Sombras de inspiración

alone

Nunca vi ponerse al sol y enrojecerse ante mi inspiración. En su lugar reminiscencias variadas, venidas como de vagos sueños, colgaban de su sombrío círculo hacia la tierra y, alternada la mirada entre el extrañísimo fenómeno y la prueba de sentirme a salvo, corría palpitante hacía los espacios donde intentaba respirar el sosiego.

Mientras tanto, los célebres poetas reconvenidos y desafiados por mi locura, seguían escribiendo, buscando sacar de mis frescas heridas la predilecta palabra, yo insistía como sólo se puede hacer desde el dolor, a gritos, que me dejasen en paz, que su belleza poética en realidad renacía en mí como cortante arbusto puesto en el camino.

¡Mirad cuanta fuente de inspiración! les escuché decir, refiriéndose a la delicada cuna del sol, mientras este disolvía atrozmente el azul del mar. Por tanto, me asaltó la duda de qué estaban hechos aquellos que donde ven luz yo veo tinieblas. Y esta moneda de dos caras se fue acercando poco a poco, y no se me dio verla caer con certidumbre en el fondo del corazón.

Tampoco el novelista se compadeció de mí; a escondidas, estudió mi carácter, mis amarguras y cómo me cambiaba el rostro al cabo de ser burlado por mis privilegios convertidos tan repentinamente en desdichas a plena luz del día. También lamentándome con gemidos le pedí que me dejase solo, pero pudo más su placer de verme respirar en su obra con lastimeros ahogos.

Entonces, después de todo, refugiado en el silencio de la noche retomé el discurso de cada opositor de mis clemencias. Recogido en mi sillón, cubierto con una manta, tomaba palabra por palabra queriendo, con tal ritual, librarme de ellas. De mis mejillas caían todavía desencuentros donde el desánimo fluía como un gran río anegando la superficie y llevándose lo verdadero hacia la nadería.

El pintor, halló en mí un conmovedor motivo para su expresión. Se armó de acuarelas, y no resistí más. Para entonces desobedecía a la razón y me ponía a hablar solo, quien se cruzaba conmigo por la calle se santiguaba y me abría paso. Se decían unos a otros señalando mí descompuesta figura que, semejante padecimiento se debía a un trastorno de la realidad.

Empecé a contar mis pasos, cabizbajo. Antes de ello, reconozco que, no conocía las carcajadas del tiempo que rematan este desacostumbrado conteo con la sensación de los años pasados. Una atracción parecida a la fuerza de la gravedad tiraba de mis pensamientos y los hacia caer estrepitosamente sobre el suelo. Y así desplegados, volvían sobre sí mismos y me amortajaban, resultando cada vez más difícil caminar.

¡Mirad! dicen los que aún tratan de despertarme y devolverme la esperanza y, cuando apenas he podido alinear la vista con la de ellos, mi espanto me manda cerrar los ojos y clamar piedad. Su entusiasmo es tan insoportable como su radiante felicidad. Me dejo caer marchitamente y siento arrastrarme sobre el suelo mientras siguen preguntándose porqué me comporto como un animal malherido, ¿algún día comprenderán?

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2 comentarios en “Sombras de inspiración”


  1. Nadie se compadeció de mí. Tome cabizbaja mi mustio silencio y proseguí…

    Gracias Jorge por tus escritos, delicia del alma!!!

    Saludes.


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