El rostro de la conciencia

Presa del vientecillo suave aminoré mi hondo respirar e hice frotar mis entumidas manos insistiendo en costumbres de infancia, y entre irresistibles escalofríos esforcé, con repentina precaución, mi cuerpo a contraerse de modo que una clara idea me hacia suponer que así podría preservar un cálido instante.

El paso del tiempo se entretenía con mis falsos remedios para prevenir el frío que, aunque sabiéndolo yo en lo recóndito del práctico saber, poco me importaba. No me cuesta ningún trabajo encontrar la disculpa de mi niño interior ante tales circunstancias.

Así debí de retrasar cuánto de normalidad a ojos de los demás, soy capaz de aventurar en cada andar que asumo sin restar equilibrio a mi cuerpo porque me sentí asaltado en mi conciencia cuando escuché: ¿Vive cerca de aquí?…

Me ha preguntado, sin secreta intención, una pequeñita de tierna edad al verme ejecutar cada movimiento sin duda, como bien se dice “en el amplio sentido de la extravagancia”.

Sus ojos sobrecargados de brillo – extrañísimo efecto – al parecer proveniente del contacto entre la nieve y el rasgado cielo borlado de despintadas nubes de concierto en sus luceros, se han apoderado de mis reflexiones.

– ¿Por qué se le ve triste? – Una vez más ha indagado para desgracia de un lenguaje oprimido y sediento con ganas de escapar. Largos y delgados cabellos asoman en el contorno de su cara. Una onírica imagen ha querido hacerse de esa cabellera y transformase en bandada de hermosas aves en frenesí por conquistar los aires.

– ¡Corazón! De ninguna manera me invade la tristeza, tan sólo aguardo a retomar mis fuerzas. Tú, mejor que nadie, sabes reconocer cuán necesario es el descanso para continuar y además…

– ¿Pero… usted lleva muchos años aguardando? – Con finísima y calma voz, emblema de quienes poseen el don de adentrarse en los corazones, suspira interrogando.

Seguramente, su ternura ha vencido al terror con sus dos manecillas, verdaderas garras de acecho cuando increpan mis inconclusos proyectos sujetos a su medida; semejante artificio que late al son del tic-tac me empuja hacia la incredulidad.

Abruptamente, me he dado cuenta que mi corazón arde tal como cuando se vuelve a la conciencia y se logra respirar. ¿Se habrá tratado de una evocación? ¿O los pájaros en el horizonte significarán algo?

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7 comentarios en “El rostro de la conciencia”

  1. Alumine Says:

    Tienes la narrativa de los grandes escritores, este podría ser el fragmento de una gran novela Jorge, cuanta altura literaria posees.
    Me debo el recorrer tu espacio de lado a lado sin duda me estoy perdiendo mucho, ojalá el tiempo acompañe en ese camino a continuar descubriendo tu arte, que sin duda alguna es maravilloso.
    Un abrazo para vos!!!

    • jorge Says:

      Gracias Alumine. Tus comentarios colman una parte de mí, esa necesidad de saberse oído, de entender que hay alguien a quien se le puede compartir un escrito sin esperar nada más que una preciosa consideración en su opinión hacia este.
      Un Saludo.

  2. LUZ MARINA Says:

    Sin duda te diria, que el dolor por perecedero, rasgó de un tajo los pliegues del alma, asomando su rostro en los venrtanales de la conciencia.

    A veces, aunque yo diria que siempre, la dolorosa espera transforma en tristeza los alegres días, y el corazón, ája en dorados surcos su desason.

    Me encanta leerte mi querido amigo Jorge.

    • jorge Says:

      Me gusta esa imagen tuya “asomando su rostro en los ventanales del alma”, porque de tal manera debe ser la luz que atraviesa ese delicado plano. Tengo a veces la sensación de extrañar tus comentarios, lo cual, me parece bueno, pues en ese sentir descubro nuestra amistad.
      Un saludo.

  3. LUZ MARINA Says:

    quise decir, desazón

  4. Beatriz Says:

    Mucho gusto Jorge,

    Los pájaros en el horizonte, cerca del mar buscan siempre algo, algunas veces calor, otras pescar, las más vivir…los pájaros significan algo.

    Tu narrativa es densita, rica en expresión.

    Saludos.


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