Archive for the ‘consuelo’ category

La sabiduría

21 octubre 2012

Apresurado tanto en mis pasos como en mí pensar buscaba llegar al jardín, la visita llevada a cabo a sus verdes pastos en días pasados, logrando impresionarme, me pedían estar una vez más allí. Recuperaba el aliento y lo volvía a perder apenas me sentía seguro de prescindir de un esfuerzo más para alcanzar el sitio.

Efectivamente, tal como esperaba, el verde que recorría la extensión de ese lugar había crecido, y dentro de su exuberancia, los rayos de sol se colaban entre rendijas llenas de luminosidad. Mis sentidos cobraron una fuerza ante el hecho que, pareció revelárseme una ciencia pura y de cortés trato.

Su conocimiento es igual a la amistad; viene de no mostrar jactancia ante ella, su sentimiento es noble como el de una madre que resguarda a su hijo amado. No envejece, sus atributos brillan en cualquier oscuridad pues es perenemente bella y se renueva apenas se deja abrazar uno por ella.

He ahí el poderío de cuanta palabra salé de ella, es literata y, sin embargo puede con poco entusiasmar la emoción de sus oyentes al formar delante de ellos la más pura verdad nacida de su fructífero corazón.

Es libertadora de los cautivos, porque una vez que su luz se enciende en sus sombríos corazones se inflama el deseo santo de amistar con ella, es sin duda, su fragancia como el rocío de un nuevo día.

No se escapa nada de su penetrante vista, sus ojos vivos y relucientes observan las conciencias de los seres humanos y a quien pide ayuda no se la niega, porque esa ha sido desde siempre su misión; llevar a los hijos de nuevo a la casa del Padre.

Si rio, reiré con ella, más no porque haya acarreado la confusión y deba inútilmente vestirme de burla sino por la dimensión de su victoria en cada uno de los que confiaron en ella desde el principio.

Iniciada su revelación en quien la anhela, ya ninguna sombra resiste a su llegada. Son matutinas y nocturnas sus complacencias en la concesión de libertad porque en ella no existe el ciclo del día crepuscular que ahoga al espíritu y le hace variar su opinión respecto a su actuar.

Podría establecerse un gran espectáculo en su nombre y no obstante no guarda interés en mostrarse apabullante, sus formas son distintas, mucho más cercanas a las puertas entreabiertas de un amigo que ofrece calma y paz.

Otros ojos

15 septiembre 2012

Pateé la puerta de la cafetería, tras el duro golpe, sus desunidas partes poco consistentes quedaron percutiendo atonas. Dentro, muy a pesar del repentino estrépito, todo guardaba una sorprendente calma, pero este hecho poco me sirvió para reflexionar y obtener algún provecho, es decir, alguna idea del porqué mi actuar se había desviado hacia un desatinado impulso.

Se me ofreció un café apenas me acomode en una silla dispuesta para los recién llegados, y entonces al esforzarme por dar un sí verbal a la infantil cordialidad, me atoré en mi hablar y deje notar un asentimiento nada más a fin de que no se me tomase a insulto mi aparente reserva.

– ¿Entonces café, no es cierto? – Preguntó la servicial mecerá, muy joven y de desaliñados cabellos, corta de estatura pero con un semblante igual al que de la descripción de los ángeles hacen los inspirados.

Insistiendo, quería proferir palabra. La pensaba como alguien que practica en su memoria un número de veces antes de atreverse a decirla propiamente, y aun así, imposible me fue dictarla del pensamiento a la boca.

La musa pareció comprender mis inoportunas limitaciones y le confió una sonrisa a mi silencio injustificado y sin embargo sufrido. Discurrieron los minutos apacibles mientras mi mirada se paseaba por el lugar en busca de algo que no pruebo exponer con alguna concreción.

Un sorbo tras otro, lentos en su ingestión, fueron ofreciéndome alternativas para comprender mi desgracia, y así avanzó la tarde hacia la noche y, cuando finalmente lleno de certidumbre intentaba explicarme este extraño evento, la niña una vez más se acercó, ahora, dejándose ver en su lenta aproximación desde donde depositan las tazas, desde las apiladas charolas junto a una gran mesa que hace las veces de mostrador.

– ¿Puedo recoger su taza? – sugirió, entrecortada la voz, esta vez su rostro parecía uno muy distinto de aquel primero. ¡Sí! se trataba de la misma mesera, lo puedo asegurar por esa indeleble impresión que dan las personas al presentársele a uno de un sólo golpe, además, su cabellera también hablaba claramente de su inusitada aparición.

– Gracias, pequeña – dije quedamente, temeroso de que mi respuesta fuese fallida como cuando me atreví a hablarle sin poder hacerlo. Me encaminé a la puerta y todo parecía haber quedado atrás, desde esa distancia que separa a la recepción de la salida me contemplaba con un relampagueante brillo en sus ojos que seguro estoy alumbrará a otros tantos que sombras de si mismos son.

Falso Reflejo

27 abril 2012

Era de mañana, la luz replegada en los muros retenía mis respiros. Alce la vista pero no vi a nadie, se de igual manera como el que lee que, es fácil perderse en la rectificación de un posible hallazgo. La generalidad del caso sobrepasa la resistencia opuesta que protege al dulce sueño.

Pero, me gusta contemplar el brillo reflejado en el corazón de algo que no es observable, porque más de una vez, allí, como si se tratase de un lugar propicio descubrí tiernas sonrisas; no hace mucho me mirabas desde ese resplandor.

Yo, vivía pero no sentía, respiraba pero jadeante sentía hundirme en el último valle de muerte; lugar donde la noche es perenne. El resplandor de tus ojos me salvó de fundar aquellos momentos en la locura que lo vuelve a uno descabellado.

Tu voz, acaricio mis oídos y escuche decir “No hay más porqué temer”, entonces recorrí la ciega trayectoria de los temores y comprendí la sentencia de los que son arrebatados por ellos, es decir, la confusión de estrellarse contra el cristal que nada contiene cual ave impactada contra su propio reflejo.

Paradigma

26 diciembre 2010

Escucho mí entrecortado respirar cuyo paradigma se arrebuja en la flama intermitente que abreva en la insegura cera blanquecina de la veladora y, al cabo de unos segundos de tan repentina incursión visual tus secretas palabras ungen intempestivamente mi existencia.

Tu misericordia consideró resquebrajar la danza plácida de aquel artilugio de brea hecho por los seres humanos para disipar la rúbrica sentenciosa de la noche; infatigable opresora con los desvalidos y desesperanzados.

Me agrego tímido y confiado, al mismo tiempo, a la aureola reveladora de esta hazaña de luz. Aunque la iniciativa material de averiguar mucho más trunca mis esfuerzos humanos. Debo reconocer que mi alma tiene necesidad de ti.

Una fontana en donde orbita la visión que me sacó de la tumba en la que mis días se sucedían uno tras otro se ha hecho presente en tan pequeños elementos físicos, todos entretejidos en el abrazo denso de la oscuridad.

Sin embargo por momentos la contemplación esta sitiada en el reducto pasajero de lo que se ve con los ojos; un iris limitado es esta vida. Recuerdo cuando el murmullo santo de tu mundo alcanzó el bullicio fatal arraigado en mi alma.

Sorpresa grata a mi intelecto es que, el gozo de tu salvación inunde mis pensamientos cual sed saciada en el atardecer de mi vida. Tu inigualable voz es bendición para mí ser malherido.

Mi derredor aletea iridiscente en un cromo único del cual me vuelvo apasionado espectador. Tal cual es tu naturaleza que colma todo y hace rebosar el espíritu de paz.

Apenas siseo tu nombre y una multitud de vocaciones verbales me saludan como aquél que alejado por su cautiverio se hace libre en el abrazo fraterno de la esperanza y la amistad extraviada.

Aún palpita el contenido vivo de tu palabra prodigiosa en mi corazón, allí en donde tu profecía acrisoló mis debilidades y las convirtió en anécdotas de tu poder.

Ánimo despierto

8 octubre 2010

Escudriño la sonrisa de los niños y palpo tu corazón desnudo, tengo por debilidad tu presencia. Tu poder es enternecedor, un porqué cuestiona mi ánimo despierto. Las estrellas afanosas e impacientes surgen en la oscuridad del intelecto como inagotables antorchas de revelación.

Entonces mis memorias van en pos de ellas como aves orientadas por la manifestación primera de acariciar el vuelo que asciende a una libertad que entibia la esperanza.

Ambivalente es la noche; huésped del desesperanzado cuya egolatría advierte su desenlace, pero… también del visionario que en ella empapa confiadamente el entendimiento amante de la sabiduría. El ayer y hoy debaten con violencia mis recuerdos.

Por ello he determinado con los ojos abiertos que; los tiempos pretéritos suelen comparecer como amigos de los seres humanos pero en realidad disipan la amistad al sujetarnos con grilletes que confunden el porvenir.

Celares percutiendo el desatino y la fantasía, sin lugar a dudas, un genuino castillo de arena a merced del oleaje intangible de su estructura ¡Espejismo de oropel!

El presente se parece mucho al avistamiento de una estrella, en cuanto se la observa se teme extraviar la estela viajera que va dejando en nuestro interior. Esta está más cerca del camino que lleva a la eternidad.

Sedienta búsqueda

7 agosto 2010

Mi campo visual distingue dolorosamente el pasado del presente; una sedienta búsqueda de interminables cabos dispuso corretear en la alborada de la imaginación en donde creí que vivía la razón liberadora de la muerte; allí en donde muchos se perdieron en el absurdo, yo distinguí el rostro de la esperanza, la llaga iluminadora.

Tu recuerdo, al igual que la primavera, goza de rutilantes colores después del abrazo de la estación imitadora de tu inagotable presencia. Aprecio todo cuanto es capaz de brotar de tan sigiloso misterio; es tu bondad admirable e infinita la que sale antes que el sol de cada nuevo día.

Un destello

7 marzo 2010

Sentado cerca de la vereda que da a la ribera me imaginaba rodeado en alegrías de mi niñez alborotada. El cauce de aquel murmullo se ha transformado en un cascabeleo en derredor de mi cuna.

Si adelanto la nostalgia me siento cubierto por la ternura de tus besos, por ello, agradezco al corazón que sostiene, en la reserva de la inmortalidad, mis memorias ancladas a tu maternidad.

Que sutil albedrío dictó mi ciega impertinencia de sufrir un afecto claro y limpio, si me doy a las lágrimas me afano mucho más por tus desvelos; revelaciones de mi espíritu infantil.

Por eso ahora, siento que cuando alguien se refiere al cielo como los cielos, a este se le ha revelado una potencia en el pensamiento capaz de dejar la sospecha atrás y abrirle el camino de la paz.

Tu amor es en mi incertidumbre un destello que se glorifica en las tinieblas. Esta manifestación es la escala de cuanto sostiene el misterio del universo; el brote de una conciencia al contemplar un divino rostro.