Archive for the ‘espíritu santo’ category

Primavera Celestial

31 octubre 2011

Toca mi pecho, allí aguardan las risas de la primavera celestial. Por el reclamo de tu ternura que mueve mis manos me veo acariciando tu espíritu santo, Un aliento tuyo desmaya mis dudas y defiendo el carácter de mi entrega.

Admito que aún tu silencio rodea mi existencia y le habla declarándole mil amores. Sé que tu voz está en todas partes porque tus obras proclaman tu gloria y el pulso del alma la has puesto tú; claro cristal a través del cual el éxtasis le declara al espíritu nuestra pertenencia a ti.

Un sólo destino se logra ver más allá del horizonte, una refulgente morada rodeada de un amor infinito, la perla preciosa se encuentra alumbrando tan inenarrable lugar, y el tesoro escondido no lo es más porque de él se alimenta la eterna alegría.

La Sabiduría

7 junio 2009

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Entre veladas, me figuraba verla tomándome de la mano, al pasar junto a mí. Sus ojos, iluminados una vez más, desfiguraban un entorno tenebroso recién se acababa de manifestar poco antes de haber transpuesto aquel lugar; morada de su luminosidad inagotable e infalible.

Bien sabía, y por eso accedía a encontrarme con ella que, era parte de un designio, cuya única pieza por completar se hallaba en mi voluntad de hacerme oídos para sus palabras; era una santa, lo sé, no por un deseo envuelto en la emoción o peor aun que la sugestión me dictara.

Su longeva existencia, parecía sobresalir como un requisito necesariamente tomado en cuenta para quienes desfilan santos hacia la eternidad; no era exactamente así, pues la virtud no toma años, por el contrario credibilidad en lo que se obtiene a cambio.

Su penetrante proyección de pensamiento hacia las cosas pasajeras, la coronaban invariablemente de un atisbo transparente, obvio de las que han atravesado la espesura de la visión del mundo, y desgarrado la mentira, astuta, aunque sin armas contra el efecto gratuito de los que verán a Dios, cara a cara.

Fructífera Ingenuidad

5 mayo 2009

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El peñón situado detrás de la casa de campaña, se insinuaba misterioso. Con las tareas por delante, aquella mañana, terminaba extraviando mi atención recién comprometida con el entorno inmediato; preparación de canela caliente, hogazas de pan convertidas en delicias del espíritu austero y miel silvestre.

El monolítico aspecto figuraba texturas que limitadamente me había atrevido a constatar con la sensación lograda por lecturas abonadas en la insuficiencia de la imaginación ante lo que no se palpa por la ausencia de su realidad.

Mochila en hombro, tomé la baja vegetación a manera de camino hacia aquella mole rocosa. Ya entonces, antipático de ser partícipe de inminencias imaginativas merced de mis acercamientos aun distantes de aquella creciente majestuosidad, la razón se fue rompiendo en una ola de sospechas; la previsión de averiguar necesariamente la seguridad de mis pasos programó mis movimientos en una serie de avanzadas y retiradas que, descomponían mi perspectiva inicial de aquel monumento natural.

Sembré mis piernas de golpe al verme caminar sobre el hilo de lo que bien podría, compararse con un pequeño acantilado. El color de la estructura de cara al sol presentaba inexplicable y confusamente un tono serenamente blanco.

El peso de la niebla de madrugada contagiada por una apenas visible roca se había agigantado por su unión con esta; magistral cooperación. Sé que, mi ingenuidad, es una reserva natural, donde el espíritu santo morará. Pequeño soy, y sin embargo, al mismo tiempo, capaz de sostener la vista en la esperanza, tierra fértil de la liberación.

El Viento

24 agosto 2008

 El Viento

Un ruido alargado y sostenido  provocado por el viento ha solicitado,  que vuelva mi atención a momentos ya sin importancia para mí. Como gran voz pronunciando claves, así le he notado que ha abierto mis íntimos recuerdos. Allí donde en sospecha de cualquier observador todo cuanto hay dentro, y hasta cierta medida visible, duele o avergüenza.

Ahora estoy mas dispuesto en escuchar el viento que con su marcha serpentea las paredes, envuelve los recodos, y gira para hacerse escuchar. Escucha! Escucha! Escucha! me repito vez tras vez; Es el Señor quien te habla, está tocando tus recuerdos, está sanando tu alma, está resucitando tu espíritu.

Yo te esperaba en el milagro patente, en el mundo de lo extraordinario, en la fantasía que a veces emborracha el alma con su desengaño. Pero te presentas con la fuerza del espíritu santo, con su movimiento que da el habla humana al mismo viento.