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Muerto en vida

23 enero 2014

Sad

No se mueve, dijo ella. Y supe de inmediato que, con la anticipación de una sentencia así, el resto estaba dicho. Apretó mi mano después de haberle tomado el pulso, pero nada se escuchaba en mi interior como muchas veces debe ocurrir en tales circunstancias.

Su rostro había desmejorado y cambiado de color y, me fue extraño el poder adivinar sus risas iluminando su semblante que ahora por mucho se alejaban cual alegre parvada, como el día de la noche, de su otrora dicha.

Me dije para mis adentros, que miserable es la vida, juega a hacerles trucos a los hombres, y su más fiel espectador también no pocas veces cae fulminante en la ejecución de su último acto como si se tratase de un horrible espectáculo fallido.

¿Crees que haya pasado mucho tiempo de esto? entrecortando los vocablos, alzó la voz preguntando, llevada sin control por el dominio de las emociones sobre la serenidad. ¿Acaso importa eso ahora? Respondí, sin experimentar sentimiento alguno.

Me hubiese bastado con dar la media vuelta y dejarlo todo, incluso sacrificando la compañía de la concurrente, mi compañera, pero resistí con el coraje que se tiene ante una tormenta que pasa y únicamente amenaza con arrastrarlo todo. Dirigiéndome a la puerta añadí, ¡marchémonos! es tarde, de vuelta a casa, informaremos sobre lo sucedido.

Anacrónico Proceder

14 mayo 2013

woman

Ya aclaraba el día cuando resolví dirigirme a la puerta marcada con el número once, ya para entonces invadía a mi alma la sombra de la superstición. Aquél, el signo numeral, hecho de metal, se columpiaba un poco hacia la derecha cada vez que ella dejaba ver su macilento rostro al empujar la puerta.

Costumbre suya era la de entornar la misma detrás del oscuro e intrigante silencio acumulado a sus espaldas; bien para encargarse de quien la solicitaba, bien para juzgar por si misma su entorno. Era esta segunda actitud de feroz curiosidad, la que raptaba mi suelta imaginación, pues, una vez atrapado por su detectivesco escrutinio difícilmente podía recuperar la serenidad.

He perdido la cuenta del número de veces en que creyéndome magníficamente fuerte presencié incrédulo el fatal desmayo de mi carácter frente a su esbelta y encorvada figura. Seguramente sus lúgubres facciones como gotas de una tardía lluvia se precipitaron hacia un fértil espacio de mi corazón en donde germina la semilla de la humana compasión.

Sus crepusculares ojos sometían a los míos a vivir una sensación hipnótica que enturbiaba mi manso ánimo, desde luego, la realidad observable que me rodeaba venia en mi auxilio insistiéndome al igual que una madre lo hace en medio de las tinieblas con su hijo, no hacer caso de esta traicionera inflexión de su fisonomía pero su reveladora intención llegaba justo cuando ya padecía el efecto de aquella sobredosis de deteriorada humanidad.

Este preludio es apenas una pequeña nubecilla de la total y cruel tormenta en que se convirtió mi vida sin ella. Con los años he buscado incansablemente una respuesta que alumbre una vez más mi paz, estando preferentemente a solas, pero ya no tengo dominio de mí mismo contra lo que creo se trata de su visita sobrenatural.

El origen de mi pesadilla brotó cuando gozaba de una plenitud de bienestar en mí ser, esta quietud de espíritu, sin darme cuenta, había dispuesto mi voluntad para buscar lo sublime y etéreo. Pero entonces tropecé con el peso de su misteriosa existencia que poco a poco se trasformó en agobiante bruma.

Corría el año 2003, a principios de abril. Había pasado una larga noche, insomne, debido al momento que estoy a punto de contar y del cual, aunque le sufro, doy testimonio; para llegar hasta allí, a su domicilio, en donde su pálido rostro inerte se asomaba para dejarse contemplar, primero tengo que conquistar las difíciles escaleras que serpentean locamente y lo vuelven a uno precavido.

Mirando a mí alrededor, con el instinto de los que son perseguidos, intente descifrar aguzando mis oídos los silencios. Me pareció que todos dormían profundamente todavía. Así, cuidadoso de mi proceder acariciaba al mismo tiempo el sueño reparador que había perdido la víspera.

El alba ya guiaba mi caminar con su luz vertida y atrapada celosamente en el domo agrietado por las lluvias y el viento. Este trayecto abovedado era obligado y servía como conducto para tomar escaleras arriba. Supe que era la ingenuidad quien me conducía, por mejor decir, el deseo de llegar a su encuentro.

De una cosa estaba seguro y ello contribuía a no dar marcha atrás, sentía una terrible ansia por tenerla cerca. El ambivalente sentimiento por ella originó una sensación de dulce y pueril estupidez que evocó recuerdos inocentes que creía desdibujados por el paso del tiempo.

Doblé el discreto recoveco situado entre el fin de aquel túnel y el primer escalón que abre el libre andar camino arriba. Me aseguré de que nadie observaba; me sentí dichosamente protegido por mis precauciones y halagado con mí inteligencia.

Cuando hube alcanzado la segunda planta del edificio volví la espalda al recorrido escalonado que se deslizaba interminable desde esa perspectiva y entonces un extraño vértigo se apoderó de mí sin darme tiempo a rectificar mis intenciones.

Como si temiera caer a un profundo vacío, me alejé del rellano desesperado por afianzarme a algo pues era todo un nudo de nervios. Reflexioné del porqué de mis temores en mala hora y cuando la calma esperaba algún mérito.

Seguí caminando pero a pesar mío aún me agobiaba el percance con aquel desequilibrio mental, se apagó mi vista unos instantes y tallé mis ojos. De golpe ya me encontraba frente a una densa multitud de niños cerrándome el paso. Aún no percibía si a apropósito o involuntariamente. Sólo después advertí una dolorosa hostilidad.

Como pude rompí aquel muro humano que lo fue más por mi incredulidad que por su fortaleza. En la medida que fui abriéndome paso, sentí sus pequeños brazos ceñirse férreamente a las muñecas de mis manos. Por un brevísimo instante, se despertaron en mí oscuros sentimientos de opresión.

Quizá esos sentimientos se avivaron porque iba ciegamente pensando en ella y en nadie más. Sé mejor que nadie que las robustas sombras pueden amenazar cernirse sobre nuestras libertades cuando todos nuestros sentidos toman sólo una dirección, los objetos y el derredor no constituían otra cosa que un aire de indiferencia.

Entonces por vez primera dude de la continuidad cronológica de aquella noche que había pasado sin dormir y este caminar mío. Advertí que no amparaba ninguna puerta aquella morada en la cual esperaba mirar una vez más su rostro. Los pequeños me insistían aguardar y trataban por todos los medios de hacerme volver en sí.

Parecía ser su consigna evitar el acceso al lugar, porque, una temerosa voz, se escuchó entre ellos.

– ¡No le permitan la entrada, si no se volverá loco como la última vez! –

Es cierto, pero siempre lo olvido, ella se ha marchado desde hace un buen tiempo para nunca más volver, nunca dijo adiós. Y aunque no creo haber perdido la razón, entre sueños, me sigue observando calladamente. La semilla plantada en mi corazón por ella ha crecido tanto que, ahora ahoga el sentido real del tiempo.

Otros ojos

15 septiembre 2012

Pateé la puerta de la cafetería, tras el duro golpe, sus desunidas partes poco consistentes quedaron percutiendo atonas. Dentro, muy a pesar del repentino estrépito, todo guardaba una sorprendente calma, pero este hecho poco me sirvió para reflexionar y obtener algún provecho, es decir, alguna idea del porqué mi actuar se había desviado hacia un desatinado impulso.

Se me ofreció un café apenas me acomode en una silla dispuesta para los recién llegados, y entonces al esforzarme por dar un sí verbal a la infantil cordialidad, me atoré en mi hablar y deje notar un asentimiento nada más a fin de que no se me tomase a insulto mi aparente reserva.

– ¿Entonces café, no es cierto? – Preguntó la servicial mecerá, muy joven y de desaliñados cabellos, corta de estatura pero con un semblante igual al que de la descripción de los ángeles hacen los inspirados.

Insistiendo, quería proferir palabra. La pensaba como alguien que practica en su memoria un número de veces antes de atreverse a decirla propiamente, y aun así, imposible me fue dictarla del pensamiento a la boca.

La musa pareció comprender mis inoportunas limitaciones y le confió una sonrisa a mi silencio injustificado y sin embargo sufrido. Discurrieron los minutos apacibles mientras mi mirada se paseaba por el lugar en busca de algo que no pruebo exponer con alguna concreción.

Un sorbo tras otro, lentos en su ingestión, fueron ofreciéndome alternativas para comprender mi desgracia, y así avanzó la tarde hacia la noche y, cuando finalmente lleno de certidumbre intentaba explicarme este extraño evento, la niña una vez más se acercó, ahora, dejándose ver en su lenta aproximación desde donde depositan las tazas, desde las apiladas charolas junto a una gran mesa que hace las veces de mostrador.

– ¿Puedo recoger su taza? – sugirió, entrecortada la voz, esta vez su rostro parecía uno muy distinto de aquel primero. ¡Sí! se trataba de la misma mesera, lo puedo asegurar por esa indeleble impresión que dan las personas al presentársele a uno de un sólo golpe, además, su cabellera también hablaba claramente de su inusitada aparición.

– Gracias, pequeña – dije quedamente, temeroso de que mi respuesta fuese fallida como cuando me atreví a hablarle sin poder hacerlo. Me encaminé a la puerta y todo parecía haber quedado atrás, desde esa distancia que separa a la recepción de la salida me contemplaba con un relampagueante brillo en sus ojos que seguro estoy alumbrará a otros tantos que sombras de si mismos son.

Rescátame del ensueño

11 mayo 2012

Cuando desvanecidos se hallan los sonidos del día, otros pequeños mundos se tornan sospechosos de existir, son paralelos, e Impreciso lanzo miradas como quien busca en la desesperación aunque bien sé que, exhausto por la realidad corro el riesgo de tocar los pétalos del frágil ensueño.

Riego delicadamente la esperanza, nadie habrá de negar el fruto de este acto sin corromper su dignidad. He determinado con la fuerza de los sentidos su traslúcido aspecto. La morada que habita. Su repentino andar. Su amor incondicional por mí que, lucho por comprenderla y caminar a su lado.

No me llames mal si el auge de esta ansia arraigada en el profundo desvelo se impregna de tu nombre y hermosos cabellos que agitan mi sosiego más de las veces. Debo advertirte que es violento remolino que arrastra sensaciones y afectos que tenía encarcelados en la lúgubre zona de la inalterabilidad.

El reproche es ajeno a esta constelación de espasmos y revelaciones. No sentiré culpa cuando al calor de este estado de ánimo atesore la forma en que te miraba apasionado y controvertido, desdibujado ya del prudente proceder.

Te digo; Abro un recuerdo y su fragancia me abraza todo, soy hoja a merced de este suave viento. Algo en mí se constituye de inmediato, cada respiro asombra mis fuerzas de sentirme invencible y dueño de mi mismo.

Aliéntame a dar un paso más, detenme ¡tuya es la compasión! si me ves extraviar el reconciliatorio beso que revive mi forma de configurar nuestros mutuos cariños.

Toca mis sentidos dulce cielo bordado de mujer ¡Rescátame! Una alusión de tus encantos sin tu aliento cerca ensombrecería cuanto admito como propósito de volverme a la realidad.

El rostro de la conciencia

7 enero 2012

Presa del vientecillo suave aminoré mi hondo respirar e hice frotar mis entumidas manos insistiendo en costumbres de infancia, y entre irresistibles escalofríos esforcé, con repentina precaución, mi cuerpo a contraerse de modo que una clara idea me hacia suponer que así podría preservar un cálido instante.

El paso del tiempo se entretenía con mis falsos remedios para prevenir el frío que, aunque sabiéndolo yo en lo recóndito del práctico saber, poco me importaba. No me cuesta ningún trabajo encontrar la disculpa de mi niño interior ante tales circunstancias.

Así debí de retrasar cuánto de normalidad a ojos de los demás, soy capaz de aventurar en cada andar que asumo sin restar equilibrio a mi cuerpo porque me sentí asaltado en mi conciencia cuando escuché: ¿Vive cerca de aquí?…

Me ha preguntado, sin secreta intención, una pequeñita de tierna edad al verme ejecutar cada movimiento sin duda, como bien se dice “en el amplio sentido de la extravagancia”.

Sus ojos sobrecargados de brillo – extrañísimo efecto – al parecer proveniente del contacto entre la nieve y el rasgado cielo borlado de despintadas nubes de concierto en sus luceros, se han apoderado de mis reflexiones.

– ¿Por qué se le ve triste? – Una vez más ha indagado para desgracia de un lenguaje oprimido y sediento con ganas de escapar. Largos y delgados cabellos asoman en el contorno de su cara. Una onírica imagen ha querido hacerse de esa cabellera y transformase en bandada de hermosas aves en frenesí por conquistar los aires.

– ¡Corazón! De ninguna manera me invade la tristeza, tan sólo aguardo a retomar mis fuerzas. Tú, mejor que nadie, sabes reconocer cuán necesario es el descanso para continuar y además…

– ¿Pero… usted lleva muchos años aguardando? – Con finísima y calma voz, emblema de quienes poseen el don de adentrarse en los corazones, suspira interrogando.

Seguramente, su ternura ha vencido al terror con sus dos manecillas, verdaderas garras de acecho cuando increpan mis inconclusos proyectos sujetos a su medida; semejante artificio que late al son del tic-tac me empuja hacia la incredulidad.

Abruptamente, me he dado cuenta que mi corazón arde tal como cuando se vuelve a la conciencia y se logra respirar. ¿Se habrá tratado de una evocación? ¿O los pájaros en el horizonte significarán algo?

Mujer

9 marzo 2011

Y heme aquí, deslumbrado por sus huellas esparcidas en la discreta caminata del tiempo. Si ausente “viviera” la mujer, un vivo haz de luz ceñido en cada contorno de aquel sutil vestigio perfilaría debidamente su ser.

Hoy de mañana alcé la vista. Así, alerta, anduve al rallar el alba. Jamás dudé del origen de mi aprensión. Una temprana revelación, cuando niño, desveló el profundo misterio cuándo los ojos se me arrasaron quedando sometido a su abrazo materno.

Hoy día, su versátil aspecto me da el aliento, y su amistad el discernimiento para quien, motivado como yo por la vida, percibe otras realidades transmitidas por medio de su corazón, porque ha de saberse que, éste representa el dinamismo de la renovación.

Innumerables veces me he perdido dócilmente en su mirada, por qué como bien da cuenta el poeta admirado por su don; un destello de su iris es capaz de iluminar la vida entera sumida en la penumbra.

Su belleza absoluta mora pacíficamente en quien la descubre engalanada de sabiduría. Se cruzarán mil caminos pero sólo tan majestuosa criatura resplandecerá frente a quienes llenos de anhelo se anticipen a ver el fulgurante reflejo de un portento celestial en ella.

La inspiración la tiene dibujada por años como frágil criatura, sin embargo, su persistencia desmiente esta endeble fama. Yo mismo la he visto trasponer el umbral de la esperanza, y en su ternura he presenciado el arribo de corazones de carne.

Por ello, tras contemplarla, su fortaleza sobresale como un alto relieve en la obra de la naturaleza. Yo, la encuentro mucho más gloriosa día con día; niña, adolescente o mujer adulta, yo la celebro intransigentemente con la plenitud de mis facultades.

Una variante inoportuna

14 febrero 2011

– Mírame a los ojos – supliqué sintiéndome asfixiado por la duda de tenerla frente a mí, sentí ganas de llorar no tanto por mi debilidad sino por su corta vida transparentada en su corazón.

Enjugué mis lágrimas con sus manos, y de sus palmas cayeron cristalizadas mis emociones, quedando regadas por doquier. Sentí admiración por el brillo circundante de su silueta debido a que, su carácter se volvía más glorioso.

– Quién eres –pregunté despojado de toda inhibición mientras intentando ponerme de pie tropezaba por camino pedregoso, una variante inoportuna cuando la realidad se deja tocar por lo intangible y hermoso.

Pues ha de enterarse el lector que, las distancias suelen medirse desde el trono del amor en estas instancias. Un lenguaje discreto pero poderoso para trasponer el umbral de lo imposible.

Ella, no habla, por el contrario se limita a amar, y entonces un haz de luz se hunde en mi alma y puedo entender que ha sido victima de un crimen llamado aborto, su llegada significaba la alegría y la paz de muchos.

Traía consigo la palabra cubierta de bálsamo y el don de traspasar los corazones con la savia divina. ¿Quien dará cuenta del uso de la espada contra ella?