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Intento psicológico

24 septiembre 2012

El entorno novelístico y multidisciplinario de aquella biblioteca personal, rica propiedad intelectual del abuelo, me cautivó, ya había estado en ella sin haber caído preso de su magia, pero… ¡vaya! Destemplado el carácter por el roce de una memoria, aquellos volúmenes, ataviados de polvorientas capas, se lanzaron en pos de mi imaginación.

Luché por un rato como se hace frente a estas circunstancias avasalladoras del alma, determinado a hacer desaparecer la incomoda pulsación, ¿debía, en realidad, mi influencia a la ausencia de su propietario? Formé vagas especulaciones inequívocas de pretender escaparme de su magnetismo.

Sonreí con un gesto de satisfacción para hacerme comprender a mi mismo aunque ingenuamente el despropósito de mi atención volcada en aquellos estantes. – Así suelen celebrarse las más grandes victorias de la emotividad rota que conduce al triunfo de la insensibilidad – me dije, casi respirando la firme intención a través de un encogimiento de hombros.

¡Sí! Yo soy más fuerte que todo sentimiento. No es que me hallará lejos de alguna devoción debida hacia el abuelo, por el contrario, ante su fuerza, quería ¡sí! Sobre todo, ser capaz de mostrar la hazaña de algo magno a nivel psicológico; una prueba a la que me había sometido mucho antes sin aparente triunfo, alguna lágrima siempre había desmentido cualquier jubilosa anticipación.

Más de alguno al oír esta confesión preferiría volverse sordo, pues, en el fondo de estas breves palabras crece una inocente presunción, pero ¡aguarden! sin conocimiento de causa no se puede ejercer ¡la severidad injusta! ¡La tiranía! ¡El falso testimonio¡

Pues bien, primero, ante el hecho de caminar entre los pasillos de aquel singular destino, sigo refiriéndome a ese universo libresco, invadido por la certidumbre de haber trabado una repentina conversación a solas con mi ancestro, balbucí en defensa propia y tragué saliva ¡en… no sé que apuro de ponerme a salvo!

Porque no prescindiré de mencionar sus verdaderos efectos, irrefutables, en mi ser. Puede… que, las almas de esas paginas a mi lento paso hallan resuelto transformase en marea y golpear mis desequilibrios tempranos cuando infante fui, teniendo de su lado para actuar el presente acervo magistral. También, puede ser que al notar mis secretos propósitos dibujados en alguna inoportuna mirada, sin darle tiempo a la explicación, juntos en un arrebato, me hallan llamado ingrato.

Fue mucho más el peso del reproche lo que jugó en contra de mis pasos hacia el planteamiento de mi éxito. A cada instante, una sensación de intentar avanzar sobre arena movediza se cristalizó terriblemente en el margen de lo no ficticio. Allí, inmóvil y con cara dura volví en sí mientras la luz del cristal iridiscente de la única ventana, por no sé qué efecto exterior, indicaba una existencia emotiva justamente en el centro de mis falsas convicciones.

Otros ojos

15 septiembre 2012

Pateé la puerta de la cafetería, tras el duro golpe, sus desunidas partes poco consistentes quedaron percutiendo atonas. Dentro, muy a pesar del repentino estrépito, todo guardaba una sorprendente calma, pero este hecho poco me sirvió para reflexionar y obtener algún provecho, es decir, alguna idea del porqué mi actuar se había desviado hacia un desatinado impulso.

Se me ofreció un café apenas me acomode en una silla dispuesta para los recién llegados, y entonces al esforzarme por dar un sí verbal a la infantil cordialidad, me atoré en mi hablar y deje notar un asentimiento nada más a fin de que no se me tomase a insulto mi aparente reserva.

– ¿Entonces café, no es cierto? – Preguntó la servicial mecerá, muy joven y de desaliñados cabellos, corta de estatura pero con un semblante igual al que de la descripción de los ángeles hacen los inspirados.

Insistiendo, quería proferir palabra. La pensaba como alguien que practica en su memoria un número de veces antes de atreverse a decirla propiamente, y aun así, imposible me fue dictarla del pensamiento a la boca.

La musa pareció comprender mis inoportunas limitaciones y le confió una sonrisa a mi silencio injustificado y sin embargo sufrido. Discurrieron los minutos apacibles mientras mi mirada se paseaba por el lugar en busca de algo que no pruebo exponer con alguna concreción.

Un sorbo tras otro, lentos en su ingestión, fueron ofreciéndome alternativas para comprender mi desgracia, y así avanzó la tarde hacia la noche y, cuando finalmente lleno de certidumbre intentaba explicarme este extraño evento, la niña una vez más se acercó, ahora, dejándose ver en su lenta aproximación desde donde depositan las tazas, desde las apiladas charolas junto a una gran mesa que hace las veces de mostrador.

– ¿Puedo recoger su taza? – sugirió, entrecortada la voz, esta vez su rostro parecía uno muy distinto de aquel primero. ¡Sí! se trataba de la misma mesera, lo puedo asegurar por esa indeleble impresión que dan las personas al presentársele a uno de un sólo golpe, además, su cabellera también hablaba claramente de su inusitada aparición.

– Gracias, pequeña – dije quedamente, temeroso de que mi respuesta fuese fallida como cuando me atreví a hablarle sin poder hacerlo. Me encaminé a la puerta y todo parecía haber quedado atrás, desde esa distancia que separa a la recepción de la salida me contemplaba con un relampagueante brillo en sus ojos que seguro estoy alumbrará a otros tantos que sombras de si mismos son.

Otra tarde

8 julio 2012

Cuando el transcurrir del día se va consumiendo con incoloras gotas de atardecer va emergiendo un panorama asimétrico en donde se detiene la vista y la verificación, una destilación de antiguos reflejos recaen sobre ella, entonces el confort de la silla envuelta de sol por la mañana, a estas horas últimas ya parece otra de muy diferente aspecto.

Siempre, sin variación alguna saco un inesperado pensamiento de su contemplación como si se tratase de un invaluable objeto tomado de un tesoro. Es un misterioso cumplir de observar y tomar en el aire la idea que se apresura a alejarse. De esta singular manera irrumpió en el lugar el niño con su cuaderno de dibujo bajo el brazo, llevaba consigo el bosquejo de un feliz rostro.

Antes de reconocer su silueta oía lejanamente sus pasos acompasados con una emoción que reconozco desde hace mucho tiempo, mi memoria es auditiva y seguramente por ello me dejo llevar por caminos tan estrechos donde apenas titila débilmente la evocación, te daré en seguida su sentir; es alcanzar el aliento con la fuerza de la voluntad.

No es un método en el cual logre atrapar como mariposas la esencia de una serie de instantes, pues lo que se marchó desde la distancia vive, es una rauda reacción a un movimiento interior caminando a mi lado sin motivo mayor que el de ser uno conmigo mismo.

El rostro de la conciencia

7 enero 2012

Presa del vientecillo suave aminoré mi hondo respirar e hice frotar mis entumidas manos insistiendo en costumbres de infancia, y entre irresistibles escalofríos esforcé, con repentina precaución, mi cuerpo a contraerse de modo que una clara idea me hacia suponer que así podría preservar un cálido instante.

El paso del tiempo se entretenía con mis falsos remedios para prevenir el frío que, aunque sabiéndolo yo en lo recóndito del práctico saber, poco me importaba. No me cuesta ningún trabajo encontrar la disculpa de mi niño interior ante tales circunstancias.

Así debí de retrasar cuánto de normalidad a ojos de los demás, soy capaz de aventurar en cada andar que asumo sin restar equilibrio a mi cuerpo porque me sentí asaltado en mi conciencia cuando escuché: ¿Vive cerca de aquí?…

Me ha preguntado, sin secreta intención, una pequeñita de tierna edad al verme ejecutar cada movimiento sin duda, como bien se dice “en el amplio sentido de la extravagancia”.

Sus ojos sobrecargados de brillo – extrañísimo efecto – al parecer proveniente del contacto entre la nieve y el rasgado cielo borlado de despintadas nubes de concierto en sus luceros, se han apoderado de mis reflexiones.

– ¿Por qué se le ve triste? – Una vez más ha indagado para desgracia de un lenguaje oprimido y sediento con ganas de escapar. Largos y delgados cabellos asoman en el contorno de su cara. Una onírica imagen ha querido hacerse de esa cabellera y transformase en bandada de hermosas aves en frenesí por conquistar los aires.

– ¡Corazón! De ninguna manera me invade la tristeza, tan sólo aguardo a retomar mis fuerzas. Tú, mejor que nadie, sabes reconocer cuán necesario es el descanso para continuar y además…

– ¿Pero… usted lleva muchos años aguardando? – Con finísima y calma voz, emblema de quienes poseen el don de adentrarse en los corazones, suspira interrogando.

Seguramente, su ternura ha vencido al terror con sus dos manecillas, verdaderas garras de acecho cuando increpan mis inconclusos proyectos sujetos a su medida; semejante artificio que late al son del tic-tac me empuja hacia la incredulidad.

Abruptamente, me he dado cuenta que mi corazón arde tal como cuando se vuelve a la conciencia y se logra respirar. ¿Se habrá tratado de una evocación? ¿O los pájaros en el horizonte significarán algo?

Un Respiro de Amistad

17 septiembre 2011

El gozo de tu salvación

15 julio 2011

Una radiante inquietud vive discreta en el ruego de mis palabras, igual que cuando los infantes se echan en brazos del juego, tal cual mis palabras buscan compañía. Así prevista la inspección en el despliegue de mi lenguaje.

Continuaré diciendo que dicha ilusión guarda paralela semejanza con la conciencia del color, común a todos los que gozan del sentido de la vista, una vez identificado el matiz, en él se arremolinan las evocaciones que vencieron al tiempo.

Cierto estoy; donde se depositan delicadamente “los sueños verdaderos” glorioso está el inenarrable cielo que infunde dosificadamente razón fundamental al alma de mis vocablos.

Porque… también, hay sueños ataviados de mansos corderos cuya malévola propuesta es enmudecer el alma hasta lanzarla a un vacío temiblemente insondable, el mismo hedor a muerte riega ese infinito y celoso espacio; miles han desfallecido en ese abismo precedidos del terrible llanto.

Hoy en hora temprana tras la celda helada de mi humanidad, con la portentosa llegada del alba, el flanco de un cálido esplendor se arrojó intempestivamente contra mi pecho. Me sentí desnudo, desprotegido, y recordé tu misericordia y de cómo salvas a los que en ti esperan.

He escuchado doliente a la par de mis sensibilidades la presa fácil que constituye el desesperanzado que honró a grandes voces al espectro de la fantasía, alejado de la sabia cordura.

Devorados en el territorio que ocupa ese eclipse tan extraño como intangible. Descrito como un péndulo anímico que fingió benignidad para apoderarse del espíritu, al fin y al cabo; león rugiente.

Entonces, bajo siniestra sombra, coartados de su identidad, llenos de plegarias pidieron, como a quienes están a punto de arrebatarles la vida, que los sentidos volvieran a ellos.

Y, frente a este lamentable episodio, sobresaltado con el corazón en la mano me refugio en ti, y observante imploro; Vuelva a mí la primera percepción de tu redención a fin de salvaguardar mis pasos de tan peligroso trance. Tomaré la mano de tu auxilio para contemplar el gozo de tu salvación.

Ánimo despierto

8 octubre 2010

Escudriño la sonrisa de los niños y palpo tu corazón desnudo, tengo por debilidad tu presencia. Tu poder es enternecedor, un porqué cuestiona mi ánimo despierto. Las estrellas afanosas e impacientes surgen en la oscuridad del intelecto como inagotables antorchas de revelación.

Entonces mis memorias van en pos de ellas como aves orientadas por la manifestación primera de acariciar el vuelo que asciende a una libertad que entibia la esperanza.

Ambivalente es la noche; huésped del desesperanzado cuya egolatría advierte su desenlace, pero… también del visionario que en ella empapa confiadamente el entendimiento amante de la sabiduría. El ayer y hoy debaten con violencia mis recuerdos.

Por ello he determinado con los ojos abiertos que; los tiempos pretéritos suelen comparecer como amigos de los seres humanos pero en realidad disipan la amistad al sujetarnos con grilletes que confunden el porvenir.

Celares percutiendo el desatino y la fantasía, sin lugar a dudas, un genuino castillo de arena a merced del oleaje intangible de su estructura ¡Espejismo de oropel!

El presente se parece mucho al avistamiento de una estrella, en cuanto se la observa se teme extraviar la estela viajera que va dejando en nuestro interior. Esta está más cerca del camino que lleva a la eternidad.