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Mujer

9 marzo 2011

Y heme aquí, deslumbrado por sus huellas esparcidas en la discreta caminata del tiempo. Si ausente “viviera” la mujer, un vivo haz de luz ceñido en cada contorno de aquel sutil vestigio perfilaría debidamente su ser.

Hoy de mañana alcé la vista. Así, alerta, anduve al rallar el alba. Jamás dudé del origen de mi aprensión. Una temprana revelación, cuando niño, desveló el profundo misterio cuándo los ojos se me arrasaron quedando sometido a su abrazo materno.

Hoy día, su versátil aspecto me da el aliento, y su amistad el discernimiento para quien, motivado como yo por la vida, percibe otras realidades transmitidas por medio de su corazón, porque ha de saberse que, éste representa el dinamismo de la renovación.

Innumerables veces me he perdido dócilmente en su mirada, por qué como bien da cuenta el poeta admirado por su don; un destello de su iris es capaz de iluminar la vida entera sumida en la penumbra.

Su belleza absoluta mora pacíficamente en quien la descubre engalanada de sabiduría. Se cruzarán mil caminos pero sólo tan majestuosa criatura resplandecerá frente a quienes llenos de anhelo se anticipen a ver el fulgurante reflejo de un portento celestial en ella.

La inspiración la tiene dibujada por años como frágil criatura, sin embargo, su persistencia desmiente esta endeble fama. Yo mismo la he visto trasponer el umbral de la esperanza, y en su ternura he presenciado el arribo de corazones de carne.

Por ello, tras contemplarla, su fortaleza sobresale como un alto relieve en la obra de la naturaleza. Yo, la encuentro mucho más gloriosa día con día; niña, adolescente o mujer adulta, yo la celebro intransigentemente con la plenitud de mis facultades.

Un destello

7 marzo 2010

Sentado cerca de la vereda que da a la ribera me imaginaba rodeado en alegrías de mi niñez alborotada. El cauce de aquel murmullo se ha transformado en un cascabeleo en derredor de mi cuna.

Si adelanto la nostalgia me siento cubierto por la ternura de tus besos, por ello, agradezco al corazón que sostiene, en la reserva de la inmortalidad, mis memorias ancladas a tu maternidad.

Que sutil albedrío dictó mi ciega impertinencia de sufrir un afecto claro y limpio, si me doy a las lágrimas me afano mucho más por tus desvelos; revelaciones de mi espíritu infantil.

Por eso ahora, siento que cuando alguien se refiere al cielo como los cielos, a este se le ha revelado una potencia en el pensamiento capaz de dejar la sospecha atrás y abrirle el camino de la paz.

Tu amor es en mi incertidumbre un destello que se glorifica en las tinieblas. Esta manifestación es la escala de cuanto sostiene el misterio del universo; el brote de una conciencia al contemplar un divino rostro.