Tan lejos

Publicado 5 abril 2015 por jorge
Categorías: añoranza, luz, oscuridad

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tan lejos

Antes, confiaba en las primeras impresiones. En esa primera luz que viaja sin detenerse y desciende generosa para iluminar con admirable revelación a las personas, aún a las mismas cosas haciéndolas reposar en el alma igual que un buen deseo que se convierte en realidad en medio de la crisis de lo imposible.

Pensaba así, de esta manera, mientras veía al ingrato recuerdo pasearse en las sombras delante de mí como un tirano sin hacer demasiado caso de mi profunda reflexión. Dejé caer mi cabeza y, sin percatarme desde cuándo, sentí bañado el rostro de algunos viejos sentimientos que vinieron a demostrarme su afecto.

En ese estado, de pronto, me dio por buscar esa dulce luminosidad como para tratar de escapar de un lugar oscuro ¡pero no!, me di perfecta cuenta que mi mundo ya se había precipitado a lo desconocido, donde lo que existe en él ya no significa nada porque el espíritu ha perdido la memoria de cuanto atesoraba algún rostro bajo aquella reluciente luz.

¡Qué lejos te siento ahora¡ tan lejos que no soy capaz de imaginarte cerca, mucho menos junto a mí. Tan lejos que, aquella fiebre de tus besos congela todo cuánto quiere revivir en mí. La vida se ha vuelto contraría al ánimo, noche y día se disputan la más horrenda de mis pesadillas.

la espera

Publicado 27 septiembre 2014 por jorge
Categorías: añoranza, niño, puente, recuerdo, relato

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bridge

¡He aprendido a saber cuándo llegan las estaciones del año! exclamó con júbilo el muchacho que minutos antes, tomado de la mano de su madre, daba señas, por su mirada, de estar percibiendo alguna reveladora señal en el entorno. Estaba yo en ese instante viendo pasar a las gentes por el puente “Gutenberg” que desemboca formidablemente a la gran ciudad.

Porque habré de dar la siguiente noticia al respecto que, esta ciudad no tiene mucho que nació, y aunque llegué tarde cuando sus dolores de parto habían cesado, yo la amé de sincero corazón porque, su convalecencia también fue la mía.

Los habitantes que la alimentan proceden de muchas partes, es una tierra de nadie y a la vez de todos. Y sin poder dar mucha luz sobre lo que estoy a punto de decir, en sus rincones encontré curiosamente mis más grandes libertades de espíritu.

A mí también me ocurrió como a este pequeño. Un día, sin darme perfecta cuenta de ello, abrazado a sus encantos, alcé la voz en medio de la oscuridad y dije; ¡he aprendido a saber cuándo el tiempo de espera ha terminado!

El último engaño

Publicado 10 mayo 2014 por jorge
Categorías: agua, aire, despedida, infancia, literatura, lluvia, manos, muerte, narrativa, reflexiones, relato

children playing

La gente se limpiaba el sudor de sus frentes en la plaza central, el sol tumbado sobre las losetas quemaba y poco faltaba para que derritiera el calzado de los paseantes. Las aceras que evaporaban la lluvia del día anterior parecían flanquear el lugar público con dos largas cortinas impenetrables.

Pero yo tenía frío, y no soportaba estar de pie. El infortunio ocurrió como tantas veces ya se ha dicho cuando llega la inoportuna sensación de muerte y trastorna todo, hasta la forma en que creemos ponernos a salvo. Apretaba mi cuerpo contra algunas bolsas de basura para contrarrestar la pérdida de equilibrio.

Más lejos, los niños se jaloneaban entretenidos en sus juegos, y allí de entre ellos saltó mi rostro infantil sollozando, ¡qué extraña sensación verse asimismo de nuevo desde el principio hasta el final! Mi cuerpo se convulsionaba y el aire fresco me faltaba, escuché a alguien decirme al oído ¿hay algo que podamos hacer por usted?

Sumido entre los sueños traídos por la última agonía, confundí ese rostro cercano de quien me hablaba con el de mi madre que, en otro tiempo al lado de mi cama, decía “pronto te pondrás bien, duerme por ahora”, ¡que dulce consuelo me pareció esa imperfección de la realidad que piadosamente me ofrecía su más refinado engaño!

Sentí que las fuerzas me abandonaban y que ya no era un amigo más de la existencia, que mis anhelos partían, como aves asustadizas, de mis manos para posarse en las de aquellos que apenas vienen en camino de ser exigidos por este mundo. Todo se fue cerrando y desapareciendo poco a poco, como cuando el aire azota varias veces la misma puerta y la luz trata de meterse por última vez.

Noche solitaria

Publicado 13 abril 2014 por jorge
Categorías: agua, amistad, amor, desencuentro, escribir, escritor, ficción, literatura, luz, narrativa, noche, relato

feet in river

Desde aquí, a través de las aguas, la ciudad parece suspendida, como si algo la hiciera flotar. Los ruidos que la acompañan de día han cesado abruptamente. Ahora la noche solitaria va tomando su turno en la rivera mientras vuelve a nacer la luna. Metida entre las aguas parecías resurgir de otro mundo.

Tus pies desnudos se internaron casi de un salto porque aún el último calor tibio del día vivía feliz sin darse cuenta que moría lentamente. Cuánto vi dilatada mi alegría que descalzo corrí tras de ti mientras tu cuerpo era toda una agitación de emociones bajo la luz custodia de la luna.

A lo lejos, la ciudad es nada ante tu hermoso nado. Así yo vivo los meses, caminando insomne por ti. Me llaman el vagabundo de la ciudad, el que cree caminar con alguien a su lado. No comprendo, pues, siempre me acompañas al pasar junto a ellos. No rompas todavía el silencio mientras llega el cruel amanecer.

Muerto en vida

Publicado 23 enero 2014 por jorge
Categorías: amistad, despedida, ficción, manos, mujer, narrativa, palabras, pensamientos, recuerdos, reflexiones, relato, rostro

Sad

No se mueve, dijo ella. Y supe de inmediato que, con la anticipación de una sentencia así, el resto estaba dicho. Apretó mi mano después de haberle tomado el pulso, pero nada se escuchaba en mi interior como muchas veces debe ocurrir en tales circunstancias.

Su rostro había desmejorado y cambiado de color y, me fue extraño el poder adivinar sus risas iluminando su semblante que ahora por mucho se alejaban cual alegre parvada, como el día de la noche, de su otrora dicha.

Me dije para mis adentros, que miserable es la vida, juega a hacerles trucos a los hombres, y su más fiel espectador también no pocas veces cae fulminante en la ejecución de su último acto como si se tratase de un horrible espectáculo fallido.

¿Crees que haya pasado mucho tiempo de esto? entrecortando los vocablos, alzó la voz preguntando, llevada sin control por el dominio de las emociones sobre la serenidad. ¿Acaso importa eso ahora? Respondí, sin experimentar sentimiento alguno.

Me hubiese bastado con dar la media vuelta y dejarlo todo, incluso sacrificando la compañía de la concurrente, mi compañera, pero resistí con el coraje que se tiene ante una tormenta que pasa y únicamente amenaza con arrastrarlo todo. Dirigiéndome a la puerta añadí, ¡marchémonos! es tarde, de vuelta a casa, informaremos sobre lo sucedido.

Sombras de inspiración

Publicado 15 agosto 2013 por jorge
Categorías: arte, desencuentro, desesperanza, escribir, escritor, herida, literatura, narrativa, pensamientos, relato

alone

Nunca vi ponerse al sol y enrojecerse ante mi inspiración. En su lugar reminiscencias variadas, venidas como de vagos sueños, colgaban de su sombrío círculo hacia la tierra y, alternada la mirada entre el extrañísimo fenómeno y la prueba de sentirme a salvo, corría palpitante hacía los espacios donde intentaba respirar el sosiego.

Mientras tanto, los célebres poetas reconvenidos y desafiados por mi locura, seguían escribiendo, buscando sacar de mis frescas heridas la predilecta palabra, yo insistía como sólo se puede hacer desde el dolor, a gritos, que me dejasen en paz, que su belleza poética en realidad renacía en mí como cortante arbusto puesto en el camino.

¡Mirad cuanta fuente de inspiración! les escuché decir, refiriéndose a la delicada cuna del sol, mientras este disolvía atrozmente el azul del mar. Por tanto, me asaltó la duda de qué estaban hechos aquellos que donde ven luz yo veo tinieblas. Y esta moneda de dos caras se fue acercando poco a poco, y no se me dio verla caer con certidumbre en el fondo del corazón.

Tampoco el novelista se compadeció de mí; a escondidas, estudió mi carácter, mis amarguras y cómo me cambiaba el rostro al cabo de ser burlado por mis privilegios convertidos tan repentinamente en desdichas a plena luz del día. También lamentándome con gemidos le pedí que me dejase solo, pero pudo más su placer de verme respirar en su obra con lastimeros ahogos.

Entonces, después de todo, refugiado en el silencio de la noche retomé el discurso de cada opositor de mis clemencias. Recogido en mi sillón, cubierto con una manta, tomaba palabra por palabra queriendo, con tal ritual, librarme de ellas. De mis mejillas caían todavía desencuentros donde el desánimo fluía como un gran río anegando la superficie y llevándose lo verdadero hacia la nadería.

El pintor, halló en mí un conmovedor motivo para su expresión. Se armó de acuarelas, y no resistí más. Para entonces desobedecía a la razón y me ponía a hablar solo, quien se cruzaba conmigo por la calle se santiguaba y me abría paso. Se decían unos a otros señalando mí descompuesta figura que, semejante padecimiento se debía a un trastorno de la realidad.

Empecé a contar mis pasos, cabizbajo. Antes de ello, reconozco que, no conocía las carcajadas del tiempo que rematan este desacostumbrado conteo con la sensación de los años pasados. Una atracción parecida a la fuerza de la gravedad tiraba de mis pensamientos y los hacia caer estrepitosamente sobre el suelo. Y así desplegados, volvían sobre sí mismos y me amortajaban, resultando cada vez más difícil caminar.

¡Mirad! dicen los que aún tratan de despertarme y devolverme la esperanza y, cuando apenas he podido alinear la vista con la de ellos, mi espanto me manda cerrar los ojos y clamar piedad. Su entusiasmo es tan insoportable como su radiante felicidad. Me dejo caer marchitamente y siento arrastrarme sobre el suelo mientras siguen preguntándose porqué me comporto como un animal malherido, ¿algún día comprenderán?

Pasmosa claridad

Publicado 9 agosto 2013 por jorge
Categorías: abuela, compañia, literatura, narrativa, palabras, pensamientos, relato

tea cups

Hay objetos que vistos con devoto cuidado resurgen, de la nada, como cosas nuevas igualando los vivos y delicados trazos que pintan la noción con los colores familiares de una verdadera escena. Así le pareció a él apenas la puerta abierta le descubrió las tazas puestas sobre la mesa. Al principio el todo aquél guardaba una extraña calma.

Y, justamente cuando se había convencido de que no debía ser de otra manera, en seguida, tal y como cuando se levanta el telón teatral, se veía asimismo, compartiendo el té con la abuela, además de escucharse decir lo mucho que había aprendido en su viaje por Europa, y cuan deslumbrante, en su momento, fue admirar los inmensos rascacielos, disfrutando el delirio de imaginarlos como gigantescos colmenares.

Ella, le escuchaba pacientemente pero lejos, muy lejos de ese mundo imaginario para el cual él vivía. Y he ahí que, metido en esa máquina del tiempo, se daba cabal cuenta que cuando ella se ponía así, su amable expresión tomaba los rasgos de un designio bendito.

Seguía preguntándose, frente a esa extremosa transformación de percepciones, cómo era posible que, estando ahora separado de ella por los lazos de vida, por la disolución del ser, la contemplará con la pasmosa claridad de la melancolía. No le asustaba la reveladora conciencia tanto como el hecho de no haber hecho caso al lenguaje callado pero significativo de ella.

Tuvo ganas de rendirse al llanto y sentirse niño una vez más por una falta que creyó haber cometido al tiempo que continuaba escuchando los gustosos sorbos y, ya decidido a mostrarse débil ante ese lastimoso sentimiento que le apretaba el pecho, ocurrió que el desplazamiento de la taza hacia a la mesa dejaba al descubierto la magnífica sonrisa de ella ofreciéndole la paz con su gran corazón de madre.