
Cuanto tiempo ha trascurrido desde que nuestro encuentro, concertado en la afinidad, significó algo. Friolento y doliente, Súbitamente comprendí la afición del pintor por los matices, y la desnudez del alma con que emprende un acercamiento junto a la moción creadora.
Tu semblante apenas acanalado por una intemperie emocional, mitiga lágrimas enjugadas. Acaso el presente insiste en proteger un curioso acto malabar de un destino inexorable ; en donde la felicidad pasó de ser motivo que infunde vida, para solidificarse en roca aserrada que corta cuando memorable se abate sobre uno.
La viva imaginación me conforta, porque comportándose cuál es, asume responsabilidades, por demás humanas, me muestra la sensación esplendida, aunque la cortina de los días venideros azuzan la movilidad del olvido. Entiendo el atuendo del tiempo; ventisca cuyos lapsos temporales nublarán tu claridad con vagos desatinos. Pero al menos, todos ellos llevaran tu nombre, si la lucidez tan preciada como grande es, aun me hace compañía.

