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Sombras de inspiración

15 agosto 2013

alone

Nunca vi ponerse al sol y enrojecerse ante mi inspiración. En su lugar reminiscencias variadas, venidas como de vagos sueños, colgaban de su sombrío círculo hacia la tierra y, alternada la mirada entre el extrañísimo fenómeno y la prueba de sentirme a salvo, corría palpitante hacía los espacios donde intentaba respirar el sosiego.

Mientras tanto, los célebres poetas reconvenidos y desafiados por mi locura, seguían escribiendo, buscando sacar de mis frescas heridas la predilecta palabra, yo insistía como sólo se puede hacer desde el dolor, a gritos, que me dejasen en paz, que su belleza poética en realidad renacía en mí como cortante arbusto puesto en el camino.

¡Mirad cuanta fuente de inspiración! les escuché decir, refiriéndose a la delicada cuna del sol, mientras este disolvía atrozmente el azul del mar. Por tanto, me asaltó la duda de qué estaban hechos aquellos que donde ven luz yo veo tinieblas. Y esta moneda de dos caras se fue acercando poco a poco, y no se me dio verla caer con certidumbre en el fondo del corazón.

Tampoco el novelista se compadeció de mí; a escondidas, estudió mi carácter, mis amarguras y cómo me cambiaba el rostro al cabo de ser burlado por mis privilegios convertidos tan repentinamente en desdichas a plena luz del día. También lamentándome con gemidos le pedí que me dejase solo, pero pudo más su placer de verme respirar en su obra con lastimeros ahogos.

Entonces, después de todo, refugiado en el silencio de la noche retomé el discurso de cada opositor de mis clemencias. Recogido en mi sillón, cubierto con una manta, tomaba palabra por palabra queriendo, con tal ritual, librarme de ellas. De mis mejillas caían todavía desencuentros donde el desánimo fluía como un gran río anegando la superficie y llevándose lo verdadero hacia la nadería.

El pintor, halló en mí un conmovedor motivo para su expresión. Se armó de acuarelas, y no resistí más. Para entonces desobedecía a la razón y me ponía a hablar solo, quien se cruzaba conmigo por la calle se santiguaba y me abría paso. Se decían unos a otros señalando mí descompuesta figura que, semejante padecimiento se debía a un trastorno de la realidad.

Empecé a contar mis pasos, cabizbajo. Antes de ello, reconozco que, no conocía las carcajadas del tiempo que rematan este desacostumbrado conteo con la sensación de los años pasados. Una atracción parecida a la fuerza de la gravedad tiraba de mis pensamientos y los hacia caer estrepitosamente sobre el suelo. Y así desplegados, volvían sobre sí mismos y me amortajaban, resultando cada vez más difícil caminar.

¡Mirad! dicen los que aún tratan de despertarme y devolverme la esperanza y, cuando apenas he podido alinear la vista con la de ellos, mi espanto me manda cerrar los ojos y clamar piedad. Su entusiasmo es tan insoportable como su radiante felicidad. Me dejo caer marchitamente y siento arrastrarme sobre el suelo mientras siguen preguntándose porqué me comporto como un animal malherido, ¿algún día comprenderán?

Tú, en mis pupilas

12 marzo 2010

Corrí las cortinas y La arboleda se había pintado artísticamente de colores, y bajo los rayos solares, tu apariencia vi nacer; este acto me dio aires de alguien que inaugura una nueva obra. Todo sonido recalcitrante se ha apagado en mí.

Lustrosas hojas bañadas de sol se agitan soñando a ser mariposas en el albergue donde vive alegre mi imaginación, o quizás la chispa que me da vida.

Abrázame en el umbral de esta manifestación mientras la certidumbre lata aun en mi corazón. Si atisbas una lágrima, perdóname. El llanto siempre esta pronto a las puertas de mis emociones. No pocas veces sonrío aun cuando un trágico momento aprisiona mis fuerzas.

Cúbreme de besos que, con ellos vuelvo a ser niño; palpa mis mejillas que todavía conservo la calma para dejarme amar. Si mi respiración se profundiza es porque al tenerte cerca de mi timidez mis pupilas desesperan al descubrirte tú en ellas.

Poetisa

9 enero 2010

Quisiera beber la pócima que altera los sentidos y lo vuelven a uno poeta. Siempre me he preguntado sobre la moción de los poetas para que en alas del viento o de los océanos se arrullen. Si la fuerza humana entendiera de proporciones el pensamiento caería prosaico, pues, no puede nada contra su entorno.

Sin embargo, el mar cerca de las rompientes se esmera por conquistar al vigía asignado a la tarea de apostarse a resguardo. Los mismos cielos tachonados de estrellas se dejan caer mansamente a lo largo del camino; una huerta nocturna de flotantes frutos celestiales a merced de aquellos o aquellas.

La luna, algunas veces, rielando sobre las aguas dispone el manjar de la lírica expresión, otras tantas; frente a aquel espejo se viste de colores engalanando las caminatas de quienes buscan en tal actividad esclarecer sus vidas.

Ante todo esto, yo mismo, asombrado miro por detrás del hombro de la poetisa para observar el escenario que me plantea y lo único que logro ver; es su rostro argentado por la visión.

El otro día cuando me visitaba la desesperanza terminé abrazando a una de ellas; el dominio de mi mismo capituló y rendido, aun con la cara hundida en mis manos sollocé.

Me gusta soñar despierto, pero referido al caso, bajo aquella cortina de lágrimas, me salió al encuentro la verdadera naturaleza de aquel extraño ser; un ave mensajera capaz de entablar comunicación con los elementos desprovistos de conciencia.

En las mañanas, tardes y noches me asomo discreto a este mundo, para captar la belleza de sus palabras gravadas en alguna parte del universo, y no pocas en sus corazones.

El Avatar

7 enero 2010

¡Cántenme! Hoy, tengo ganas de saltar de gozo. Cuenta una historia que, el último deseo de una persona fue, dentro del amplio repertorio de posibilidades que encierra el quehacer y entretenimiento humanos, un acorde musical. Algunos ocurrían al lugar a hacer gala de sus facultades, cada uno emparentado con aquel hombre.

Llegó el turno para dos presentes más. Entró quien se dijo ser virtuoso del piano, ya dentro lo esperaba el violinista; el pentagrama se hizo al viento y tomó aires de una partida de ajedrez. De pie, y seguro de si mismos intercambiaban miradas de duelo. Un noble deseo bajo el peso de aquellos dos mundos rezumaba celo por la fragancia balsámica, que nadie dudaba, infundía en los espectadores.

Sustituidos por la grandeza de sus manifiestas ejecuciones concedían tomar la palabra sólo para agradecer; para dignificarse en la corazonada de quien en ellos veían temporales aves celestiales.

Sus gargantas pasaban saliva con la dificultad de quien se ve en peligro de muerte. Tomados de sus instrumentos, la tarde les regalaba en parda atmósfera, el yelmo del combate; rostros irreconocibles aunque todavía humanos.

Cuentan que de este raudal de gesticulaciones acaloradas en el hambre de la honra y de la inmortalidad, el hombre, protagonista de esta historia; llamó a un infante y ante la sorpresa de los asistentes, le pidió corear con su infantil voz melodía cualquiera.

Aquel canto hasta el día de hoy, se sigue escuchando; basta mirar a la copa de los árboles, donde algunas veces el sol carmesí descansa, para captar sus notas; con cada nidada de aves, el canto del avatar sigue persistiendo hasta nuestros días.

La Conciencia Del Tiempo

3 enero 2010

Nunca me sentí atraído por los relojes antiguos, sus dimensiones las tengo como propias de una época en que contar los minutos y las horas debió significar para sus propietarios la emoción pronta de cumplir con alguna tarea o algún deber.

Para cualquiera debió de haber obrado aquella columna de preciosa madera, labrada exquisitamente para el sueño de una embonada carátula, un sobresalto o el gozo de encantarse con su tictac al calor de la chimenea y de los sentimientos.

Verse libre de su vista por prolongados momentos, me sugiere la época, debió de haber apresurado el andar para acortar al igual que la distancia el temblequeo de una respiración dificultosa.

A que viene todo esto, bueno, hoy muy de mañana; una mujer chapada a la antigua, de larga cabellera y cutis desprovisto de maquillaje pero de adorables expresiones de benevolencia, se detuvo frente a mi puerta. Y apuntando a un costado, con voz cantarina dijo; ¡es para usted!

Tal parece que la ley de la atracción tiene que ver, o se las entiende con mis contradicciones, sí, como seguramente está pensando el lector, nada más y nada menos que un reloj de esos que por nombre llevan “relojes de pie”.

Tuve que hacer acopio de coraje para adelantarme a decir, después de aquellas palabras amables; muchas gracias, pero no tengo espacio.

No le ha importado cómo he curioseado de entre mi baúl de excusas para presentarme con una. Dio un paso atrás dejando a mi libre albedrío la decisión de cerrar mi puerta o tomar la suerte de verme otra vez reconciliado con el tiempo en la red de acontecimientos que describen la cronología de mi vida. He de admitir como bien puede confirmar el lector que; hoy es el primer día del resto de mi vida.

Un Monólogo Forzado

2 enero 2010

– ¡Mira lo que se ha llevado el año! – con voz regulada, seguro, por el remilgo de algún quieto sentimiento, buscó mi parecer. Sentí que me faltaban las palabras y, adopté una media sonrisa que, en otras tantas situaciones había aligerado la carga de algún corazón oprimido.

-¡Es que no nos ha quitado nada!- Dije en voz baja como despojándome de la responsabilidad de hacer frente al eco de una emoción extraviada, pues, los motivos navideños aún colgaban de improvisados asideros por toda la casa.

– ¡Mira! ¡Como se ha puesto la mañana! no hay sol, y las manos entumecidas no me dan oportunidad de hacer nada – esta vez, como agua que fluye sin obstáculos, su voz se arrebujó por cada rincón de la habitación.

Y entonces me acerqué con parco entendimiento hacía la ventana, apoyando mis codos sobre el pretil, para maravillarme por el nado de los patos sobre el lago, con parte de su superficie congelada. La escena no desmerecía la de hermosas postales, aunque éstas las recataba el diseño y el dote de talento del artista y aquellas el motivo de la vida misma.

Como asaltado por aquel majestuoso asombro, me incorporé como activado por una fuerza invisible. Sentí una voz extraña y nueva alojarse en mi – ¡Así emprenderé este nuevo año! – alcé la frase como quien a bordo de su barco prevé tierra firma.

Al buscar sobre mi hombro aquel pesimismo, la verdad de mi existencia se desbordo a torrentes haciéndose festejo en el rostro reflejado que me acompañaba frente al panel de cristal.

Te Encontré

9 diciembre 2009

A poco de despegar mis pies del suelo, ecos decembrinos disfrazan tiernamente susurros de nostalgia. Sigilosos en su marcha han abierto misteriosos caminos. La trama encumbra todo un paisaje.

El agua nieve cumplió magnifico propósito. En esta, su nueva naturaleza cristalizada empuja resquicios de inhóspitas paredes; una imagen que me aguarda en busca de mis pretensiones de perfilarme hacia el lugar donde vive el espíritu.

Álgidos inviernos, casi siempre tintineantes en la memoria, merecen una alusión a la alegría no tanto por la época sino por cuanto significan para muchos que han entibiado sus soledades con copos de nieve; Llave formidable de un tropel de sensaciones.

El corazón que llevo dentro, recién templado en la sensibilidad del dolor, se asolea palpitante en un cielo añil que divisé en el ayer. Encuentro que comprende un sueño hallado en el umbral de mi conciencia cuando tenia nombre y forma la contemplación de la adorable sencillez.

Ya bambolean contra la caricia fresca del aire sobre mi rostro, con una claridad de ensueño que viene y va, voces infantiles entretejidas con villancicos; timbran melodiosas las gargantas en medio del regocijo de un canto nuevo. Del mismo modo, mi timidez se ha desinhibido, en éste instante ya me escucho cantar.

Mi acompañante es la noble idea de la inocencia que me permite exteriorizar; no más, no menos; Sólo y únicamente la extensión de cuanto no me cabe en el alma.

¿Y usted porque canta? – paseándose detrás de mi sombra me ha preguntado la duda, con el más absoluto desapego de la intromisión o la vergüenza. Entonces, de pronto, siento como si fuera puesto a descubierto, desarmado y listo para acelerar mis pasos lejos del lugar, sin embargo una fuerza me tiene sujeto a aquel entorno.

– yo siempre he cantado… – apenas puedo balbucir entre apretujadas experiencias en el pecho aglomeradas para impedir mis expresiones.

Mientras viajo por el trayecto de esta contrariedad, cuento las silabas de una estrofa, una tras otra. Un sentimiento casi perdido se ha encargado de hacerlas recordar: por medio de ellas se filtra la mañana aquella, diríase un crisol en donde la incertidumbre se transformó en filigrana áurea de la certeza.

¿Por qué no canta mucho más fuerte? – cuestiona aquella osadía con tenue delicadeza como enterada del inexorable mar de desencuentros que disminuyen mi voz.

– he perdido a un amigo – confeso, por fin caigo bajo el peso de lo que parece mi destino, un gimoteo desencadenante de una lluvia de tristezas me espera.

A través de este prisma de emociones; Incipientes lucecillas se transfiguran en mi interior al tiempo que braceo a puerto seguro, pero me arguyen colocándome a la deriva. Lugar en que la razón deambula.

El milagro ha materializado los ecos en coros andantes. Son los caminantes afectados por el arte de sus instrumentos musicales. Marchan a lo largo de las calles en universo de gesticulaciones y ademanes de gozo. La gente los recibe, la gente los aplaude. Son el símbolo de la navidad.

Este ambiente me ha convertido en un niño, el alborozo ha descompuesto mi andar. Brinco con igualdad de condiciones que la candidez lo hace en el alma de los pequeños. He encontrado a mi amigo una vez más en la frontera que separa mis contradicciones y la paz que no és de este mundo.