El Ave Que Nunca LLegó

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El Ave Que Nunca LLegó

Acomodaba, ansioso pero equilibrado en sus emociones, un par de cuadernos; ensamblados cariñosamente en una bolsa plástica, que tras haberla estudiado, consideró digna de custodiar aquella integridad. La atmósfera especulaba con sus pensamientos cautos pero resbaladizos; cualquier alteración sutil en su entorno, le arrebataba los primeros pilares, que se erguían, para guiarlo a través del umbral de su excursión.

Tengo que registrar, se encomendaba en un dicho auto programado; tienes que registrar todo cuanto tus ojos acrediten a la inteligencia. ¡Es hora¡ el factor sorpresa de la autosugestión, lo uniformó con la vestimenta de la exploración.

Trataba de evocar el silencio con sus pasos suaves y amortiguados; cada desplazamiento hacia la ventana, esmeraba la intensidad de su admiración. Anticipadamente había colocado, las satisfacciones básicas de un ave; agua y alimento fresco esperando obtener a cambio minutos preciosos de contemplación.

Nada ocurrió con el paso de los minutos; el tiempo jugaba, con la relatividad de su paciencia, alterada por descubrirse a solas. Cabizbajo, se permitió un sollozo en la conciencia, mientras su mirada se cruzaba con la vista de los cuadernos. Se imaginaba, entristeciendo a algo o alguien, confesando, no tengo nada que escribir.

Así pues, al compas del trazo de un círculo, recreó un ave; primero acicalo sus alas, con los remansos que en ocasión a sus recuerdos, le parecieron penetrar con transparencia su alma.

Al mismo tiempo que encontraba la formula, para materializar a tan bella creatura: colgando de un hilo abandonaba un trozo de papel, a la voluntad de las alas de su imaginación.

El batir de aquellas extremidades, engalanaban, con el plumón del ave, pensamientos extraviados que se sujetaban, en colaboración con esta obra. El ave pedía mas alimento de la imaginación, y el soplaba, para crear corrientes de aire en donde el planeo, retardara la estancia de su creación.

Obedientemente a sus impulsos recreativos, apiló  decenas de libros, y vio en ellos, sendas estructuras naturales; escalonadas, para hacer avanzar a su ave, en la sensación de distancia.

A cambio de tan recién descubrimiento, empuño una pluma distraída, con la fuerza de los amantes; liberó los cuadernos de su custodia plástica, para emprender tan ansiado viaje.

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