Archivos para diciembre 2009

Mi Abuela

18 diciembre 2009

De pie contemplo un prado, su verdor embarga un par de emociones. Esas que aunque, siendo dueño uno de ellas, en el respiro del bienestar adelantan la huida para infundir una sensible reflexión. Vuelan pero para elevar el aprecio que la distancia hace del ser amado.

Lo que se pierde en la mañana, no son parvadas como muchos creen, son mis desvelos, desamores, y tu adiós. No estoy solo me digo desde la nostalgia de tus palabras, fieles en mi espíritu, sobre todas las cosas Abuela de mi corazón.

Te Encontré

9 diciembre 2009

A poco de despegar mis pies del suelo, ecos decembrinos disfrazan tiernamente susurros de nostalgia. Sigilosos en su marcha han abierto misteriosos caminos. La trama encumbra todo un paisaje.

El agua nieve cumplió magnifico propósito. En esta, su nueva naturaleza cristalizada empuja resquicios de inhóspitas paredes; una imagen que me aguarda en busca de mis pretensiones de perfilarme hacia el lugar donde vive el espíritu.

Álgidos inviernos, casi siempre tintineantes en la memoria, merecen una alusión a la alegría no tanto por la época sino por cuanto significan para muchos que han entibiado sus soledades con copos de nieve; Llave formidable de un tropel de sensaciones.

El corazón que llevo dentro, recién templado en la sensibilidad del dolor, se asolea palpitante en un cielo añil que divisé en el ayer. Encuentro que comprende un sueño hallado en el umbral de mi conciencia cuando tenia nombre y forma la contemplación de la adorable sencillez.

Ya bambolean contra la caricia fresca del aire sobre mi rostro, con una claridad de ensueño que viene y va, voces infantiles entretejidas con villancicos; timbran melodiosas las gargantas en medio del regocijo de un canto nuevo. Del mismo modo, mi timidez se ha desinhibido, en éste instante ya me escucho cantar.

Mi acompañante es la noble idea de la inocencia que me permite exteriorizar; no más, no menos; Sólo y únicamente la extensión de cuanto no me cabe en el alma.

¿Y usted porque canta? – paseándose detrás de mi sombra me ha preguntado la duda, con el más absoluto desapego de la intromisión o la vergüenza. Entonces, de pronto, siento como si fuera puesto a descubierto, desarmado y listo para acelerar mis pasos lejos del lugar, sin embargo una fuerza me tiene sujeto a aquel entorno.

– yo siempre he cantado… – apenas puedo balbucir entre apretujadas experiencias en el pecho aglomeradas para impedir mis expresiones.

Mientras viajo por el trayecto de esta contrariedad, cuento las silabas de una estrofa, una tras otra. Un sentimiento casi perdido se ha encargado de hacerlas recordar: por medio de ellas se filtra la mañana aquella, diríase un crisol en donde la incertidumbre se transformó en filigrana áurea de la certeza.

¿Por qué no canta mucho más fuerte? – cuestiona aquella osadía con tenue delicadeza como enterada del inexorable mar de desencuentros que disminuyen mi voz.

– he perdido a un amigo – confeso, por fin caigo bajo el peso de lo que parece mi destino, un gimoteo desencadenante de una lluvia de tristezas me espera.

A través de este prisma de emociones; Incipientes lucecillas se transfiguran en mi interior al tiempo que braceo a puerto seguro, pero me arguyen colocándome a la deriva. Lugar en que la razón deambula.

El milagro ha materializado los ecos en coros andantes. Son los caminantes afectados por el arte de sus instrumentos musicales. Marchan a lo largo de las calles en universo de gesticulaciones y ademanes de gozo. La gente los recibe, la gente los aplaude. Son el símbolo de la navidad.

Este ambiente me ha convertido en un niño, el alborozo ha descompuesto mi andar. Brinco con igualdad de condiciones que la candidez lo hace en el alma de los pequeños. He encontrado a mi amigo una vez más en la frontera que separa mis contradicciones y la paz que no és de este mundo.