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Noche solitaria

13 abril 2014

feet in river

Desde aquí, a través de las aguas, la ciudad parece suspendida, como si algo la hiciera flotar. Los ruidos que la acompañan de día han cesado abruptamente. Ahora la noche solitaria va tomando su turno en la rivera mientras vuelve a nacer la luna. Metida entre las aguas parecías resurgir de otro mundo.

Tus pies desnudos se internaron casi de un salto porque aún el último calor tibio del día vivía feliz sin darse cuenta que moría lentamente. Cuánto vi dilatada mi alegría que descalzo corrí tras de ti mientras tu cuerpo era toda una agitación de emociones bajo la luz custodia de la luna.

A lo lejos, la ciudad es nada ante tu hermoso nado. Así yo vivo los meses, caminando insomne por ti. Me llaman el vagabundo de la ciudad, el que cree caminar con alguien a su lado. No comprendo, pues, siempre me acompañas al pasar junto a ellos. No rompas todavía el silencio mientras llega el cruel amanecer.

Tu rostro

20 mayo 2013

photo by Alan Murray-Rust

Estaba sentado en una de esas bancas que adornan los parques y que al mismo tiempo hacen de ellas espacios de aislamiento que oprimen el alma. Con todo mi esfuerzo rehusaba dar la bienvenida a cualquiera que con falso motivo quisiera acercarse y curiosear en mi soledad, puesta así tan de repente, a la vista y en completa exhibición.

Transitaba plácidamente una corriente de aire húmedo cuyo contacto con mi piel amenazaba desencadenar nostalgias sórdidas, tumbas frías en las que fueron enterrados mis latidos. Los que me miraban y que no eran pocos pasaban de largo y esa desatención me complacía. La soledad es mejor cuando es comprendida y se le mira de frente como a la irremediable muerte.

Descubrí con no poco asombro que a cada minuto la gente iba desapareciendo. En la visible lejanía, el puente que lleva de un extremo del lago al otro, todavía con transeúntes encima de él, desaparecía por la cada vez más intensa lluvia. Escurrían las gotas y me empapaban. Seguía sentado y nada me perturbaba ni siquiera la ligera lluvia convertida ahora en ríos tempestuosos corriendo sobre mis mejillas.

¡Despiértate! escuché a media voz, decir. No sabía bien de dónde provenía este susurro que a mi parecer, hablaba claro y con prisa. ¡Despiértate! tú que duermes entre sombras de muerte. Y como en un espejo me enfrenté conmigo mismo ¿cómo puede ser posible esto? lo es, cuando somos levantados de nuestras tinieblas.

No me opondré a ti y abriré mis ojos a la luz de tu amanecer. Mi sueño es profundo porque la solitaria noche se ha adentrado y arrastrado muy al fondo de mi alma desde mi juventud, pero tu palabra es mi luz y brilla en las tinieblas. Ahora, en este momento, ya mis ojos se abren y ven tu rostro.

Soñolienta conciencia

17 febrero 2013

shaded angel

A veces cuando delicadamente recojo una de las memorias en las que te hayas tú, me gana el fervor de un esfuerzo sobrenatural porque tu repentina presencia es sorpresa incomprensible; tal vez, evidencia de mi aspiración hacia una fe mayor y, mi deseo inmediato es dejarme alumbrar por ti, posada bajo esos paradisiacos rayos de sol a los que les infundes majestuosidad.

Soy soberano creyente de mis intuiciones apenas se dibuja en ellas el angelical esbozo de tu sonrisa, mi calmo avanzar en ese brillante reflejo de tiempo me resulta complaciente estancia de una cálida mañana cuya delicia me hace abrazarme a la esperanza cual hoja salvada de marchitarse pronto.

Y luego al calor de ese brevísimo y glorioso amanecer doy fe de mis agitados sentimientos frente a un mundo mudo con la absoluta potencia de mis fuerzas como si ellas verificaran cuanto procura callar la meditada y dolorosa reflexión. No he aprendido a detenerme una vez que he sido arrebatado por este rapto de sensibilidad.

Corrías pequeña creatura, tan delicada como fuerte a través de los coloridos paisajes creados por mis profundos afectos que me parecían comunes, me gustaba seguirte con la mirada y experimentar reencontrarme contigo cuando después de tu jadeante cansancio cambiabas de dirección hacia mí accidentalmente.

En tu corta carrera llena de inocentes equilibrios reposaba mi profunda gratitud por la vida. De ti afloraba mi fortaleza recién revelada, bastión de mis serenidades. Temía no obstante muy dentro de mí que, si procuraba ir a tu encuentro podría desviar tu alegría que era mi gozo y condenar la víspera de un júbilo desconocido y reservado.

No puedo comprender, y tal circunstancia me duele más que una noche que se apaga frente a la luz de mis ojos, aquel loco instante en que mi corazón alumbrado por la conciencia se volcó aturdido para confesarte con febril vehemencia cuanto te amaba aunque ya para entonces mi corazón languidecía incrédulo frente a tu sombra.

Elíxir nocturno

10 enero 2011

En esta noche de enero mis pasos derivan en luciérnagas azul cristalinas, y de mis manos la suerte de las tuyas que aún se atreven a estrecharme a pesar del recuerdo ingrato que extenuado fomenta una persecución de mí hacia tus formas prodigiosas.

Choca inmisericorde el viento contra las hojas rumbosas, instaladas en los setos del camino, pero yo busco contagiado de una inexplicable afición tu última palabra que me cubrió de anhelos y ganas de vivir, entonces, la vida se inspiraba en la espiral fantasiosa dejada por los trazos de tu cabellera.

El infalible método de gestionar la lucidez a través de evocaciones en otro tiempo alumbrantes me tiene por desconocido. Hay ecos captados en la incursión del paraje pero tu ausencia me dice mucho más de lo supuesto imaginado; compruebo que un beso traduce mejor su adjetivo.

Me vuelvo hacia donde solías corretear impregnada de un júbilo infinito y logro observarme dichoso y rendido por tu abrazo; me dejaba amar, la distracción huía de nuestro mundo y si el exterior me guiñaba hacia el riesgo irrumpías con el salvamento de tu voz.

El día y la noche morían en la endecha de la indiferencia, pero hoy bajo este cielo soy recreo de sus puestas en escenas cada vez que procura sus encantos al darme el elíxir que convierte la realidad en una copiosa magia de ensoñaciones.

Paradigma

26 diciembre 2010

Escucho mí entrecortado respirar cuyo paradigma se arrebuja en la flama intermitente que abreva en la insegura cera blanquecina de la veladora y, al cabo de unos segundos de tan repentina incursión visual tus secretas palabras ungen intempestivamente mi existencia.

Tu misericordia consideró resquebrajar la danza plácida de aquel artilugio de brea hecho por los seres humanos para disipar la rúbrica sentenciosa de la noche; infatigable opresora con los desvalidos y desesperanzados.

Me agrego tímido y confiado, al mismo tiempo, a la aureola reveladora de esta hazaña de luz. Aunque la iniciativa material de averiguar mucho más trunca mis esfuerzos humanos. Debo reconocer que mi alma tiene necesidad de ti.

Una fontana en donde orbita la visión que me sacó de la tumba en la que mis días se sucedían uno tras otro se ha hecho presente en tan pequeños elementos físicos, todos entretejidos en el abrazo denso de la oscuridad.

Sin embargo por momentos la contemplación esta sitiada en el reducto pasajero de lo que se ve con los ojos; un iris limitado es esta vida. Recuerdo cuando el murmullo santo de tu mundo alcanzó el bullicio fatal arraigado en mi alma.

Sorpresa grata a mi intelecto es que, el gozo de tu salvación inunde mis pensamientos cual sed saciada en el atardecer de mi vida. Tu inigualable voz es bendición para mí ser malherido.

Mi derredor aletea iridiscente en un cromo único del cual me vuelvo apasionado espectador. Tal cual es tu naturaleza que colma todo y hace rebosar el espíritu de paz.

Apenas siseo tu nombre y una multitud de vocaciones verbales me saludan como aquél que alejado por su cautiverio se hace libre en el abrazo fraterno de la esperanza y la amistad extraviada.

Aún palpita el contenido vivo de tu palabra prodigiosa en mi corazón, allí en donde tu profecía acrisoló mis debilidades y las convirtió en anécdotas de tu poder.

Dos extraños

18 julio 2010

Aunque la luna ya resplandecía celosa, no interpuse excusas cuando, Diana, entusiasta, decidió alargar parte de la historia que hacia tanto tiempo quería contarme. Los detalles truncados prometían revelarse inexorablemente bajo aquella aura. También yo, había esperado que ese momento ocurriera.

Por supuesto que, la preferencia por un momento menos comprometido por el hábito del descanso se antojaba cordialmente mucho mejor sin embargo la hora no amenguó mi disposición y me arrellané en el sillón a esperar mi turno para contribuir, en caso de ser necesario, con la conocida formula de la perplejidad que da continuidad al narrador; sea esta falsa o auténtica.

– viajaba sola – emprendió sin más la anécdota cómodamente sentada en un sillón de apariencia vetusta.
– y después de dos horas de encontrarme a bordo del tren de pasajeros – subrayó – reparé en la compañía de al lado; Un gato extrañamente de orejas muy cortas.

– no soy amiga de los animales, y sin embargo ese felino actuaba como si me conociera, se restregaba sobre mis pies, tú bien sabes, que eso significa más que un signo de confianza.

– desde luego – repuse, con la sola intención de alimentar la pausa.

– sus ojos encendidos por la penumbra parecían ir y venir con el traqueteo del vagón, y ese vinculo primero, del que ya te hablé, también divagaba entre continuar cediendo o desaparecer definitivamente.

– supongo que habrá sido más fuerte lo segundo – siguiendo sus emociones deduje en voz alta.

– ¡Qué va!– suspiró…como si en ese justo momento se materializara el animal, se creerá que he desproporcionado esta descripción, pero de hecho me parecía que le buscaba sobre sus pies, después, se ha dado cuenta que su emoción se ha exteriorizado para entretenimiento mió.

Dice – De un salto salvó el espacio dado entre dos asientos opuestos, yo, no podía, como creerás conveniente, permitir que esa astucia suavizara mi carácter y terminara hecha caricias con un extraño.

– ¿un extraño? – tirando unas gotas de café entre las comisuras solté una carcajada, un segundo después, creía haber arruinado el delicioso curso de un relato.

– Ese es el punto – rió de igual modo sujeta de los brazos del sillón con ambas manos como criatura calculando las alturas.

– El gato me ha tomado con las mismas precauciones, lo he sabido inmediatamente después de que se ha instalado sobre el asiento contrario – se dice para sí absorta y la escucho – continua – Lo que sucede es que su temperamento lleva otro ritmo de irse dando al trato, lo que quiero decir es que, un acercamiento para él debe de ser lo que una mirada para nosotros. Y un raudo distanciamiento, supongo, debe de ser el albedrío; la línea trazada que bien divide al odio del amor.

Debo admitir que a estas alturas de la conversación aquella percepción era una donación a su parco uso del lenguaje. Una luz bien definida en el claroscuro de la noción.

– ¿Tuviste miedo en algún momento? – pregunté al cabo de un profundo silencio roto a fuerza de sorbos de café.

– ¿miedo? – repitió divertida hasta casi convertir sus gestos en una batuta frenética de direcciones musicales como cuando el director conduce a una elocuente orquesta. Me pregunté atento, si los ronroneos eran parte de mi imaginación o si de un momento a otro presenciaría lo que venia sospechando.

Ansiado Éxtasis

2 mayo 2010

Quise permanecer observante en los pliegues de luz que se escurrían cual vertientes reflejas de fe vistiendo la ladera. El sosiego predomina mientras atado sobrevivo a esta súbita realidad. Desvío el ayer para posarme confiado en este ansiado éxtasis.

No apresures tus actos para devolverme la razón, revindicarla en este instante desluciría el derroche de tus fuerzas, en el intento, podría abrasarme a ti creyéndote criatura celestial.

Y, contagiado de sublime extensión de cielo podría afinar y reproducir la melodía que entre sueños escucho y en la vigilia sucumbe desproporcionando mis esfuerzos por retenerla junto a mí.

No es más que un atardecer asaltando las fantasías de los mortales diciendo tratas de despertarme de tan honda percepción.

Aprietas mi mano antes de que la noche me arrebate el don de contemplar la lucidez a través de un paisaje en el que sólo los pasos del alma pueden andar.

Heroína de mi vida, sin avasallarme comprendes mi libertad y flanqueas mis pasos; si duermo velas por mi seguridad y cuando arrobado distingo el porvenir; me acurrucas en tu seno al que tengo por dicha de un nuevo amanecer.