Archive for the ‘añoranza’ category

Tan lejos

5 abril 2015

tan lejos

Antes, confiaba en las primeras impresiones. En esa primera luz que viaja sin detenerse y desciende generosa para iluminar con admirable revelación a las personas, aún a las mismas cosas haciéndolas reposar en el alma igual que un buen deseo que se convierte en realidad en medio de la crisis de lo imposible.

Pensaba así, de esta manera, mientras veía al ingrato recuerdo pasearse en las sombras delante de mí como un tirano sin hacer demasiado caso de mi profunda reflexión. Dejé caer mi cabeza y, sin percatarme desde cuándo, sentí bañado el rostro de algunos viejos sentimientos que vinieron a demostrarme su afecto.

En ese estado, de pronto, me dio por buscar esa dulce luminosidad como para tratar de escapar de un lugar oscuro ¡pero no!, me di perfecta cuenta que mi mundo ya se había precipitado a lo desconocido, donde lo que existe en él ya no significa nada porque el espíritu ha perdido la memoria de cuanto atesoraba algún rostro bajo aquella reluciente luz.

¡Qué lejos te siento ahora¡ tan lejos que no soy capaz de imaginarte cerca, mucho menos junto a mí. Tan lejos que, aquella fiebre de tus besos congela todo cuánto quiere revivir en mí. La vida se ha vuelto contraría al ánimo, noche y día se disputan la más horrenda de mis pesadillas.

la espera

27 septiembre 2014

bridge

¡He aprendido a saber cuándo llegan las estaciones del año! exclamó con júbilo el muchacho que minutos antes, tomado de la mano de su madre, daba señas, por su mirada, de estar percibiendo alguna reveladora señal en el entorno. Estaba yo en ese instante viendo pasar a las gentes por el puente “Gutenberg” que desemboca formidablemente a la gran ciudad.

Porque habré de dar la siguiente noticia al respecto que, esta ciudad no tiene mucho que nació, y aunque llegué tarde cuando sus dolores de parto habían cesado, yo la amé de sincero corazón porque, su convalecencia también fue la mía.

Los habitantes que la alimentan proceden de muchas partes, es una tierra de nadie y a la vez de todos. Y sin poder dar mucha luz sobre lo que estoy a punto de decir, en sus rincones encontré curiosamente mis más grandes libertades de espíritu.

A mí también me ocurrió como a este pequeño. Un día, sin darme perfecta cuenta de ello, abrazado a sus encantos, alcé la voz en medio de la oscuridad y dije; ¡he aprendido a saber cuándo el tiempo de espera ha terminado!

Vocación del recuerdo

16 mayo 2013

street light

Sin estar cansado quería estarlo, sin esperar a nadie quería disponerme a hacerlo. La tarde había llegado a su fin cuando me tomé de estos caprichos. Encendí y me deje iluminar por una gastada vela que de inmediato proyectó el contorno de mi cara sobre mi conciencia.

Comencé a agitarme mientras el baile de la flama bicolor acompañaba cariñosamente mi respirar, con cada exhalación la danza renacía. Todo indicaba que mi proyecto daba resultado. Fue maravilloso perderme por unos instantes en la renovación de la llegada de mis seres queridos.

Entonces, increpado por mis ficciones me puse de pie y traspuse mi interés hacia la calle a través de la ventana. Cuanto mayor era mi deseo por reconocer a algún andante, mayor lo era también mi amistad con aquel pacto falaz.

Libre y desenmarañado de tiempo como me encontraba, uno que otro caminante se mostró familiar con ayuda de la noche. Por brevísimos instantes mi contento consiguió débiles sonrisas. Pero al llegar al candente faro que marcaba el límite de la calle, la luz de este les devolvía misteriosamente su identidad de extraños.

Y fue justo en ese rocío de luz donde descubrí que no sólo se les devolvía a los seres nocturnos sus rostros auténticos, también mi corazón encontraba su verdadera bonanza y yo el descanso en mi sueño al ritmo de la última danza de mi fuente de luz.

Intento psicológico

24 septiembre 2012

El entorno novelístico y multidisciplinario de aquella biblioteca personal, rica propiedad intelectual del abuelo, me cautivó, ya había estado en ella sin haber caído preso de su magia, pero… ¡vaya! Destemplado el carácter por el roce de una memoria, aquellos volúmenes, ataviados de polvorientas capas, se lanzaron en pos de mi imaginación.

Luché por un rato como se hace frente a estas circunstancias avasalladoras del alma, determinado a hacer desaparecer la incomoda pulsación, ¿debía, en realidad, mi influencia a la ausencia de su propietario? Formé vagas especulaciones inequívocas de pretender escaparme de su magnetismo.

Sonreí con un gesto de satisfacción para hacerme comprender a mi mismo aunque ingenuamente el despropósito de mi atención volcada en aquellos estantes. – Así suelen celebrarse las más grandes victorias de la emotividad rota que conduce al triunfo de la insensibilidad – me dije, casi respirando la firme intención a través de un encogimiento de hombros.

¡Sí! Yo soy más fuerte que todo sentimiento. No es que me hallará lejos de alguna devoción debida hacia el abuelo, por el contrario, ante su fuerza, quería ¡sí! Sobre todo, ser capaz de mostrar la hazaña de algo magno a nivel psicológico; una prueba a la que me había sometido mucho antes sin aparente triunfo, alguna lágrima siempre había desmentido cualquier jubilosa anticipación.

Más de alguno al oír esta confesión preferiría volverse sordo, pues, en el fondo de estas breves palabras crece una inocente presunción, pero ¡aguarden! sin conocimiento de causa no se puede ejercer ¡la severidad injusta! ¡La tiranía! ¡El falso testimonio¡

Pues bien, primero, ante el hecho de caminar entre los pasillos de aquel singular destino, sigo refiriéndome a ese universo libresco, invadido por la certidumbre de haber trabado una repentina conversación a solas con mi ancestro, balbucí en defensa propia y tragué saliva ¡en… no sé que apuro de ponerme a salvo!

Porque no prescindiré de mencionar sus verdaderos efectos, irrefutables, en mi ser. Puede… que, las almas de esas paginas a mi lento paso hallan resuelto transformase en marea y golpear mis desequilibrios tempranos cuando infante fui, teniendo de su lado para actuar el presente acervo magistral. También, puede ser que al notar mis secretos propósitos dibujados en alguna inoportuna mirada, sin darle tiempo a la explicación, juntos en un arrebato, me hallan llamado ingrato.

Fue mucho más el peso del reproche lo que jugó en contra de mis pasos hacia el planteamiento de mi éxito. A cada instante, una sensación de intentar avanzar sobre arena movediza se cristalizó terriblemente en el margen de lo no ficticio. Allí, inmóvil y con cara dura volví en sí mientras la luz del cristal iridiscente de la única ventana, por no sé qué efecto exterior, indicaba una existencia emotiva justamente en el centro de mis falsas convicciones.

Extraña compañía

14 febrero 2012

Con lentitud llevaba de la hondura del plato a la boca la sopa caliente, su humeante aspecto la vuelve más deliciosa. Mi apetito podía más que mis modales olvidados en el borde de aquel recipiente rodeado de fideos. Debo decir para el bien de que se comprenda mi consideración a este relato que, venía de querer disfrutar una comida así.

Toda la mañana, entre frías gotas de lluvia sobre la espalda, había tenido que trabajar mientras postergaba la hora de la comida. Más vale duplicar la ganancia cuando se ofrece por sí sola sin suplicarla. En fin que, el trabajo tiene sus propias circunstancias.

Percibí, mientras me daba el gusto de aquel alimento, aproximarse, delatado por quietos pasos al gato que es de todos y no es de nadie. Podría pensarse que miento cuando refiero sus pasos audibles, pero en esta rectangular estancia cuando los ruidos se han apagado llegada la tarde, lo inobservable allana los silencios y hasta el menor ruido se materializa.

Sus gatunos paseos por los tintineantes tejados, sueltos algunos más que otros, nos han acostumbrado a tenerlo por compañía a quien parece tocarle en turno. Esta vez, su visita se hacia inminente. Y así ocurrió. En un mudo movimiento se hizo de la entrada, la puerta se entreabrió y, su cabeza, agachada y puesta en tan indispensable margen, de lado rozó el piso con el cálculo preciso que resulta nervioso para el observador, desde luego, para poner a prueba mi hospitalidad.

Después su entera aparición sucedió de golpe lo cual me hizo recordar al histrión saltando al escenario para hallarse con su público. Ya no tuve oportunidad de conservar aquella primera escena por más tiempo. Se me antojaba quieta y felina, igual como la he visto actuar en su alucinante mundo.

Algo del carácter humano se había apoderado de aquel temperamento, había aprendido, según se me muestra en el sigiloso detalle de aquella intromisión, a anticiparse al loco impulso de la emoción humana que no se hace esperar, y que si se le consiente es capaz de entregarse a arrebatos desprovistos de razón. Años atrás, la criatura se movía y actuaba con aires de aprendiz, pero vueltos a este último momento parecía todo un interprete de la conducta nuestra.

No contaba con ningún nombre en particular; unos le llamaban “el pardo” otros como yo, “el vagabundo”. Entre sutiles acercamientos alcanzó a una de las patas de la mesa. De reojo no podía ocuparme de otra cosa que no fuese su presencia reservada.

– ¡amigo! es mejor que te marches… – pronuncié, todavía con un bocadillo de por medio, celoso de mi tranquilidad. Preguntándome si acaso un instinto de territorialidad no tenía que ver con aquella molestia mía. Y me volví decidido hacía donde le había dejado por última vez mi precaución natural; eso que algunos conocedores de la psicología llaman límite sobreentendido.

En efecto, allí se encontraba, sin aparente reacción a mis palabras, quieto, y echado con amplitud, eso sí, fijos sus ojos en mí tras haber rechazado una cucharada de mi provisión. Contrario a otros encuentros, esta vez, guardaba su distancia de igual modo que, como ahora pienso, cuando uno teme confiarse de más al recuerdo que nos vuelve a regalar una bienvenida o un signo de amistad con la terrible estratagema, en un acto final, de mostrarnos un vacío heladamente profundo.

– y bien ¿Qué te propones? – pregunté sin darme cuenta que esto de hablar con los animales es un síntoma del alma que se encuentra sola y en reflexivo trance.

– ¿Qué recuerdo encarnas amigo? – Tal pregunta se me escapó, y no tuve más remedio, dentro de las posibilidades claras del extraño momento, que pensar si muy a mi pesar en realidad buscaba obtener una respuesta.

– ¡claro que no! – exclamé, y mirándole culpable de mis desvaríos estuve a punto de impedirle continuar en el curso de mis afectaciones rutilando extraordinariamente a flor de piel, pero, escondiendo mi cabeza entre mis brazos doblados, ya tarde para tal propósito, rompí en sordo llanto corroborando la verdad de que, entre amigos, algunas veces es mejor esconder las lágrimas.

Elíxir nocturno

10 enero 2011

En esta noche de enero mis pasos derivan en luciérnagas azul cristalinas, y de mis manos la suerte de las tuyas que aún se atreven a estrecharme a pesar del recuerdo ingrato que extenuado fomenta una persecución de mí hacia tus formas prodigiosas.

Choca inmisericorde el viento contra las hojas rumbosas, instaladas en los setos del camino, pero yo busco contagiado de una inexplicable afición tu última palabra que me cubrió de anhelos y ganas de vivir, entonces, la vida se inspiraba en la espiral fantasiosa dejada por los trazos de tu cabellera.

El infalible método de gestionar la lucidez a través de evocaciones en otro tiempo alumbrantes me tiene por desconocido. Hay ecos captados en la incursión del paraje pero tu ausencia me dice mucho más de lo supuesto imaginado; compruebo que un beso traduce mejor su adjetivo.

Me vuelvo hacia donde solías corretear impregnada de un júbilo infinito y logro observarme dichoso y rendido por tu abrazo; me dejaba amar, la distracción huía de nuestro mundo y si el exterior me guiñaba hacia el riesgo irrumpías con el salvamento de tu voz.

El día y la noche morían en la endecha de la indiferencia, pero hoy bajo este cielo soy recreo de sus puestas en escenas cada vez que procura sus encantos al darme el elíxir que convierte la realidad en una copiosa magia de ensoñaciones.

Un destello

7 marzo 2010

Sentado cerca de la vereda que da a la ribera me imaginaba rodeado en alegrías de mi niñez alborotada. El cauce de aquel murmullo se ha transformado en un cascabeleo en derredor de mi cuna.

Si adelanto la nostalgia me siento cubierto por la ternura de tus besos, por ello, agradezco al corazón que sostiene, en la reserva de la inmortalidad, mis memorias ancladas a tu maternidad.

Que sutil albedrío dictó mi ciega impertinencia de sufrir un afecto claro y limpio, si me doy a las lágrimas me afano mucho más por tus desvelos; revelaciones de mi espíritu infantil.

Por eso ahora, siento que cuando alguien se refiere al cielo como los cielos, a este se le ha revelado una potencia en el pensamiento capaz de dejar la sospecha atrás y abrirle el camino de la paz.

Tu amor es en mi incertidumbre un destello que se glorifica en las tinieblas. Esta manifestación es la escala de cuanto sostiene el misterio del universo; el brote de una conciencia al contemplar un divino rostro.