
De noche, justo cuando el silencio cede a la prominencia del respirar austero, y aborda el auge de la conciencia, doy el primer paso al umbral de la esperanza. Juntamente con la presencia de remansos en los que el recuerdo; ríe, llora y muchas otras veces trae a bien, sin esfuerzo aparente, una identidad azorada en la mar de confusiones.
Tal cual se ha presentado el ánimo nocturno, víspera del alba; despuntando sobre la dilación de cuanto parece en reserva de manifestarse. A pesar de que mi vista, dada a dolorosa supervisión, sigue el vals de hojas sueltas, socorriendo, lo sé, un sopor; suerte de grilletes y voluntad aherrojada.
Aún me atrevería a señalar que, Cualquier rendija por donde atraviesa la noción de luz en el espíritu, alcanza a multiplicarse el número de veces que el anhelo corre en pos de ella. Su arribo de mañana tan sólo obedece a una pequeña refracción de su plenitud. Dentro de uno brilla todavía mucho más.