Archive for the ‘introspección’ category

Dulce compañía

12 junio 2013

Hope an bottle

Dio vuelta la botella sobre el inseguro piso bañado por la lluvia y juntamente con su violenta reacción traté de recobrar torpemente el equilibrio, ¡ha, casi me cuesta contar tal suceso de bruces y con algún hueso roto! Es cierto y, tal cual debo admitirlo, el descuido, ciego por naturaleza, me hizo dar un paso más y tropezar de lleno con la boca de su cuerpo cristalino la cual refrenó irónicamente mi maldiciente efervescencia.

Antes de suceder lo dicho, rogaba porqué el mes de junio significase clemencia y bondad para mis sufrimientos que hasta el momento habían desnudado vergonzosamente la esperanza. No es inoportuno preguntarme cuando y donde esta se soltó de mi mano y prosiguió a mis espaldas un camino distinto al mío. ¡Oh! De cuanto orgullo embriagué mis pobrezas al punto de volverme rico de banalidades. ¿Qué le sucedió al ojo de la conciencia que, advierte en la vigilia?

Nunca creí que su generoso espíritu se alojara en aquel pequeño frasco a la vera del camino. Jamás la vi venir o mejor dicho nunca me vi dirigirme a ella, me confieso parco de observación cuando me urge la preocupación de llegar a mi refugio. El espectáculo, por demás intrascendente, estaba llamado, por estricto criterio humano, a pasar desapercibido y ser tragado hambrientamente por la boca del gran universo del olvido dentro del cual a veces también resbalo y me hundo yo.

No obstante, el centro de la botella se contraía y dilataba alentado por no sé qué favor de inigualable ilusión. Dispuesta a llevar heroicamente mis cansancios saltó hacia mí, como si lo hiciese desde la estrecha cavidad de un gran corazón, ¿acaso desde ahora en eso consiste mi riqueza? En no orientar los cotidianos incidentes al rezago del gran depósito de la memoria sino a orbitar alrededor de ellos, peor demencia no podría doler más, allí donde el alivio del ungüento no cala ni surte efecto.

En toda una espasmódica mordaza se ha convertido para la corona de la lucidez; brillo esplendoroso de mis ojos interiores, este peregrinaje terrenal. Pero siendo justo con los demás mortales, confiados en sí mismos y sus posesiones, cabe preguntarse a fin de no crear enemistad con ellos, si gozando harto lleno de riquezas, ¿el mismo incidente optaría por pasar de largo y no tocar el alma?

En el caso que me ocupa, muy por el contrario, quedé absorto por la fuerza de su lealtad y lloroso por mi infidelidad. Se produjo entonces un repentino vuelco en mi alma al verla sonreír. Justifico mi estremecimiento a una hermosa reflexión de luz que vi expandirse dentro de mí, ¡esperanza mía! ¡Dulce compañía!

Esa luz tuya no es; diurna, ni tampoco lunar, es interior pero no es mía, yo tan solo me limito a recibirla como ansiada luz en la oscuridad. Eres capaz de recorrer distancias mucho más remotas de las que me atrevería a señalar con toda seguridad, dado que mi memoria más temprana es apenas un corto paso que, marca tu largo alcance al lugar en que me había perdido.

Tu rostro

20 mayo 2013

photo by Alan Murray-Rust

Estaba sentado en una de esas bancas que adornan los parques y que al mismo tiempo hacen de ellas espacios de aislamiento que oprimen el alma. Con todo mi esfuerzo rehusaba dar la bienvenida a cualquiera que con falso motivo quisiera acercarse y curiosear en mi soledad, puesta así tan de repente, a la vista y en completa exhibición.

Transitaba plácidamente una corriente de aire húmedo cuyo contacto con mi piel amenazaba desencadenar nostalgias sórdidas, tumbas frías en las que fueron enterrados mis latidos. Los que me miraban y que no eran pocos pasaban de largo y esa desatención me complacía. La soledad es mejor cuando es comprendida y se le mira de frente como a la irremediable muerte.

Descubrí con no poco asombro que a cada minuto la gente iba desapareciendo. En la visible lejanía, el puente que lleva de un extremo del lago al otro, todavía con transeúntes encima de él, desaparecía por la cada vez más intensa lluvia. Escurrían las gotas y me empapaban. Seguía sentado y nada me perturbaba ni siquiera la ligera lluvia convertida ahora en ríos tempestuosos corriendo sobre mis mejillas.

¡Despiértate! escuché a media voz, decir. No sabía bien de dónde provenía este susurro que a mi parecer, hablaba claro y con prisa. ¡Despiértate! tú que duermes entre sombras de muerte. Y como en un espejo me enfrenté conmigo mismo ¿cómo puede ser posible esto? lo es, cuando somos levantados de nuestras tinieblas.

No me opondré a ti y abriré mis ojos a la luz de tu amanecer. Mi sueño es profundo porque la solitaria noche se ha adentrado y arrastrado muy al fondo de mi alma desde mi juventud, pero tu palabra es mi luz y brilla en las tinieblas. Ahora, en este momento, ya mis ojos se abren y ven tu rostro.

Vocación del recuerdo

16 mayo 2013

street light

Sin estar cansado quería estarlo, sin esperar a nadie quería disponerme a hacerlo. La tarde había llegado a su fin cuando me tomé de estos caprichos. Encendí y me deje iluminar por una gastada vela que de inmediato proyectó el contorno de mi cara sobre mi conciencia.

Comencé a agitarme mientras el baile de la flama bicolor acompañaba cariñosamente mi respirar, con cada exhalación la danza renacía. Todo indicaba que mi proyecto daba resultado. Fue maravilloso perderme por unos instantes en la renovación de la llegada de mis seres queridos.

Entonces, increpado por mis ficciones me puse de pie y traspuse mi interés hacia la calle a través de la ventana. Cuanto mayor era mi deseo por reconocer a algún andante, mayor lo era también mi amistad con aquel pacto falaz.

Libre y desenmarañado de tiempo como me encontraba, uno que otro caminante se mostró familiar con ayuda de la noche. Por brevísimos instantes mi contento consiguió débiles sonrisas. Pero al llegar al candente faro que marcaba el límite de la calle, la luz de este les devolvía misteriosamente su identidad de extraños.

Y fue justo en ese rocío de luz donde descubrí que no sólo se les devolvía a los seres nocturnos sus rostros auténticos, también mi corazón encontraba su verdadera bonanza y yo el descanso en mi sueño al ritmo de la última danza de mi fuente de luz.

Anacrónico Proceder

14 mayo 2013

woman

Ya aclaraba el día cuando resolví dirigirme a la puerta marcada con el número once, ya para entonces invadía a mi alma la sombra de la superstición. Aquél, el signo numeral, hecho de metal, se columpiaba un poco hacia la derecha cada vez que ella dejaba ver su macilento rostro al empujar la puerta.

Costumbre suya era la de entornar la misma detrás del oscuro e intrigante silencio acumulado a sus espaldas; bien para encargarse de quien la solicitaba, bien para juzgar por si misma su entorno. Era esta segunda actitud de feroz curiosidad, la que raptaba mi suelta imaginación, pues, una vez atrapado por su detectivesco escrutinio difícilmente podía recuperar la serenidad.

He perdido la cuenta del número de veces en que creyéndome magníficamente fuerte presencié incrédulo el fatal desmayo de mi carácter frente a su esbelta y encorvada figura. Seguramente sus lúgubres facciones como gotas de una tardía lluvia se precipitaron hacia un fértil espacio de mi corazón en donde germina la semilla de la humana compasión.

Sus crepusculares ojos sometían a los míos a vivir una sensación hipnótica que enturbiaba mi manso ánimo, desde luego, la realidad observable que me rodeaba venia en mi auxilio insistiéndome al igual que una madre lo hace en medio de las tinieblas con su hijo, no hacer caso de esta traicionera inflexión de su fisonomía pero su reveladora intención llegaba justo cuando ya padecía el efecto de aquella sobredosis de deteriorada humanidad.

Este preludio es apenas una pequeña nubecilla de la total y cruel tormenta en que se convirtió mi vida sin ella. Con los años he buscado incansablemente una respuesta que alumbre una vez más mi paz, estando preferentemente a solas, pero ya no tengo dominio de mí mismo contra lo que creo se trata de su visita sobrenatural.

El origen de mi pesadilla brotó cuando gozaba de una plenitud de bienestar en mí ser, esta quietud de espíritu, sin darme cuenta, había dispuesto mi voluntad para buscar lo sublime y etéreo. Pero entonces tropecé con el peso de su misteriosa existencia que poco a poco se trasformó en agobiante bruma.

Corría el año 2003, a principios de abril. Había pasado una larga noche, insomne, debido al momento que estoy a punto de contar y del cual, aunque le sufro, doy testimonio; para llegar hasta allí, a su domicilio, en donde su pálido rostro inerte se asomaba para dejarse contemplar, primero tengo que conquistar las difíciles escaleras que serpentean locamente y lo vuelven a uno precavido.

Mirando a mí alrededor, con el instinto de los que son perseguidos, intente descifrar aguzando mis oídos los silencios. Me pareció que todos dormían profundamente todavía. Así, cuidadoso de mi proceder acariciaba al mismo tiempo el sueño reparador que había perdido la víspera.

El alba ya guiaba mi caminar con su luz vertida y atrapada celosamente en el domo agrietado por las lluvias y el viento. Este trayecto abovedado era obligado y servía como conducto para tomar escaleras arriba. Supe que era la ingenuidad quien me conducía, por mejor decir, el deseo de llegar a su encuentro.

De una cosa estaba seguro y ello contribuía a no dar marcha atrás, sentía una terrible ansia por tenerla cerca. El ambivalente sentimiento por ella originó una sensación de dulce y pueril estupidez que evocó recuerdos inocentes que creía desdibujados por el paso del tiempo.

Doblé el discreto recoveco situado entre el fin de aquel túnel y el primer escalón que abre el libre andar camino arriba. Me aseguré de que nadie observaba; me sentí dichosamente protegido por mis precauciones y halagado con mí inteligencia.

Cuando hube alcanzado la segunda planta del edificio volví la espalda al recorrido escalonado que se deslizaba interminable desde esa perspectiva y entonces un extraño vértigo se apoderó de mí sin darme tiempo a rectificar mis intenciones.

Como si temiera caer a un profundo vacío, me alejé del rellano desesperado por afianzarme a algo pues era todo un nudo de nervios. Reflexioné del porqué de mis temores en mala hora y cuando la calma esperaba algún mérito.

Seguí caminando pero a pesar mío aún me agobiaba el percance con aquel desequilibrio mental, se apagó mi vista unos instantes y tallé mis ojos. De golpe ya me encontraba frente a una densa multitud de niños cerrándome el paso. Aún no percibía si a apropósito o involuntariamente. Sólo después advertí una dolorosa hostilidad.

Como pude rompí aquel muro humano que lo fue más por mi incredulidad que por su fortaleza. En la medida que fui abriéndome paso, sentí sus pequeños brazos ceñirse férreamente a las muñecas de mis manos. Por un brevísimo instante, se despertaron en mí oscuros sentimientos de opresión.

Quizá esos sentimientos se avivaron porque iba ciegamente pensando en ella y en nadie más. Sé mejor que nadie que las robustas sombras pueden amenazar cernirse sobre nuestras libertades cuando todos nuestros sentidos toman sólo una dirección, los objetos y el derredor no constituían otra cosa que un aire de indiferencia.

Entonces por vez primera dude de la continuidad cronológica de aquella noche que había pasado sin dormir y este caminar mío. Advertí que no amparaba ninguna puerta aquella morada en la cual esperaba mirar una vez más su rostro. Los pequeños me insistían aguardar y trataban por todos los medios de hacerme volver en sí.

Parecía ser su consigna evitar el acceso al lugar, porque, una temerosa voz, se escuchó entre ellos.

– ¡No le permitan la entrada, si no se volverá loco como la última vez! –

Es cierto, pero siempre lo olvido, ella se ha marchado desde hace un buen tiempo para nunca más volver, nunca dijo adiós. Y aunque no creo haber perdido la razón, entre sueños, me sigue observando calladamente. La semilla plantada en mi corazón por ella ha crecido tanto que, ahora ahoga el sentido real del tiempo.

Tiempo inmisericorde

22 enero 2013

crying angel

Me angustian tus cabellos, ideales de una ambición aprendida en mi juventud. Se bastan con un ínfimo reflejo de luz que, ni siquiera pertenece al presente para encantarme y hacerme preso una vez más. El elogio sobre ellos me conduce a tropiezos con el lenguaje y, después, lleno de una alteración avasalladora, cubro mi rostro con mis manos entre sollozos de similar forma a un náufrago que ha encontrado su salvación.

Su lozanía es dulce manantial de un alma sedienta como lo es la mía, sin embargo, el viento gélido que se abre paso entre tu pelo también ejerce fuerza contra mí y hiela mis candores, entonces la hermosura queda transformada en carámbanos terroríficos. Es la escena igual de magnifica a aquel alud de nieve que camino abajo va arrasando todo a su paso.

¡Oh mañana de enero! cetro de inmisericordes desengaños, me dejaste soñar y no tuviste compasión de mí aun cuando en hondo llanto me encontraste postrado hace algunos ayeres frente a mis penosas reflexiones. ¿Habré optado por lo fantasmagórico que por la verdad de sus sentimientos que reposaban amablemente en mi pecho?

La sabiduría

21 octubre 2012

Apresurado tanto en mis pasos como en mí pensar buscaba llegar al jardín, la visita llevada a cabo a sus verdes pastos en días pasados, logrando impresionarme, me pedían estar una vez más allí. Recuperaba el aliento y lo volvía a perder apenas me sentía seguro de prescindir de un esfuerzo más para alcanzar el sitio.

Efectivamente, tal como esperaba, el verde que recorría la extensión de ese lugar había crecido, y dentro de su exuberancia, los rayos de sol se colaban entre rendijas llenas de luminosidad. Mis sentidos cobraron una fuerza ante el hecho que, pareció revelárseme una ciencia pura y de cortés trato.

Su conocimiento es igual a la amistad; viene de no mostrar jactancia ante ella, su sentimiento es noble como el de una madre que resguarda a su hijo amado. No envejece, sus atributos brillan en cualquier oscuridad pues es perenemente bella y se renueva apenas se deja abrazar uno por ella.

He ahí el poderío de cuanta palabra salé de ella, es literata y, sin embargo puede con poco entusiasmar la emoción de sus oyentes al formar delante de ellos la más pura verdad nacida de su fructífero corazón.

Es libertadora de los cautivos, porque una vez que su luz se enciende en sus sombríos corazones se inflama el deseo santo de amistar con ella, es sin duda, su fragancia como el rocío de un nuevo día.

No se escapa nada de su penetrante vista, sus ojos vivos y relucientes observan las conciencias de los seres humanos y a quien pide ayuda no se la niega, porque esa ha sido desde siempre su misión; llevar a los hijos de nuevo a la casa del Padre.

Si rio, reiré con ella, más no porque haya acarreado la confusión y deba inútilmente vestirme de burla sino por la dimensión de su victoria en cada uno de los que confiaron en ella desde el principio.

Iniciada su revelación en quien la anhela, ya ninguna sombra resiste a su llegada. Son matutinas y nocturnas sus complacencias en la concesión de libertad porque en ella no existe el ciclo del día crepuscular que ahoga al espíritu y le hace variar su opinión respecto a su actuar.

Podría establecerse un gran espectáculo en su nombre y no obstante no guarda interés en mostrarse apabullante, sus formas son distintas, mucho más cercanas a las puertas entreabiertas de un amigo que ofrece calma y paz.

Intento psicológico

24 septiembre 2012

El entorno novelístico y multidisciplinario de aquella biblioteca personal, rica propiedad intelectual del abuelo, me cautivó, ya había estado en ella sin haber caído preso de su magia, pero… ¡vaya! Destemplado el carácter por el roce de una memoria, aquellos volúmenes, ataviados de polvorientas capas, se lanzaron en pos de mi imaginación.

Luché por un rato como se hace frente a estas circunstancias avasalladoras del alma, determinado a hacer desaparecer la incomoda pulsación, ¿debía, en realidad, mi influencia a la ausencia de su propietario? Formé vagas especulaciones inequívocas de pretender escaparme de su magnetismo.

Sonreí con un gesto de satisfacción para hacerme comprender a mi mismo aunque ingenuamente el despropósito de mi atención volcada en aquellos estantes. – Así suelen celebrarse las más grandes victorias de la emotividad rota que conduce al triunfo de la insensibilidad – me dije, casi respirando la firme intención a través de un encogimiento de hombros.

¡Sí! Yo soy más fuerte que todo sentimiento. No es que me hallará lejos de alguna devoción debida hacia el abuelo, por el contrario, ante su fuerza, quería ¡sí! Sobre todo, ser capaz de mostrar la hazaña de algo magno a nivel psicológico; una prueba a la que me había sometido mucho antes sin aparente triunfo, alguna lágrima siempre había desmentido cualquier jubilosa anticipación.

Más de alguno al oír esta confesión preferiría volverse sordo, pues, en el fondo de estas breves palabras crece una inocente presunción, pero ¡aguarden! sin conocimiento de causa no se puede ejercer ¡la severidad injusta! ¡La tiranía! ¡El falso testimonio¡

Pues bien, primero, ante el hecho de caminar entre los pasillos de aquel singular destino, sigo refiriéndome a ese universo libresco, invadido por la certidumbre de haber trabado una repentina conversación a solas con mi ancestro, balbucí en defensa propia y tragué saliva ¡en… no sé que apuro de ponerme a salvo!

Porque no prescindiré de mencionar sus verdaderos efectos, irrefutables, en mi ser. Puede… que, las almas de esas paginas a mi lento paso hallan resuelto transformase en marea y golpear mis desequilibrios tempranos cuando infante fui, teniendo de su lado para actuar el presente acervo magistral. También, puede ser que al notar mis secretos propósitos dibujados en alguna inoportuna mirada, sin darle tiempo a la explicación, juntos en un arrebato, me hallan llamado ingrato.

Fue mucho más el peso del reproche lo que jugó en contra de mis pasos hacia el planteamiento de mi éxito. A cada instante, una sensación de intentar avanzar sobre arena movediza se cristalizó terriblemente en el margen de lo no ficticio. Allí, inmóvil y con cara dura volví en sí mientras la luz del cristal iridiscente de la única ventana, por no sé qué efecto exterior, indicaba una existencia emotiva justamente en el centro de mis falsas convicciones.