el momento; el paso del fulgor rasante, que convierte a este océano de sentimientos en espejo fraterno de tu voz; dicta que aún puedo retozar por el gozo de tu presencia. El alba se ha querido apoderar del transcurso del tiempo que anoche tú convertiste en eternidad.
Día y noche; sombra y luz; presencia y ausencia; primavera e invierno; eres, a pesar de los ideales de mis sentimientos por corresponder a cada uno de ellos, llama que no se apaga y calor a mi corazón.