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Desencuentro sentimental

4 julio 2012

Había terminado de tomar un paseo con mis alas plegadas, la intricada red de senderos tendidos por la floresta con menguada lluvia de crujientes hojas secas y acentuadas huellas humanas me da ánimo de ponerme en busca de lo que me pertenece. No me importa el sentirme acorralado y sin brújula.

No querría decirlo, pero este rodeo del cual te hablo se prolongó escurridizamente en “el tiempo” y confirmó la costumbre alicaída que me ha llevado a olvidarme de las inclemencias del clima y, crear un ambiente interior sin el cual sentiría el azote del crudo frío en ingenuo disfraz de fresco.

Advierto que; cierta distinción de tolerancia climática es el pretexto de una coma para enfrentarme con el siguiente escrúpulo ¿Quien sabe si dependiendo exclusivamente de lo que saltase a la vista ya habría desmayado “verdaderamente” y, caído entre las quebradizas hierbas, yaciese entre sombras arbóreas?

Desanclado de reticentes titubeos quiero ponerte de frente esa íntima joya de mis memorias, a ti que otras veces me diste la espalda y la silente negación porque según tu franca confesión reía cuando debía llorar y lloraba cuando debía reír, dicotomía extravagante e incontrolable, quizá infranqueable azar de mi destino.

Haz de conocer inoportunamente que no supe corresponder a sentimientos ajenos cuando estando enajenado de ellos aspiraba a hacerme “Amigo tuyo” y nada más, no profundizaré en este inconcluso punto hasta lograr rendirme en un afecto mucho mayor.

Allí, justamente, en el mismo brote del corazón de savia tengo bajo secreta llave el acumulativo esfuerzo que hunde mi palpitar en profundas voces, tu dulce trato sobrevive en ese tempestuoso mar de alfas y omegas, olas que van y vienen alternándose en altas y bajas mareas, dime ¿cuanto más me valdría mi oculta aprensión? me ahoga mucho más de lo que me da vida.

Es duro darse perfecta cuenta que, la noción del tiempo jamás fue quehacer de grandes metáforas ni de extraordinarias conclusiones y aunque el pronto auxilio de una lógica práctica y superviviente me conduzca hacia un mejor camino simulando el tembloroso brazo de una madre angustiada por el hijo amado y, pronto me cierre otros andares plenos de matices grises, yo sobre toda consideración de ponerme a salvo recomenzaré mi resolución de estar ya en marcha.

Hay algo soñador en mi proceder, ¿no es cierto? Pero de tal forma creo respirar mi existencia con mayor expresión y justificación ¿habré sobrevivido? o siendo alma errante no me doy cuenta que camino en círculos.

Dejando en claro la desbordante ansia que me alimenta despiadadamente como transparente e inextinguible brea ¡Oh llama de la voluntad! me atreveré, como has logrado prever en mi gesticulado rostro; marchito cariz de insolaciones filosóficas, a entregarte un crítico encuentro débil en principio aunque acerado en mi memoria poco después.

Desde pequeño atestigüé el vértigo de los años y su connotación en el infortunio, me haces tanta falta cuando mi aliento es sólo eso y nada más, cuando te acercas cobra el cauterizante sentido de evocaciones pasajeras entre besos y corazonadas alcanzables ya a través de insensibles inscripciones sobre roca calcárea no obstante es mejor tenerlas así que prescindir de ellas.

Desactivado estoy de cualquier arrebato de sentimentalismo, me es útil para no juzgarme tarde y endeudarme con la verdad, bien sabes “recreación inmortal de mi universo” cuando se escapa alguna inconveniente palabra el sol que era sol se vuelca sobre la densa oscuridad.

Seguramente sostendrás con álgido escepticismo el argumento de imposibilidades materiales ante tal hecho, pero ¿acaso los sentimientos no duermen y despiertan también en razón de diferentes ciclos del alma? Desprovisto de semejante susceptibilidad expreso este viso de verdad que es tu diario vestido con el cual cubres mil dolorosos desencuentros nuestros.

No deseo entregarme a vanas explicaciones después de haber sugerido un rompecabezas imposible del cual formo parte, muy por el contrario, como inquieto observador de la vivencia humana quiero restringirme meramente a dar parte como alguien que cumple con su deber y propósito.

Pues bien, de vuelta a aquél merodeador andar dentro del laberinto boscoso en donde los pequeños detalles se enzarzan trabajosamente en esta trama, te adelantaré mi primera impresión de cuando estando cerca, ¡que digo! muy a la par del camino saliente que bifurca hacia la luz y la oscuridad, fui arrebatado, muy despacio, junto con mis agudos sentidos hacia un pasaje que corría desde mi infancia hasta este día.

¿Te das cuenta? un todo en la palma de la mano de un sólo golpe. Me asombraba que pudiera quedar, inmedible de tiempo, suspendido en espera de que la temblorosa aguja con que se fija el contrapeso en los platillos de la balanza se aquietara; depositaria de la vida y la muerte; zigzagueante para determinar el recuento último.

Asilado en el apretado pensamiento de que todo pasa y es preciso conservar la calma, me adentré, yo espía, con la mirada en lo que parecía el final de aquellos sendos caminos a fin de poder vislumbrar más y mejor. Alcancé su otro extremo alargando la vista tanto como me fue posible y, pronto sentí el poderoso impacto arácnido con que se ciñe toda una vida.

No tendría ningún caso si mi descripción descansará mansa y literariamente en aquellos términos cual cuna ahondada y repleta de sueño a menos que te mencionará que tal circunstancia era parecida, sin más ni menos espasmo, al momento en que se presiente el repentino temor con forma capaz de herir.

Seguramente piensas aconsejada por la experiencia propia que algún acto pasado, quieto y deslumbrado yo allí, carcomía mi conciencia y se aprovechaba de mis debilidades hasta hacerme imposible la lucidez, más no fue así, no luchaba ni me resistía, diría que convertido en una minúscula partícula separada por el viento flotaba al respiro de esta nueva y ágil naturaleza.

Las perspectivas se habían vuelto nada mientras los sentimientos eran nombres y no expresiones del alma, trataba con todas mis energías de probar el húmedo correr de las lágrimas y en su camino depender absolutamente de su poderío que no es otro que hacer florecer imágenes y aclarar moribundos recuerdos “vivir una vez más” pero la rotunda desarticulación en la imaginación en que vivían acertó un incomprensible misterio ¡cuantas veces me basto rendirme al llanto para alcanzar mi propia reconciliación!

Convencido de mi colosal esfuerzo aunque fallido, intente de igual manera como lo hice con las lágrimas abrasarme feroz a la desesperación, más aún, el corazón no latía, no estaba; un vacío incalculable ocupaba su espacio si bien podría embonar trabajosamente un desperdiciado vocablo para referirme a él; una omnisciencia insospechada, desencajada y absurda.

Llanas paradojas de todo lo que la memoria resguardó celosamente de la mano del recuerdo, insuficiencias explicativas convertidas en trampas sin etimologías definitivas, un fantasmal camino sin señalizaciones.

En este pendular punto, consolidé mis sospechas de haber perdido el añadido esquema que conmueve y ama. ¿Cuando solté de mis manos la tierna esperanza? ¿Cuándo cayo estrepitosamente sin que yo la escuchara? Esta pregunta la hago para mí porque lo atemporal riñe conmigo ¿quien fructificó a costa mía y de mis errores? ¿Qué campo de muerte abone ciego en el torpe temor de quedar sembrado en él?

¡Mira, de que estoy hecho! Estatua de sal y nada más, campana que suena, escarnio de la virtud, hibrido mitad ángel, mitad humano; reconstruido de aplausos vanos y mortíferas melancolías inmerso y empapado en doliente ciudad de replicas espectrales. Cielo raso sin estrellas ni hermosas poesías ¡Cristal roto!

¿Y porque sigo aquí? te preguntarás después de acicalar la forma y el gusto de las letras sueltas; pues bien, cuando tus ojos se pierden en los míos tengo el término y no logro respirarlo con mi espíritu, es un centro sin coordenadas hacia donde no se puede inclinar la disposición de los preciados sentidos, es tu incomprensión mi ciencia desdibujada.

¿Habré muerto sin darme cuenta? Pero tú insistes en hacerme sentir dentro del inhabitable plano, lindo rasgo cuando desarmábamos nuestros inertes momentos en roce de mejillas candorosas. Somos tal para cual o fuimos tal para cual, no sabría dar razón de uno u otro “momento”. Aunque las palabras son mi estructura elemental, recuerdo aún, porque has de saber que es lo único que ruge en mis posesiones; el conocer y no comprender.

Un sueño en la desdicha

15 noviembre 2011

Generalmente las personas tienden a transformar el mundo visible ayudado por el testimonio de los sentidos en el grotesco arte que pueden apreciar desde sus pretensiones. Y tal suerte corría mi presencia, de formar parte de una expresión artística poco entendida por mi hambre, al estar tan cerca de aquel turista.

El sofisticado viajero, miró en mil direcciones hasta que girando sobre sus tacones se topó con firmeza en mí, seguramente por mi apariencia muy de los que viven en estos pueblos tan alejados de la civilización.

Esa inexorable mirada ya la había visto antes, cuando hombres vestidos de traje se enfilaron hacia nuestra propiedad años atrás, y exigieron la entrega de nuestras tierras, según criterio desafortunado de la legalidad, a favor de un bien mayor al nuestro.

Aquella vez, mi furia sujeta a sus flamantes vestiduras que desataron también el llanto, no ayudaron en nada para evitar el daño. Un par de empujones bastaron para debilitar mi voluntad y tirarme al suelo. Un fortísimo dolor entumió mis piernas y no pude incorporarme.

Debido a aquel recuerdo, palabras ininteligibles vomitaban de aquél fotógrafo cuando en su precavida aproximación se dirigió a mí, acompañado de esa forma típica que tiene la incomunicación de aventurarse a ser correspondida; con el ademán lento y atrevido, como si el hecho de coincidir en un espacio dictara irrefutablemente un código universal de cordialidad.

Fracasó en aquel intento, pues me invadió un sentimiento puramente animal de ponerme a la defensiva, de disponer la grosería, de arriesgar el odio con todas sus limitadas consecuencias en tan apenas vivo recorte de realidad.

Entonces en lugar de desalentar su propósito de herirme perennemente con la perpetuidad fotográfica, éste, como si tratará de poner a prueba la eficacia de su profesionalismo o de si mismo, avanzó con más determinación.

Esta vez, mostraba, con la mano extendida una moneda, que a la luz del día reflejaba dentro de mí una comida caliente o algún bocado de ansiado alimento. Sentí el anzuelo, con la jugosa carnada y pude darme cuenta del mezquino precio inspirado por mi desdicha.

Ecos hacen retemblar una empolvada telaraña en una de las galerías del museo, mientras encerrado estoy en la prisión de su lente, de su llamado talento que carcome un dulce sueño abonado en la miseria. Todos los presentes aplauden rodeados de un claroscuro que para ellos es espectáculo y para mí cielo borrascoso.

Fructífera Ingenuidad

5 mayo 2009

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El peñón situado detrás de la casa de campaña, se insinuaba misterioso. Con las tareas por delante, aquella mañana, terminaba extraviando mi atención recién comprometida con el entorno inmediato; preparación de canela caliente, hogazas de pan convertidas en delicias del espíritu austero y miel silvestre.

El monolítico aspecto figuraba texturas que limitadamente me había atrevido a constatar con la sensación lograda por lecturas abonadas en la insuficiencia de la imaginación ante lo que no se palpa por la ausencia de su realidad.

Mochila en hombro, tomé la baja vegetación a manera de camino hacia aquella mole rocosa. Ya entonces, antipático de ser partícipe de inminencias imaginativas merced de mis acercamientos aun distantes de aquella creciente majestuosidad, la razón se fue rompiendo en una ola de sospechas; la previsión de averiguar necesariamente la seguridad de mis pasos programó mis movimientos en una serie de avanzadas y retiradas que, descomponían mi perspectiva inicial de aquel monumento natural.

Sembré mis piernas de golpe al verme caminar sobre el hilo de lo que bien podría, compararse con un pequeño acantilado. El color de la estructura de cara al sol presentaba inexplicable y confusamente un tono serenamente blanco.

El peso de la niebla de madrugada contagiada por una apenas visible roca se había agigantado por su unión con esta; magistral cooperación. Sé que, mi ingenuidad, es una reserva natural, donde el espíritu santo morará. Pequeño soy, y sin embargo, al mismo tiempo, capaz de sostener la vista en la esperanza, tierra fértil de la liberación.

Mi Ignorancia

31 agosto 2008

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Me observó la niña campesina, con esa mirada que parece reservada a estas personas de campo, fácil de distinguir pero difícil de interpretar. Sus pasos contagiados de timidez, se entumecían en cada intento por acercarse a mí. Ya habían pasado algunos minutos desde que su actitud había suspendido mi quehacer.

Sus labios, habituados a permanecer callados; prorrumpían en mi admiración pidiendo ayuda: su dolor sobrepasaba esta invalidez verbal impuesta por las costumbres de los mayores.

Extendió su brazo, y señalándome su antebrazo, dejaba ver la picadura de una abeja; el aguijón diminuto tentando a lo invisible. Y yo hombre de ciudad, cansando a la pequeña con preguntas; ¿Cómo?

Mi ignorancia sobre cuestiones rurales me empobrecía frente a los ojos tiernos de esta criatura. En ese escenario; ella rica, yo el más pobre; Ella sabedora, yo ignorante; ella maestra yo alumno.