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Ruinas eternas

1 noviembre 2012

Partí del lugar de donde vivía, era de mañana cuando la luz primera da ligeramente sobre la aglomeración de casas y templa calladamente las frialdades emotivas. La fecha no la puedo recordar, a más esfuerzo que hago para sustraerla de cuanto atesoro en la memoria más lejana y borrosa se halla.

Con aquella conciencia propia advertí que, mis pasos dejaban de escucharse, y suposiciones de tiempo se hicieron presentes; un minuto, otro, y ya después, no lograba con precisión contar los siglos. Rendido en este inagotable ciclo perdí el sentido para reaparecer envuelto, sin aparente razón, en la siguiente escena.

Mis piernas andaban pero no las veía, algo se interponía entre ellas y yo, ¡eso sí! podía sentir el corto paso o la zancada deslizarse frente a mí. Tengo los detalles de la desigualdad que sentí a la par de un ser salido de la nada, el cual, fungía como guía de un escenario desolador y obligado.

En su transparente rostro no reposaba ninguna emoción amiga tampoco rastro de haber corrido sangre a través de él; de eso fielmente da cuenta mi encuentro con su apariencia. Si no fuese por su independencia vista al moverse le habría tomado por pieza de porcelana olvidada en el camino.

– ¡Deténgase aquí! – bruscamente habló frente a unas ruinas abandonadas que dominaban un valle profundo y de muerte, entonces, me cogió del brazo; impedido para avanzar, lo único sensato que se me ocurrió fue abstenerme de protesta y aguardar quieto.

Admití que, este heraldo tenía algún tipo de autoridad sobre mi destino, mi interior reconocía la adjudicación de ese revestimiento superior e indiscutible sin ninguna dificultad, la realidad de su jerarquía era absoluta e irrevocable.

En el timbre de su voz había una espantosa advertencia. No tengo la palabra exacta para medir el grado de precaución que despertó esta contradicción en mis consideraciones. Tanteé el horror nacido en mí y miré a nuestro alrededor como si alguien nos observará con mal propósito.

– ¿ocurre algo? – balbucí sintiendo que se me acababa el aire con el cual se construyen una a una las palabras. Grande presentí mi atrevimiento inquisitorio y el riesgo de haber puesto en peligro lo que me quedaba de vitalidad ya que disminuido aspiraba trabajosamente.

– ¡Aquí deja de latir el corazón humano más no su alma! – dijo con sepulcral tristeza que se me figuró una incontrolable exhalación de vida dispersa y transformada al instante en cenizas navegantes del aire sofocante.

Me vi completamente acorralado en mi interior con motivo de lo escuchado, entonces, quise volverme sobre mis pasos ¡recuperar el camino! pero el recorrido se había perdido tras de mí en una densa niebla, tan espesa como la ceguera de los sentidos.

Ya suelto como fiera en mi desesperación, alcé la vista en busca de algún astro. Buscaba alguna fugaz estrella debido a la poca luz que suponía su aparición, parpadeantes y risueñas otras veces, ahora ningún rastro quedaba de ellas, agitados golpes retumbaban en mi pecho y lo sentía estallar.

Las ruinas jugaban con esta debilidad mía, pues, de monstruosidades impregnaban las agrietadas paredes de mi alma. Y todos los dulces planes acompañantes de mis días terrenales olían amargamente, un otoño desconocido había arrebatado sus esperados frutos. Otras estaciones dominaban esta dimensión en donde lo que solía contemplar con aprecio constituía un puñado de arena.

Me vino el deseo de hacer otra pregunta pero sólo conseguí darme cuenta de que me acompañaban incontables soledades vestidas de remordimientos; así, tan pronto como tuve esta idea tan luego me percibí pletórico de dolorosa eternidad.

El mensajero provisto de luz propia giraba lejos en delicados revoloteos dos siglos atrás, con esta facilidad memorativa se alcanza lo inmemorial en esta atmosfera asociativa. Aquí los años parecen segundos y los segundos interminables tiempos acoplados a endechas jamás escuchadas por oído humano.

¿Oh, era, ahora, parte de la vida o de la muerte? Las piedras esparcidas apuntaban hacia un camino sin retorno, supe el nombre de anteriores caminantes, ese conocimiento nominal se me presentó igual que cuando un recuerdo se arrastra impunemente sin saber cómo por los recovecos de la memoria, chispeando y apagándose hasta que por fin nos deslumbra y conmueve.

Vi ídolos de piedra repletos de formas humanas; unos, regados en forma de escombros ampliaban la boca de este paradero; otros, desmoronándose ridículamente se alzaban en montículos. La opacidad impuesta en el sitio constituía un falso signo de vida que existió o que alguna vez fue.

Desconfié de mis percepciones y, en seguida, permitiéndome un acercamiento mayor a pesar de mis espantos, descubrí en aquellas grotescas formas, con mudo asombro, una ruinosa escultura en cuya baja inscripción se comenzaba a leer mi nombre. La experiencia visual se desenvolvía siguiendo el patrón de prueba error que siguen las palabras escritas y corregidas alternativamente.

– ¿Qué hago aquí? – saltó del pecho la pregunta. Aterrorizado retrocedí chocando contra un ídolo más a mis espaldas, éste era tan reconocible y no se ocultaba más tras la naturaleza humana, tomaba la palabra en nombre de muchedumbres y padecía de un llanto sempiterno que se arrellanaba en todo aquel lugar con la atroz similitud de las lluvias de ceniza volcánica que llegan a las más hondas hendiduras.

No me hagas harto recordar cómo franqueé aquella frontera o a quién debo el término de ese amenazador y desolador cautiverio, sólo me resta descubrirte que el segundo ídolo en esta tierra se conduce sin reservas morales y viste de vanidad con el favor de quienes creen en él. Sus adeptos son revolucionarios y muchos.

La carne de sus seguidores muere día con día y es sepultada allí donde la luz se apaga para siempre y en donde no hay espacio para un firmamento. La estación que custodia sin descanso ese reducto es una especie de invierno terrenal perenne. ¿Viví o morí? lejos estoy de comprender para tomarme un descanso, sólo sé que, respiro siendo otro y que, ya no vivo para mí.

Intento psicológico

24 septiembre 2012

El entorno novelístico y multidisciplinario de aquella biblioteca personal, rica propiedad intelectual del abuelo, me cautivó, ya había estado en ella sin haber caído preso de su magia, pero… ¡vaya! Destemplado el carácter por el roce de una memoria, aquellos volúmenes, ataviados de polvorientas capas, se lanzaron en pos de mi imaginación.

Luché por un rato como se hace frente a estas circunstancias avasalladoras del alma, determinado a hacer desaparecer la incomoda pulsación, ¿debía, en realidad, mi influencia a la ausencia de su propietario? Formé vagas especulaciones inequívocas de pretender escaparme de su magnetismo.

Sonreí con un gesto de satisfacción para hacerme comprender a mi mismo aunque ingenuamente el despropósito de mi atención volcada en aquellos estantes. – Así suelen celebrarse las más grandes victorias de la emotividad rota que conduce al triunfo de la insensibilidad – me dije, casi respirando la firme intención a través de un encogimiento de hombros.

¡Sí! Yo soy más fuerte que todo sentimiento. No es que me hallará lejos de alguna devoción debida hacia el abuelo, por el contrario, ante su fuerza, quería ¡sí! Sobre todo, ser capaz de mostrar la hazaña de algo magno a nivel psicológico; una prueba a la que me había sometido mucho antes sin aparente triunfo, alguna lágrima siempre había desmentido cualquier jubilosa anticipación.

Más de alguno al oír esta confesión preferiría volverse sordo, pues, en el fondo de estas breves palabras crece una inocente presunción, pero ¡aguarden! sin conocimiento de causa no se puede ejercer ¡la severidad injusta! ¡La tiranía! ¡El falso testimonio¡

Pues bien, primero, ante el hecho de caminar entre los pasillos de aquel singular destino, sigo refiriéndome a ese universo libresco, invadido por la certidumbre de haber trabado una repentina conversación a solas con mi ancestro, balbucí en defensa propia y tragué saliva ¡en… no sé que apuro de ponerme a salvo!

Porque no prescindiré de mencionar sus verdaderos efectos, irrefutables, en mi ser. Puede… que, las almas de esas paginas a mi lento paso hallan resuelto transformase en marea y golpear mis desequilibrios tempranos cuando infante fui, teniendo de su lado para actuar el presente acervo magistral. También, puede ser que al notar mis secretos propósitos dibujados en alguna inoportuna mirada, sin darle tiempo a la explicación, juntos en un arrebato, me hallan llamado ingrato.

Fue mucho más el peso del reproche lo que jugó en contra de mis pasos hacia el planteamiento de mi éxito. A cada instante, una sensación de intentar avanzar sobre arena movediza se cristalizó terriblemente en el margen de lo no ficticio. Allí, inmóvil y con cara dura volví en sí mientras la luz del cristal iridiscente de la única ventana, por no sé qué efecto exterior, indicaba una existencia emotiva justamente en el centro de mis falsas convicciones.

Rescátame del ensueño

11 mayo 2012

Cuando desvanecidos se hallan los sonidos del día, otros pequeños mundos se tornan sospechosos de existir, son paralelos, e Impreciso lanzo miradas como quien busca en la desesperación aunque bien sé que, exhausto por la realidad corro el riesgo de tocar los pétalos del frágil ensueño.

Riego delicadamente la esperanza, nadie habrá de negar el fruto de este acto sin corromper su dignidad. He determinado con la fuerza de los sentidos su traslúcido aspecto. La morada que habita. Su repentino andar. Su amor incondicional por mí que, lucho por comprenderla y caminar a su lado.

No me llames mal si el auge de esta ansia arraigada en el profundo desvelo se impregna de tu nombre y hermosos cabellos que agitan mi sosiego más de las veces. Debo advertirte que es violento remolino que arrastra sensaciones y afectos que tenía encarcelados en la lúgubre zona de la inalterabilidad.

El reproche es ajeno a esta constelación de espasmos y revelaciones. No sentiré culpa cuando al calor de este estado de ánimo atesore la forma en que te miraba apasionado y controvertido, desdibujado ya del prudente proceder.

Te digo; Abro un recuerdo y su fragancia me abraza todo, soy hoja a merced de este suave viento. Algo en mí se constituye de inmediato, cada respiro asombra mis fuerzas de sentirme invencible y dueño de mi mismo.

Aliéntame a dar un paso más, detenme ¡tuya es la compasión! si me ves extraviar el reconciliatorio beso que revive mi forma de configurar nuestros mutuos cariños.

Toca mis sentidos dulce cielo bordado de mujer ¡Rescátame! Una alusión de tus encantos sin tu aliento cerca ensombrecería cuanto admito como propósito de volverme a la realidad.

Mujer

9 marzo 2011

Y heme aquí, deslumbrado por sus huellas esparcidas en la discreta caminata del tiempo. Si ausente “viviera” la mujer, un vivo haz de luz ceñido en cada contorno de aquel sutil vestigio perfilaría debidamente su ser.

Hoy de mañana alcé la vista. Así, alerta, anduve al rallar el alba. Jamás dudé del origen de mi aprensión. Una temprana revelación, cuando niño, desveló el profundo misterio cuándo los ojos se me arrasaron quedando sometido a su abrazo materno.

Hoy día, su versátil aspecto me da el aliento, y su amistad el discernimiento para quien, motivado como yo por la vida, percibe otras realidades transmitidas por medio de su corazón, porque ha de saberse que, éste representa el dinamismo de la renovación.

Innumerables veces me he perdido dócilmente en su mirada, por qué como bien da cuenta el poeta admirado por su don; un destello de su iris es capaz de iluminar la vida entera sumida en la penumbra.

Su belleza absoluta mora pacíficamente en quien la descubre engalanada de sabiduría. Se cruzarán mil caminos pero sólo tan majestuosa criatura resplandecerá frente a quienes llenos de anhelo se anticipen a ver el fulgurante reflejo de un portento celestial en ella.

La inspiración la tiene dibujada por años como frágil criatura, sin embargo, su persistencia desmiente esta endeble fama. Yo mismo la he visto trasponer el umbral de la esperanza, y en su ternura he presenciado el arribo de corazones de carne.

Por ello, tras contemplarla, su fortaleza sobresale como un alto relieve en la obra de la naturaleza. Yo, la encuentro mucho más gloriosa día con día; niña, adolescente o mujer adulta, yo la celebro intransigentemente con la plenitud de mis facultades.

Dulce contacto

18 febrero 2011

El chasquido proveniente de la fogata va y vuelve como el lindo arrullo que se da entre nosotros al dulce contacto de mejillas. Un medio que desde hace algún tiempo tengo para dulcificar el trato con la adversidad y su cometido de hacerme la guerra en condiciones desiguales.

Asómate por la ventana y deséame suerte. La inclemencia de invierno pactó a mis espaldas estremecer nuestra anhelante entrega, lo sé, por la forma tan discreta de calar los sentidos hasta desvanecer la cordura.

¿Sabes? su capricho cual infantil rebeldía nace tan pronto como de nieve cubre las calles y, se prende de los techos con el fin de sentenciar la tarde al anonimato. Obligado estoy a comprender su efecto en mí.

Por eso me atrevo a decir que; algunos, bajo estas circunstancias, al corazón le llaman “guarda” de sentimientos; para mí, es un lugar desprotegido, no es refugio de nadie ni siquiera de quien reserva el primor de la palabra para engalanar la inspiración porque ésta existe sin aquella.

En el pasado el mismo cupido lo volvió depositario de íntimos secretos y ganó fama gracias al poeta y a la poetisa; reflejos de un universo extático al cual debo el indicio de un cielo compuesto de luces y revelaciones que me salvan de la desnudez invernal.

La fronda desaparece, el esplendido paisaje se resguarda con increíble misterio. Ya en la ciudad el blanco tapiza las banquetas y el derredor pero nada puede contra el fomento de tu amor hecho beso.

Una variante inoportuna

14 febrero 2011

– Mírame a los ojos – supliqué sintiéndome asfixiado por la duda de tenerla frente a mí, sentí ganas de llorar no tanto por mi debilidad sino por su corta vida transparentada en su corazón.

Enjugué mis lágrimas con sus manos, y de sus palmas cayeron cristalizadas mis emociones, quedando regadas por doquier. Sentí admiración por el brillo circundante de su silueta debido a que, su carácter se volvía más glorioso.

– Quién eres –pregunté despojado de toda inhibición mientras intentando ponerme de pie tropezaba por camino pedregoso, una variante inoportuna cuando la realidad se deja tocar por lo intangible y hermoso.

Pues ha de enterarse el lector que, las distancias suelen medirse desde el trono del amor en estas instancias. Un lenguaje discreto pero poderoso para trasponer el umbral de lo imposible.

Ella, no habla, por el contrario se limita a amar, y entonces un haz de luz se hunde en mi alma y puedo entender que ha sido victima de un crimen llamado aborto, su llegada significaba la alegría y la paz de muchos.

Traía consigo la palabra cubierta de bálsamo y el don de traspasar los corazones con la savia divina. ¿Quien dará cuenta del uso de la espada contra ella?

Ánimo despierto

8 octubre 2010

Escudriño la sonrisa de los niños y palpo tu corazón desnudo, tengo por debilidad tu presencia. Tu poder es enternecedor, un porqué cuestiona mi ánimo despierto. Las estrellas afanosas e impacientes surgen en la oscuridad del intelecto como inagotables antorchas de revelación.

Entonces mis memorias van en pos de ellas como aves orientadas por la manifestación primera de acariciar el vuelo que asciende a una libertad que entibia la esperanza.

Ambivalente es la noche; huésped del desesperanzado cuya egolatría advierte su desenlace, pero… también del visionario que en ella empapa confiadamente el entendimiento amante de la sabiduría. El ayer y hoy debaten con violencia mis recuerdos.

Por ello he determinado con los ojos abiertos que; los tiempos pretéritos suelen comparecer como amigos de los seres humanos pero en realidad disipan la amistad al sujetarnos con grilletes que confunden el porvenir.

Celares percutiendo el desatino y la fantasía, sin lugar a dudas, un genuino castillo de arena a merced del oleaje intangible de su estructura ¡Espejismo de oropel!

El presente se parece mucho al avistamiento de una estrella, en cuanto se la observa se teme extraviar la estela viajera que va dejando en nuestro interior. Esta está más cerca del camino que lleva a la eternidad.