Archive for the ‘pobreza’ category

Otros ojos

15 septiembre 2012

Pateé la puerta de la cafetería, tras el duro golpe, sus desunidas partes poco consistentes quedaron percutiendo atonas. Dentro, muy a pesar del repentino estrépito, todo guardaba una sorprendente calma, pero este hecho poco me sirvió para reflexionar y obtener algún provecho, es decir, alguna idea del porqué mi actuar se había desviado hacia un desatinado impulso.

Se me ofreció un café apenas me acomode en una silla dispuesta para los recién llegados, y entonces al esforzarme por dar un sí verbal a la infantil cordialidad, me atoré en mi hablar y deje notar un asentimiento nada más a fin de que no se me tomase a insulto mi aparente reserva.

– ¿Entonces café, no es cierto? – Preguntó la servicial mecerá, muy joven y de desaliñados cabellos, corta de estatura pero con un semblante igual al que de la descripción de los ángeles hacen los inspirados.

Insistiendo, quería proferir palabra. La pensaba como alguien que practica en su memoria un número de veces antes de atreverse a decirla propiamente, y aun así, imposible me fue dictarla del pensamiento a la boca.

La musa pareció comprender mis inoportunas limitaciones y le confió una sonrisa a mi silencio injustificado y sin embargo sufrido. Discurrieron los minutos apacibles mientras mi mirada se paseaba por el lugar en busca de algo que no pruebo exponer con alguna concreción.

Un sorbo tras otro, lentos en su ingestión, fueron ofreciéndome alternativas para comprender mi desgracia, y así avanzó la tarde hacia la noche y, cuando finalmente lleno de certidumbre intentaba explicarme este extraño evento, la niña una vez más se acercó, ahora, dejándose ver en su lenta aproximación desde donde depositan las tazas, desde las apiladas charolas junto a una gran mesa que hace las veces de mostrador.

– ¿Puedo recoger su taza? – sugirió, entrecortada la voz, esta vez su rostro parecía uno muy distinto de aquel primero. ¡Sí! se trataba de la misma mesera, lo puedo asegurar por esa indeleble impresión que dan las personas al presentársele a uno de un sólo golpe, además, su cabellera también hablaba claramente de su inusitada aparición.

– Gracias, pequeña – dije quedamente, temeroso de que mi respuesta fuese fallida como cuando me atreví a hablarle sin poder hacerlo. Me encaminé a la puerta y todo parecía haber quedado atrás, desde esa distancia que separa a la recepción de la salida me contemplaba con un relampagueante brillo en sus ojos que seguro estoy alumbrará a otros tantos que sombras de si mismos son.

Un sueño en la desdicha

15 noviembre 2011

Generalmente las personas tienden a transformar el mundo visible ayudado por el testimonio de los sentidos en el grotesco arte que pueden apreciar desde sus pretensiones. Y tal suerte corría mi presencia, de formar parte de una expresión artística poco entendida por mi hambre, al estar tan cerca de aquel turista.

El sofisticado viajero, miró en mil direcciones hasta que girando sobre sus tacones se topó con firmeza en mí, seguramente por mi apariencia muy de los que viven en estos pueblos tan alejados de la civilización.

Esa inexorable mirada ya la había visto antes, cuando hombres vestidos de traje se enfilaron hacia nuestra propiedad años atrás, y exigieron la entrega de nuestras tierras, según criterio desafortunado de la legalidad, a favor de un bien mayor al nuestro.

Aquella vez, mi furia sujeta a sus flamantes vestiduras que desataron también el llanto, no ayudaron en nada para evitar el daño. Un par de empujones bastaron para debilitar mi voluntad y tirarme al suelo. Un fortísimo dolor entumió mis piernas y no pude incorporarme.

Debido a aquel recuerdo, palabras ininteligibles vomitaban de aquél fotógrafo cuando en su precavida aproximación se dirigió a mí, acompañado de esa forma típica que tiene la incomunicación de aventurarse a ser correspondida; con el ademán lento y atrevido, como si el hecho de coincidir en un espacio dictara irrefutablemente un código universal de cordialidad.

Fracasó en aquel intento, pues me invadió un sentimiento puramente animal de ponerme a la defensiva, de disponer la grosería, de arriesgar el odio con todas sus limitadas consecuencias en tan apenas vivo recorte de realidad.

Entonces en lugar de desalentar su propósito de herirme perennemente con la perpetuidad fotográfica, éste, como si tratará de poner a prueba la eficacia de su profesionalismo o de si mismo, avanzó con más determinación.

Esta vez, mostraba, con la mano extendida una moneda, que a la luz del día reflejaba dentro de mí una comida caliente o algún bocado de ansiado alimento. Sentí el anzuelo, con la jugosa carnada y pude darme cuenta del mezquino precio inspirado por mi desdicha.

Ecos hacen retemblar una empolvada telaraña en una de las galerías del museo, mientras encerrado estoy en la prisión de su lente, de su llamado talento que carcome un dulce sueño abonado en la miseria. Todos los presentes aplauden rodeados de un claroscuro que para ellos es espectáculo y para mí cielo borrascoso.

Pesadilla

16 septiembre 2010

“Cruzaré ese cielo del cual caí, y entonces habrá respuestas para mí, alado desafiaré el aire de muerte flotando sobre la tierra, el astado de la desgracia quieto se dará cuenta de que sólo es un ripio ataviado de insolencia. La dureza del corazón humano nada podrá contra mí.

La morada terrenal será cosa del pasado y entonces finalmente conoceré el motivo de las pequeñas alegrías que provocaban la risa mientras dormía creyéndome vivo, y la indiferencia humana se volcará entera sobre la justificación de la pesadilla”

Efímeramente Real

25 julio 2009

Alzatapadule

Apenas abrí la puerta, sentí recorrer de pies a cabeza un escalofrío. Procuré, como ya se ha vuelto costumbre adquirida, distinguir, si aquella sensación me venía de una emoción propia o si en verdad la temperatura de mi cobijo; cuarto y cama; ambientaba mis sentidos. Ilustración perfecta de la comodidad, o, quizás para el afortunado, el colmo de tropiezos y fracasos financieros.

Sonreí forzadamente al tiempo que hacia mía, una de esas tantas escenas en las que el protagonista burla al destino; aun así, el dolor me saltaba del pecho con ánimo de delatarme suspicaz. Haberme llevado las manos al corazón habría desmentido mi actuación y puesto en entredicho mi histrionismo.

Al paso de la luz entrante y escurridiza, observé; limitaba atrofiadamente la percepción de los objetos circundantes. Pequeñas fruslerías de carácter ornamental.

La decoración: resultado del sentido común, y no del buen gusto, de pronto, de la nada, cobró movimientos exiguos pero suficientes para hacerme flotar sobre un aire cargado de perdida de sentido del tiempo, y curiosidades cuyos nombres me exijo, desde ahora, guardar en secreto; pues atener mis apreciaciones a la locura podría advertir al lector, de lamentable cuadro clínico…sí…Podría ser el amor o quizá….

Sólo una imagen, es capaz de expulsar turbulentos desmayos de realidad; su blancura vence el matiz crepuscular de inoportuna tarde. Te extraño cuanto el rocío de cada mañana me augura el breve visiteo del significado del recuerdo; fuiste una vez real y sin embargo efímera en la sustancia que todavía motiva mis amaneceres.

Suplica Incumplida

15 mayo 2009

450px-Maes_Old_Woman_Dozing

Cada mañana, poco antes de romper el alba, cuando el cielo apenas destila finas luces, una figura añadida en el fondo de la calle atraviesa un lienzo entretejido con los vapores de la ciudad.

Su corta estatura se transforma con su inquebrantable andar en broma de mal gusto, para quien como yo, convaleciente de un ayer avanza hacia la ciudad. Sus cabellos embutidos en una capucha improvisada, ponen de relieve una desdentada sonrisa. Me siento como ave en busca de migas de pan; vestigios de que aun padezco el dolor humano.

Las suposiciones saltan a granel sobre mi mente; se trata de una madre, de una hija, o posiblemente del propósito traído a mí, para conservar el precio de mi vida; y considerar lo que me estoy jugando en esta existencia. Con su inestable brazo tendido, pide unas monedas, y al decir de su reacción ante el dinero, me percato de una suplica incumplida. Tiene roto el corazón.

Insensible Comodidad

7 mayo 2009

hosemann-2

Alguien presionó mi antebrazo, la fuerza ejercida fue mínima como señal de atención. Giré para encontrarme con una cara infantil, y una sonrisa desdibujada por una tristeza desconocida y no obstante reconocible por su naturaleza. Recordé motivos de costumbre que suelen persuadir la libertad poseída por los pequeños, dígase; juguetes perdidos, caídas menores o destitución de horas de recreo.

He sabido por experiencia que, ciertos momentos brillan incesantemente de lucidez, al mismo tiempo que, en otros, uno navega para apenas echar a borda, una pequeña conciencia, suficiente, para sobrevivir y enterarnos de quiénes somos.

Ese niño se había empujado asimismo contra su esquema de vida hacia una esperanza. Es interesante presenciar la carrera entre la necesidad y la resignación, sobre todo, cuando de semejante dilema depende el escrúpulo que, afianza nuestro ser o destierra nuestra fraternidad.

Su rostro turbado por el hambre azotó una sensibilidad desde hacia tiempo dormía en mi comodidad, asentí con una sonrisa; y tomé una a cambio de unas monedas para guardar prejuicios y evitar agrandar su pesadumbre.

El Milagro Del Indigente

26 agosto 2008

795px-Toussaint_1888_800

Un hombre desgarbado, esperaba el crepúsculo, primero que todos; luz reverencial que le exaltaba, en lo curioso de la contradicción contra su pobre e indigente condición. Confirmaba con la indiferencia de los paseantes, su amargo suplicio. Y en una paradoja agobiante; sus facultades lucidas agredían su inteligencia mucho más de lo que la locura le hubiera revelado.

Raídos complementos malogrados como vestimenta, acompañados de rastros, de un ayer. Su tristeza se complacía en una referencia, la cual había hecho suya, la puesta del sol.

En su digna lucidez del entendimiento de las circunstancias, se acogía a una conversación nocturna, que terminaba con una respuesta lógica y correspondiente a su petición; una aurora más; La luz crepuscular, común espera de todos; para él el milagro ansiado.