El domador y el caballo

A los caballos les debo admirable respeto. Su fortaleza destraba la delicada imagen lograda en el arte pictórico al cual debo parte de mis especulaciones ecuestres. Un conjunto de dotes aptos para la supervivencia lucen imponentes cuando se los percibe reales.

Tal cual atestigüé en un gratuito evento abierto a todo el público; el domador chasquea el látigo y el equino golpea los cascos contra el suelo. Pero, el espectáculo no me engaña, ese portento de la naturaleza ha reaccionado de un modo propio de su carácter.

De insospechada adaptación, se le ha visto surcar los vientos al igual que cruzar las ciénagas, dejando ver el poderío de sus ancas frente al peligro. Por la mente del observador desfilan galopes sobre la lluvia, el salto hábil de incrédula altura.

Y sobre todo el ejemplo de quien abandonado a su suerte se escapa de la inminente muerte gracias a la astucia y a su constante aprendizaje; de ello da prueba la simulada sujeción a su amo, mientras por dentro se sabe motivo de aquella alegría humana.

Que conciencia tendrá más supremacía sobre la otra, me pregunto, mientras; por un lado el gesto del domador forcejea con el relincho de aquel ser frente a las multitudes que aplauden a quien honor merece.

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6 comentarios en “El domador y el caballo”

  1. mejorana Says:

    Tú mereces honor Jorge.
    Y ese grito hermoso y salvaje del caballo.
    Venga ese abrazo.

    • jorge Says:

      Gracias Mejorana. Se ha materializado tan vividamente este ejemplar que, decidí regalarle algunas líneas.
      Un Saludo…

  2. Alumine Says:

    Mi abuelo tenía un caballo blanco muy bello, recuerdo cuando era niña el siempre me decia que eran sus pies y yo con ocho años veía todos los cuidados que le daba, como lo peinaba y le dedicaba parte de su tarde.
    Me hiciste recordar
    Saludos Jorge

  3. Luz Marina Says:

    Y fue asi, cual indomable corcel, tu preciada alma, tu delicado corazón.

    Los caballos de paso fino, me encantan. Son animales lindos, de hermosa elegancia en su caminar.

    Te cuento que no he podido escribir como soñaba, pues nuevamente ha sido puesta dentro de mi, la delicada huella del dolor, aquella que solo apacigua, el Maestro Divino del Amor.

    Saludes Jorge y una vez más, me agradó mucho leerte.

    • jorge Says:

      Luz Marina, quien nos podrá rebatir cuando en momentos de pena y angustia, nuestra alma gime en lo inefable susurrando el divino nombre del Maestro Jesús; tu y yo sabemos que, esta realidad sobrepasa las primeras percepciones del ser humano.
      Un Abrazo.


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