Archive for the ‘cabello’ category

Tiempo inmisericorde

22 enero 2013

crying angel

Me angustian tus cabellos, ideales de una ambición aprendida en mi juventud. Se bastan con un ínfimo reflejo de luz que, ni siquiera pertenece al presente para encantarme y hacerme preso una vez más. El elogio sobre ellos me conduce a tropiezos con el lenguaje y, después, lleno de una alteración avasalladora, cubro mi rostro con mis manos entre sollozos de similar forma a un náufrago que ha encontrado su salvación.

Su lozanía es dulce manantial de un alma sedienta como lo es la mía, sin embargo, el viento gélido que se abre paso entre tu pelo también ejerce fuerza contra mí y hiela mis candores, entonces la hermosura queda transformada en carámbanos terroríficos. Es la escena igual de magnifica a aquel alud de nieve que camino abajo va arrasando todo a su paso.

¡Oh mañana de enero! cetro de inmisericordes desengaños, me dejaste soñar y no tuviste compasión de mí aun cuando en hondo llanto me encontraste postrado hace algunos ayeres frente a mis penosas reflexiones. ¿Habré optado por lo fantasmagórico que por la verdad de sus sentimientos que reposaban amablemente en mi pecho?

Otros ojos

15 septiembre 2012

Pateé la puerta de la cafetería, tras el duro golpe, sus desunidas partes poco consistentes quedaron percutiendo atonas. Dentro, muy a pesar del repentino estrépito, todo guardaba una sorprendente calma, pero este hecho poco me sirvió para reflexionar y obtener algún provecho, es decir, alguna idea del porqué mi actuar se había desviado hacia un desatinado impulso.

Se me ofreció un café apenas me acomode en una silla dispuesta para los recién llegados, y entonces al esforzarme por dar un sí verbal a la infantil cordialidad, me atoré en mi hablar y deje notar un asentimiento nada más a fin de que no se me tomase a insulto mi aparente reserva.

– ¿Entonces café, no es cierto? – Preguntó la servicial mecerá, muy joven y de desaliñados cabellos, corta de estatura pero con un semblante igual al que de la descripción de los ángeles hacen los inspirados.

Insistiendo, quería proferir palabra. La pensaba como alguien que practica en su memoria un número de veces antes de atreverse a decirla propiamente, y aun así, imposible me fue dictarla del pensamiento a la boca.

La musa pareció comprender mis inoportunas limitaciones y le confió una sonrisa a mi silencio injustificado y sin embargo sufrido. Discurrieron los minutos apacibles mientras mi mirada se paseaba por el lugar en busca de algo que no pruebo exponer con alguna concreción.

Un sorbo tras otro, lentos en su ingestión, fueron ofreciéndome alternativas para comprender mi desgracia, y así avanzó la tarde hacia la noche y, cuando finalmente lleno de certidumbre intentaba explicarme este extraño evento, la niña una vez más se acercó, ahora, dejándose ver en su lenta aproximación desde donde depositan las tazas, desde las apiladas charolas junto a una gran mesa que hace las veces de mostrador.

– ¿Puedo recoger su taza? – sugirió, entrecortada la voz, esta vez su rostro parecía uno muy distinto de aquel primero. ¡Sí! se trataba de la misma mesera, lo puedo asegurar por esa indeleble impresión que dan las personas al presentársele a uno de un sólo golpe, además, su cabellera también hablaba claramente de su inusitada aparición.

– Gracias, pequeña – dije quedamente, temeroso de que mi respuesta fuese fallida como cuando me atreví a hablarle sin poder hacerlo. Me encaminé a la puerta y todo parecía haber quedado atrás, desde esa distancia que separa a la recepción de la salida me contemplaba con un relampagueante brillo en sus ojos que seguro estoy alumbrará a otros tantos que sombras de si mismos son.

Rescátame del ensueño

11 mayo 2012

Cuando desvanecidos se hallan los sonidos del día, otros pequeños mundos se tornan sospechosos de existir, son paralelos, e Impreciso lanzo miradas como quien busca en la desesperación aunque bien sé que, exhausto por la realidad corro el riesgo de tocar los pétalos del frágil ensueño.

Riego delicadamente la esperanza, nadie habrá de negar el fruto de este acto sin corromper su dignidad. He determinado con la fuerza de los sentidos su traslúcido aspecto. La morada que habita. Su repentino andar. Su amor incondicional por mí que, lucho por comprenderla y caminar a su lado.

No me llames mal si el auge de esta ansia arraigada en el profundo desvelo se impregna de tu nombre y hermosos cabellos que agitan mi sosiego más de las veces. Debo advertirte que es violento remolino que arrastra sensaciones y afectos que tenía encarcelados en la lúgubre zona de la inalterabilidad.

El reproche es ajeno a esta constelación de espasmos y revelaciones. No sentiré culpa cuando al calor de este estado de ánimo atesore la forma en que te miraba apasionado y controvertido, desdibujado ya del prudente proceder.

Te digo; Abro un recuerdo y su fragancia me abraza todo, soy hoja a merced de este suave viento. Algo en mí se constituye de inmediato, cada respiro asombra mis fuerzas de sentirme invencible y dueño de mi mismo.

Aliéntame a dar un paso más, detenme ¡tuya es la compasión! si me ves extraviar el reconciliatorio beso que revive mi forma de configurar nuestros mutuos cariños.

Toca mis sentidos dulce cielo bordado de mujer ¡Rescátame! Una alusión de tus encantos sin tu aliento cerca ensombrecería cuanto admito como propósito de volverme a la realidad.

El rostro de la conciencia

7 enero 2012

Presa del vientecillo suave aminoré mi hondo respirar e hice frotar mis entumidas manos insistiendo en costumbres de infancia, y entre irresistibles escalofríos esforcé, con repentina precaución, mi cuerpo a contraerse de modo que una clara idea me hacia suponer que así podría preservar un cálido instante.

El paso del tiempo se entretenía con mis falsos remedios para prevenir el frío que, aunque sabiéndolo yo en lo recóndito del práctico saber, poco me importaba. No me cuesta ningún trabajo encontrar la disculpa de mi niño interior ante tales circunstancias.

Así debí de retrasar cuánto de normalidad a ojos de los demás, soy capaz de aventurar en cada andar que asumo sin restar equilibrio a mi cuerpo porque me sentí asaltado en mi conciencia cuando escuché: ¿Vive cerca de aquí?…

Me ha preguntado, sin secreta intención, una pequeñita de tierna edad al verme ejecutar cada movimiento sin duda, como bien se dice “en el amplio sentido de la extravagancia”.

Sus ojos sobrecargados de brillo – extrañísimo efecto – al parecer proveniente del contacto entre la nieve y el rasgado cielo borlado de despintadas nubes de concierto en sus luceros, se han apoderado de mis reflexiones.

– ¿Por qué se le ve triste? – Una vez más ha indagado para desgracia de un lenguaje oprimido y sediento con ganas de escapar. Largos y delgados cabellos asoman en el contorno de su cara. Una onírica imagen ha querido hacerse de esa cabellera y transformase en bandada de hermosas aves en frenesí por conquistar los aires.

– ¡Corazón! De ninguna manera me invade la tristeza, tan sólo aguardo a retomar mis fuerzas. Tú, mejor que nadie, sabes reconocer cuán necesario es el descanso para continuar y además…

– ¿Pero… usted lleva muchos años aguardando? – Con finísima y calma voz, emblema de quienes poseen el don de adentrarse en los corazones, suspira interrogando.

Seguramente, su ternura ha vencido al terror con sus dos manecillas, verdaderas garras de acecho cuando increpan mis inconclusos proyectos sujetos a su medida; semejante artificio que late al son del tic-tac me empuja hacia la incredulidad.

Abruptamente, me he dado cuenta que mi corazón arde tal como cuando se vuelve a la conciencia y se logra respirar. ¿Se habrá tratado de una evocación? ¿O los pájaros en el horizonte significarán algo?

Elíxir nocturno

10 enero 2011

En esta noche de enero mis pasos derivan en luciérnagas azul cristalinas, y de mis manos la suerte de las tuyas que aún se atreven a estrecharme a pesar del recuerdo ingrato que extenuado fomenta una persecución de mí hacia tus formas prodigiosas.

Choca inmisericorde el viento contra las hojas rumbosas, instaladas en los setos del camino, pero yo busco contagiado de una inexplicable afición tu última palabra que me cubrió de anhelos y ganas de vivir, entonces, la vida se inspiraba en la espiral fantasiosa dejada por los trazos de tu cabellera.

El infalible método de gestionar la lucidez a través de evocaciones en otro tiempo alumbrantes me tiene por desconocido. Hay ecos captados en la incursión del paraje pero tu ausencia me dice mucho más de lo supuesto imaginado; compruebo que un beso traduce mejor su adjetivo.

Me vuelvo hacia donde solías corretear impregnada de un júbilo infinito y logro observarme dichoso y rendido por tu abrazo; me dejaba amar, la distracción huía de nuestro mundo y si el exterior me guiñaba hacia el riesgo irrumpías con el salvamento de tu voz.

El día y la noche morían en la endecha de la indiferencia, pero hoy bajo este cielo soy recreo de sus puestas en escenas cada vez que procura sus encantos al darme el elíxir que convierte la realidad en una copiosa magia de ensoñaciones.

Amantes Vocablos

28 abril 2010

Una liberación de sonidos nació recién la indagación de tu ser ocupó mi recelosa mirada. Sin dictar sonoridad un sopor de la conciencia aquilata la osadía que alumbra lo perdido o lo inquietantemente negado.

No me propuse romper la fantástica percusión de aquella galaxia orbitándola con atrevimiento mayor, esta, mi precaución se debe a que, cuando musito la dulce vibración de tu nombre me destino a un preludio infinito de amantes vocablos.

A hurtadillas engaño a un incipiente despertar del corazón; aun cuando este sentido palpitar representa lo que he deducido y argumentado como fuente viva de mi alma sedienta.

Tus largos cabellos dorados seducen un remanso al que amurallado me sentía a salvo; si aspiro con intención de alivio termino por impregnarme mucho más de las ansias de descubrirme en tu presencia.

Y si en franca lid decido dar fin al paradigma recreado en mis desvelos, pronto, sin previa confirmación cristalizas la revelación con cada signo inequívoco de cuanto correspondes a esa alegría ensoñada.