Archive for the ‘muerte’ category

El último engaño

10 mayo 2014

children playing

La gente se limpiaba el sudor de sus frentes en la plaza central, el sol tumbado sobre las losetas quemaba y poco faltaba para que derritiera el calzado de los paseantes. Las aceras que evaporaban la lluvia del día anterior parecían flanquear el lugar público con dos largas cortinas impenetrables.

Pero yo tenía frío, y no soportaba estar de pie. El infortunio ocurrió como tantas veces ya se ha dicho cuando llega la inoportuna sensación de muerte y trastorna todo, hasta la forma en que creemos ponernos a salvo. Apretaba mi cuerpo contra algunas bolsas de basura para contrarrestar la pérdida de equilibrio.

Más lejos, los niños se jaloneaban entretenidos en sus juegos, y allí de entre ellos saltó mi rostro infantil sollozando, ¡qué extraña sensación verse asimismo de nuevo desde el principio hasta el final! Mi cuerpo se convulsionaba y el aire fresco me faltaba, escuché a alguien decirme al oído ¿hay algo que podamos hacer por usted?

Sumido entre los sueños traídos por la última agonía, confundí ese rostro cercano de quien me hablaba con el de mi madre que, en otro tiempo al lado de mi cama, decía “pronto te pondrás bien, duerme por ahora”, ¡que dulce consuelo me pareció esa imperfección de la realidad que piadosamente me ofrecía su más refinado engaño!

Sentí que las fuerzas me abandonaban y que ya no era un amigo más de la existencia, que mis anhelos partían, como aves asustadizas, de mis manos para posarse en las de aquellos que apenas vienen en camino de ser exigidos por este mundo. Todo se fue cerrando y desapareciendo poco a poco, como cuando el aire azota varias veces la misma puerta y la luz trata de meterse por última vez.

Falso Reflejo

27 abril 2012

Era de mañana, la luz replegada en los muros retenía mis respiros. Alce la vista pero no vi a nadie, se de igual manera como el que lee que, es fácil perderse en la rectificación de un posible hallazgo. La generalidad del caso sobrepasa la resistencia opuesta que protege al dulce sueño.

Pero, me gusta contemplar el brillo reflejado en el corazón de algo que no es observable, porque más de una vez, allí, como si se tratase de un lugar propicio descubrí tiernas sonrisas; no hace mucho me mirabas desde ese resplandor.

Yo, vivía pero no sentía, respiraba pero jadeante sentía hundirme en el último valle de muerte; lugar donde la noche es perenne. El resplandor de tus ojos me salvó de fundar aquellos momentos en la locura que lo vuelve a uno descabellado.

Tu voz, acaricio mis oídos y escuche decir “No hay más porqué temer”, entonces recorrí la ciega trayectoria de los temores y comprendí la sentencia de los que son arrebatados por ellos, es decir, la confusión de estrellarse contra el cristal que nada contiene cual ave impactada contra su propio reflejo.

Pesadilla

16 septiembre 2010

“Cruzaré ese cielo del cual caí, y entonces habrá respuestas para mí, alado desafiaré el aire de muerte flotando sobre la tierra, el astado de la desgracia quieto se dará cuenta de que sólo es un ripio ataviado de insolencia. La dureza del corazón humano nada podrá contra mí.

La morada terrenal será cosa del pasado y entonces finalmente conoceré el motivo de las pequeñas alegrías que provocaban la risa mientras dormía creyéndome vivo, y la indiferencia humana se volcará entera sobre la justificación de la pesadilla”

Sedienta búsqueda

7 agosto 2010

Mi campo visual distingue dolorosamente el pasado del presente; una sedienta búsqueda de interminables cabos dispuso corretear en la alborada de la imaginación en donde creí que vivía la razón liberadora de la muerte; allí en donde muchos se perdieron en el absurdo, yo distinguí el rostro de la esperanza, la llaga iluminadora.

Tu recuerdo, al igual que la primavera, goza de rutilantes colores después del abrazo de la estación imitadora de tu inagotable presencia. Aprecio todo cuanto es capaz de brotar de tan sigiloso misterio; es tu bondad admirable e infinita la que sale antes que el sol de cada nuevo día.

Fomento De Ciencias

7 febrero 2010

Me embarga un persistente desvelo por descubrir el profundo misterio que encierra a cada ser humano envuelto en una intricada estructura material. ¿Que intrusa distorsión atropelló la verdad? que, muchos ahora tienen por honrosa la mentira. La corrupción les abriga y en días de sombras la dejan ver como indiscreta capa de muerte.

Veo la fronda de perversiones acumuladas por la raza humana; cada quien viaja exhibiendo alegorías de podredumbre. La locura se engulle con facilidad; un bocado de difícil digestión para la cordura, ahora, reposa como carroña exquisita; un verdadero banquete para la perdición.

La visión del ser humano se ve alumbrada por la mezquina idea de la longevidad alcanzada por el simple deseo del poder vivir. ¿Quien entenderá el magnífico vínculo entre esta vida y la eternidad? Danos tu auxilio pues, un fomento de ciencias humanas ha descorazonado a quienes buscan tu rostro.

El domador y el caballo

16 enero 2010

A los caballos les debo admirable respeto. Su fortaleza destraba la delicada imagen lograda en el arte pictórico al cual debo parte de mis especulaciones ecuestres. Un conjunto de dotes aptos para la supervivencia lucen imponentes cuando se los percibe reales.

Tal cual atestigüé en un gratuito evento abierto a todo el público; el domador chasquea el látigo y el equino golpea los cascos contra el suelo. Pero, el espectáculo no me engaña, ese portento de la naturaleza ha reaccionado de un modo propio de su carácter.

De insospechada adaptación, se le ha visto surcar los vientos al igual que cruzar las ciénagas, dejando ver el poderío de sus ancas frente al peligro. Por la mente del observador desfilan galopes sobre la lluvia, el salto hábil de incrédula altura.

Y sobre todo el ejemplo de quien abandonado a su suerte se escapa de la inminente muerte gracias a la astucia y a su constante aprendizaje; de ello da prueba la simulada sujeción a su amo, mientras por dentro se sabe motivo de aquella alegría humana.

Que conciencia tendrá más supremacía sobre la otra, me pregunto, mientras; por un lado el gesto del domador forcejea con el relincho de aquel ser frente a las multitudes que aplauden a quien honor merece.

El Avatar

7 enero 2010

¡Cántenme! Hoy, tengo ganas de saltar de gozo. Cuenta una historia que, el último deseo de una persona fue, dentro del amplio repertorio de posibilidades que encierra el quehacer y entretenimiento humanos, un acorde musical. Algunos ocurrían al lugar a hacer gala de sus facultades, cada uno emparentado con aquel hombre.

Llegó el turno para dos presentes más. Entró quien se dijo ser virtuoso del piano, ya dentro lo esperaba el violinista; el pentagrama se hizo al viento y tomó aires de una partida de ajedrez. De pie, y seguro de si mismos intercambiaban miradas de duelo. Un noble deseo bajo el peso de aquellos dos mundos rezumaba celo por la fragancia balsámica, que nadie dudaba, infundía en los espectadores.

Sustituidos por la grandeza de sus manifiestas ejecuciones concedían tomar la palabra sólo para agradecer; para dignificarse en la corazonada de quien en ellos veían temporales aves celestiales.

Sus gargantas pasaban saliva con la dificultad de quien se ve en peligro de muerte. Tomados de sus instrumentos, la tarde les regalaba en parda atmósfera, el yelmo del combate; rostros irreconocibles aunque todavía humanos.

Cuentan que de este raudal de gesticulaciones acaloradas en el hambre de la honra y de la inmortalidad, el hombre, protagonista de esta historia; llamó a un infante y ante la sorpresa de los asistentes, le pidió corear con su infantil voz melodía cualquiera.

Aquel canto hasta el día de hoy, se sigue escuchando; basta mirar a la copa de los árboles, donde algunas veces el sol carmesí descansa, para captar sus notas; con cada nidada de aves, el canto del avatar sigue persistiendo hasta nuestros días.