Los Tres Enemigos

Los Tres Enemigos

Tocó el zaguán de aquella vivienda, su entorno eran hiervas y variedad de insectos; todos en provecho de aquel pequeño hábitat. Una voz débil y corta rescatada  por los muros se hizo eco hasta llegar a José. ¡Pase ¡ se escuchó, en realidad no se sentía en su elemento, cada uno de sus movimientos eran guiados por una mezcla de expectativa y curiosidad. Jaló el perno, que aseguraba falsamente aquella puerta; esta acción había alertado a los huéspedes de su presencia, y el primero de ellos salió a su paso; un gato, que sin ser supersticioso, le traía a la memoria el papel de este en algunas novelas de misterio, por esta adjudicación característica alejaba intermitentemente la razón que tan bien le había asistido hasta entonces.

Después de cubrir un trecho, un perro, con aspecto irritable saco un rasgo que hasta entonces se había perdido en la observación de otros; la suspicacia. Ambas creaturas se satisfacían en la seguridad que su lejana  presencia brindaba.

Con cada paso que tomaba, su cabeza era sometida a un análisis de datos, y de veloces conjeturas, esperaba escuchar aquella voz para conducir su dirección, pero era inaudible.

Como quiera que fuera, redobló sus pasos, pero un huésped mas apareció justo en frente de él; su sorpresa se intensificó rompiendo todos los moldes de la escala del asombro.

Una rana que en su croar, repetía ¡vete¡ ¡vete¡ ¡vete¡. La claridad con que llegaban aquellas palabras le hacían dudar de su origen, abrió cuanto le fue posible los parpados, quería ratificar aquel hecho.

Pero no había duda, así era. Entonces de la nada, una joven sentada a la par, con voz de reclamo y queja, dijo. Porque tardaba tanto, solo quiero pedirle un favor, deme ese libro en lo alto de la repisa. Alcanzó el libro y este se titulaba. “como vencer la superstición, la sospecha y el rechazo con el poder del amor”.

Pidió a la mujer, llamar a sus mascotas; pero solo una replica obtuvo. Cuales mascotas me encuentro sola en esta casa. Solo fue capaz de comprender una cosa, sus miedos le habían acechado y el amor seguía esperando.

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