Archive for the ‘poesía’ category

Desencuentro sentimental

4 julio 2012

Había terminado de tomar un paseo con mis alas plegadas, la intricada red de senderos tendidos por la floresta con menguada lluvia de crujientes hojas secas y acentuadas huellas humanas me da ánimo de ponerme en busca de lo que me pertenece. No me importa el sentirme acorralado y sin brújula.

No querría decirlo, pero este rodeo del cual te hablo se prolongó escurridizamente en “el tiempo” y confirmó la costumbre alicaída que me ha llevado a olvidarme de las inclemencias del clima y, crear un ambiente interior sin el cual sentiría el azote del crudo frío en ingenuo disfraz de fresco.

Advierto que; cierta distinción de tolerancia climática es el pretexto de una coma para enfrentarme con el siguiente escrúpulo ¿Quien sabe si dependiendo exclusivamente de lo que saltase a la vista ya habría desmayado “verdaderamente” y, caído entre las quebradizas hierbas, yaciese entre sombras arbóreas?

Desanclado de reticentes titubeos quiero ponerte de frente esa íntima joya de mis memorias, a ti que otras veces me diste la espalda y la silente negación porque según tu franca confesión reía cuando debía llorar y lloraba cuando debía reír, dicotomía extravagante e incontrolable, quizá infranqueable azar de mi destino.

Haz de conocer inoportunamente que no supe corresponder a sentimientos ajenos cuando estando enajenado de ellos aspiraba a hacerme “Amigo tuyo” y nada más, no profundizaré en este inconcluso punto hasta lograr rendirme en un afecto mucho mayor.

Allí, justamente, en el mismo brote del corazón de savia tengo bajo secreta llave el acumulativo esfuerzo que hunde mi palpitar en profundas voces, tu dulce trato sobrevive en ese tempestuoso mar de alfas y omegas, olas que van y vienen alternándose en altas y bajas mareas, dime ¿cuanto más me valdría mi oculta aprensión? me ahoga mucho más de lo que me da vida.

Es duro darse perfecta cuenta que, la noción del tiempo jamás fue quehacer de grandes metáforas ni de extraordinarias conclusiones y aunque el pronto auxilio de una lógica práctica y superviviente me conduzca hacia un mejor camino simulando el tembloroso brazo de una madre angustiada por el hijo amado y, pronto me cierre otros andares plenos de matices grises, yo sobre toda consideración de ponerme a salvo recomenzaré mi resolución de estar ya en marcha.

Hay algo soñador en mi proceder, ¿no es cierto? Pero de tal forma creo respirar mi existencia con mayor expresión y justificación ¿habré sobrevivido? o siendo alma errante no me doy cuenta que camino en círculos.

Dejando en claro la desbordante ansia que me alimenta despiadadamente como transparente e inextinguible brea ¡Oh llama de la voluntad! me atreveré, como has logrado prever en mi gesticulado rostro; marchito cariz de insolaciones filosóficas, a entregarte un crítico encuentro débil en principio aunque acerado en mi memoria poco después.

Desde pequeño atestigüé el vértigo de los años y su connotación en el infortunio, me haces tanta falta cuando mi aliento es sólo eso y nada más, cuando te acercas cobra el cauterizante sentido de evocaciones pasajeras entre besos y corazonadas alcanzables ya a través de insensibles inscripciones sobre roca calcárea no obstante es mejor tenerlas así que prescindir de ellas.

Desactivado estoy de cualquier arrebato de sentimentalismo, me es útil para no juzgarme tarde y endeudarme con la verdad, bien sabes “recreación inmortal de mi universo” cuando se escapa alguna inconveniente palabra el sol que era sol se vuelca sobre la densa oscuridad.

Seguramente sostendrás con álgido escepticismo el argumento de imposibilidades materiales ante tal hecho, pero ¿acaso los sentimientos no duermen y despiertan también en razón de diferentes ciclos del alma? Desprovisto de semejante susceptibilidad expreso este viso de verdad que es tu diario vestido con el cual cubres mil dolorosos desencuentros nuestros.

No deseo entregarme a vanas explicaciones después de haber sugerido un rompecabezas imposible del cual formo parte, muy por el contrario, como inquieto observador de la vivencia humana quiero restringirme meramente a dar parte como alguien que cumple con su deber y propósito.

Pues bien, de vuelta a aquél merodeador andar dentro del laberinto boscoso en donde los pequeños detalles se enzarzan trabajosamente en esta trama, te adelantaré mi primera impresión de cuando estando cerca, ¡que digo! muy a la par del camino saliente que bifurca hacia la luz y la oscuridad, fui arrebatado, muy despacio, junto con mis agudos sentidos hacia un pasaje que corría desde mi infancia hasta este día.

¿Te das cuenta? un todo en la palma de la mano de un sólo golpe. Me asombraba que pudiera quedar, inmedible de tiempo, suspendido en espera de que la temblorosa aguja con que se fija el contrapeso en los platillos de la balanza se aquietara; depositaria de la vida y la muerte; zigzagueante para determinar el recuento último.

Asilado en el apretado pensamiento de que todo pasa y es preciso conservar la calma, me adentré, yo espía, con la mirada en lo que parecía el final de aquellos sendos caminos a fin de poder vislumbrar más y mejor. Alcancé su otro extremo alargando la vista tanto como me fue posible y, pronto sentí el poderoso impacto arácnido con que se ciñe toda una vida.

No tendría ningún caso si mi descripción descansará mansa y literariamente en aquellos términos cual cuna ahondada y repleta de sueño a menos que te mencionará que tal circunstancia era parecida, sin más ni menos espasmo, al momento en que se presiente el repentino temor con forma capaz de herir.

Seguramente piensas aconsejada por la experiencia propia que algún acto pasado, quieto y deslumbrado yo allí, carcomía mi conciencia y se aprovechaba de mis debilidades hasta hacerme imposible la lucidez, más no fue así, no luchaba ni me resistía, diría que convertido en una minúscula partícula separada por el viento flotaba al respiro de esta nueva y ágil naturaleza.

Las perspectivas se habían vuelto nada mientras los sentimientos eran nombres y no expresiones del alma, trataba con todas mis energías de probar el húmedo correr de las lágrimas y en su camino depender absolutamente de su poderío que no es otro que hacer florecer imágenes y aclarar moribundos recuerdos “vivir una vez más” pero la rotunda desarticulación en la imaginación en que vivían acertó un incomprensible misterio ¡cuantas veces me basto rendirme al llanto para alcanzar mi propia reconciliación!

Convencido de mi colosal esfuerzo aunque fallido, intente de igual manera como lo hice con las lágrimas abrasarme feroz a la desesperación, más aún, el corazón no latía, no estaba; un vacío incalculable ocupaba su espacio si bien podría embonar trabajosamente un desperdiciado vocablo para referirme a él; una omnisciencia insospechada, desencajada y absurda.

Llanas paradojas de todo lo que la memoria resguardó celosamente de la mano del recuerdo, insuficiencias explicativas convertidas en trampas sin etimologías definitivas, un fantasmal camino sin señalizaciones.

En este pendular punto, consolidé mis sospechas de haber perdido el añadido esquema que conmueve y ama. ¿Cuando solté de mis manos la tierna esperanza? ¿Cuándo cayo estrepitosamente sin que yo la escuchara? Esta pregunta la hago para mí porque lo atemporal riñe conmigo ¿quien fructificó a costa mía y de mis errores? ¿Qué campo de muerte abone ciego en el torpe temor de quedar sembrado en él?

¡Mira, de que estoy hecho! Estatua de sal y nada más, campana que suena, escarnio de la virtud, hibrido mitad ángel, mitad humano; reconstruido de aplausos vanos y mortíferas melancolías inmerso y empapado en doliente ciudad de replicas espectrales. Cielo raso sin estrellas ni hermosas poesías ¡Cristal roto!

¿Y porque sigo aquí? te preguntarás después de acicalar la forma y el gusto de las letras sueltas; pues bien, cuando tus ojos se pierden en los míos tengo el término y no logro respirarlo con mi espíritu, es un centro sin coordenadas hacia donde no se puede inclinar la disposición de los preciados sentidos, es tu incomprensión mi ciencia desdibujada.

¿Habré muerto sin darme cuenta? Pero tú insistes en hacerme sentir dentro del inhabitable plano, lindo rasgo cuando desarmábamos nuestros inertes momentos en roce de mejillas candorosas. Somos tal para cual o fuimos tal para cual, no sabría dar razón de uno u otro “momento”. Aunque las palabras son mi estructura elemental, recuerdo aún, porque has de saber que es lo único que ruge en mis posesiones; el conocer y no comprender.

Reflejos

14 julio 2010

En aquella hora matutina, desde el traslúcido cielo un tímido sol traspuso placentero el cristal de la ventana para luego en haces de luz ceñir ávidamente a su paso libros decantados: adormilados por la vaga continuidad del tiempo. Cada sombra, ya sea física, ya sea del tedio cotidiano, escapaba ante su imbatible presencia.

Y he ahí, La innata discreción de Lucia, mi querida abuela, quedando una vez más al descubierto; tan cerca del perfil materno se le ve rozando con sutileza extrema y llena de ternura el paño moderadamente humedecido contra el histrión de trapo y madera.

¡Que insólito avistamiento! a fin de compartir mi experiencia emotiva digo que; esta me dominó con el mismo asombro causado por las aves cuando se las ve por primera vez volar ingrávidas y perdidizas en el difuminado lienzo del horizonte.

Entre sus manos, enclenques, una marioneta de débil naturaleza, yace desmayada; sus extremidades parecen muertas. Muestra escasos rastros de celebérrima teatralidad; un grácil rostro embadurnado de polvo junto con un atuendo ágil al viento e imaginación diríase una oscilante vela mecida por el vaivén de la expectación.

 Sin forzar la vivida anécdota, falleciente remeda las contorsiones pertenecientes al cuerpo y carácter humanos con cada turno que queda por desempolvar de su anatomía, seguro, como parte de un acto reflejo al llamado de la excitante obra que quedo hace mucho tiempo atrás.

Sus recios hilos han sido cortados por un contratiempo que siempre amenazó las luminarias de sus presentaciones o quizás por alguien que atentó contra ellos.

Desde entonces su alma deambula paralela a ruidos caseros despertando la quietud del mágico recuerdo. Con todo no queda más que un remoto lenguaje cuya interpretación se intuye con la fortitud del infantil abandono.

 Concédame el lector solventar una mención análoga y necesaria de esta consideración, ocurrida en el agónico trance de una alegría perdida en el curso de mi vida; figuraba como una delicada articulación de madera a modo de brazos y piernas, en tanto que un par de ovillos de felpa aterciopelados tenía por manos; igual podría alabar su rostro aunque, por el contrario, herido confieso; me consterna su ajeno y macilento cariz.

– colócalo entre los libros… – me pide la abuela cortando los vocablos con el ajuste perfecto de la significación.

– ¿cuando renunciaras a ser un observador? hay cosas que debieras ya entender a tu edad – me reprime a quemarropa.

Entonces me digo – con que facilidad se puede suprimir el natural cauce de la contemplación – Y como quien marcha con la promesa en los ojos, me despido con un involuntario guiño, no sin antes sospechar que, dentro de ese festivo mundo de títeres e historietas debe reinar el misterio de tan celosa custodia.

Jamás, vulnerable al resquemor de su frialdad, me dejaría llevar por el influjo que pudieran inyectar sus palabras a nuestro encuentro; Ella es la referencia a una felicidad extraviada en la primera infancia…sí…es mi abuela.

Envuelto en este singular acontecimiento llegó la temporada de lluvia. Encantado sublimé su estancia, abrazado a ella me arriesgue a coquetear con la poesía. Un fenómeno natural que dispensa un reservado lenguaje cual calidoscopio en cientos de reflejos admirables.

Sólo basta prestar oídos, y alzar la vista para descubrir un mundo perdido. Algunas veces doy sin quererlo así con el gozo inenarrable de chapotear y perfilar los barcos de papel conmigo a bordo. El viento del recuerdo es toda mi previsión para hacerme a la mar y quedar maravillado por la estela de su recorrido.

Doy a continuación cuenta de una de esas conversaciones con la lluvia; a ciegas, arrebujado bajo las sabanas, la llovizna con ritmo trepidante suele golpetear los muros al tiempo que los aleros prestan bien el efecto del eco a esos lejanos aplausos, con mis gracias de niño soy capaz de enfrascar toda la felicidad en unos cuantos segundos.

De la mano de esa evocación, dejo que aquel amigo, corra libre de un lado a otro con sus diminutos pies en ese escenario que únicamente le pertenece a él, en contraste con la orfandad que hoy le mantiene inmóvil en aquel pliego de madera, refiriendo con silencio un desenlace aterradoramente trágico; el lacerante olvido.

Me empuja la idea de levantarme a medianoche aliado al crepúsculo, cruzar descalzo la sala, sortear la sonoridad de los grandes espacios, y de una vez por todas, sanar mis remordimientos tomándolo y restaurándolo, pero, puede que lejos me halle de depositar en él su jubiloso espíritu.

Dos días hace que, la abuela Informó solemnemente, sentada a la mesa con una humeante taza de te describiendo fantasmagóricas volutas de vapor, sobre despojarse de algunos pequeños bienes de valor sentimental con la mirada completamente vacía, e inmediatamente he sentido un vuelco en el corazón…

Su apagado tono de voz me conduce a pensar que está por deshacerse de ese personaje que, creció con nosotros, y perdió su independencia cuando, del otro lado de la borrosa ingenuidad, la inteligencia, nos explicó: de sus andares, su voz, y su fragilidad.

– ¡Es tiempo de actuar¡ – pienso, arrebatado por la incredulidad, resistiendo al impulso de ponerme en pie y abalanzarme con la fuerza del vértigo a un rescate insospechado para el buen juicio. Se puede arriesgar la probidad por un ser humano pero por un….

A ella le debe asistir una especie de discernimiento sobrenatural sobre los pensamientos que le son antagónicos. ¿Porque de tal conjetura? pues, se ha anticipado a mis escrúpulos dejando ver una azarosa pretensión.

– Un proceder contrario a mi voluntad rendiría mi salud…hasta el lecho de muerte – como flecha asestada en el blanco, me ha alcanzado con cada una de sus palabras y la suerte de su efecto me ha dejado sin aliento; sin la más mínima oportunidad.

Nunca he sido amigo de la superstición, no obstante, el dilema presentado cobra un claro matiz timorato del cual me voy alejando paso a paso de él hasta alcanzar los setos aflorados en los márgenes del pórtico.

Lidia, mi hermana menor, con adorables 12 años parece compartir mi angustia. Sentada, ladea su cabeza sobre mi hombro, gime un poco, y después ahogando un sollozo me interroga; ¿regalara a “fred”?

Agradezco que, haya aventajado con su colosal libertad a mi cobardía de preguntar sobre el posible paradero del desfallecido “fred” y que, aun se haya atrevido a pronunciar su nombre.

La miro y siento tanta pena por ella como por mí. Es pequeña pero su pequeñez es más grande que el molde de fe acoplado a mis más grandes proyectos. Mi confianza se ha hecho añicos tras mis ojos empañados.

Tengo mi propia versión de lo que da vida a una corazonada y esa es que cuando más de uno coincide en un mismo pensamiento, la hora y el lugar de la persona o cosa en cuestión están fijados.

A partir de aquella advertencia; preví vigilar el entorno. Disimulé mis movimientos por toda la casa. Debía dar la cara por Lidia. Debía probarme que soy capaz de escuchar la voz trascendental de su corazón.

Con esa premisa me hice de un pequeño repertorio de preguntas prácticas para justificar el merodeo por las repisas y envoltorios nuevos en busca de evitar la inminente desaparición de “fred”, de…su rapto.

Cualquier reojo de Lucia aparentaba el principio del fin para lo cual ofrecía mi artificial y pronta ayuda con el propósito de romper aquel designio. Tantos actos de bondad de mi parte debieron de suponer un signo delator del rescate pretendido.

Ella debió comprender la trama de tan obsesivo desenlace pues no tardó en seleccionar objetos. Diariamente al echar un vistazo sobre sus visibles pertenencias el panorama Lucia progresivamente desierto.

Tras una semana. El agobio adiestró en mí una extraña manía de ver y estudiar lo fútil; sabido es que, cuando aparece la confusión, las mismas cosas que prodigaron armonía se tornan a favor de la alucinación.

De noche, he tenido ganas de orar, una jaculatoria esta en mi boca, pero al cruzarse “fred” por mi cabeza, me siento culpable y preso de la locura. Los seres humanos necesitan el milagro, los objetos el cuidado.

Me he despertado sobresaltado en las madrugadas; ya suman varios los días en que un sueño recurrente se ha agazapado en el umbral que encamina a esa otra dimensión. No importa a donde mire, el guión siempre es el mismo.

Y esta historia se escribe y sobrescribe; aliñado de soldado presumo mi envestidura, el metálico yelmo brilla y esconde mi rostro más no mis intenciones. En lugar de esgrimir la espada, llevo conmigo un carrete desenvuelto de hilos que sangran mis manos.

Lanzo una puesta en guardia, sin embargo, de entre las paginas de los libros asoman, náufragos sin nombre, desesperanzados prisioneros de guerra, y condenados a muerte. Los codales y la gola puestos sincronizan fielmente dos palpitaciones amigas.

Todos a una, proclaman – ¡hay cosas que debieras ya entender a tu edad¡ – mientras mi abuela postrada en un ataúd dice – te lo advertí – entonces grito…y pronto guiado por la intensidad de tal proyección, salto en vilo a la experiencia táctil del santiguamiento que me da seguridad. Son las 6 de la mañana en punto, sentado en mi cama me pregunto de qué forma me he liado a esta pesadilla.

– Basta – me digo en voz alta, intentando conjurar la ponderosa manifestación onírica al tiempo que inspecciono la palma de mis manos.

Ya en el comedor, respiro mejor la realidad de la vegetación que vive lozana tras el ventanal, la luz prófuga del exterior vuelve a calmar la ansiedad dejada por los fallidos colores del heroísmo pintado de ensueño. Escondido su rostro detrás de un libro, Lidia, logra desviar sus ojos de las páginas hacia mí.

– has dejado de leer – me reprocha.

Lleva una vida trayendo libros a casa. A su corta edad ha depositado su fe en el hecho de que tarde o temprano el hábito de la lectura le traerá frutos en la realización de una novela, y yo creo, en ese principio, desde luego que su genio tiene un esplendor mayor.

¡El rudimento obligado! le llama ella con encendida pasión a la herramienta lingüística. Tiene un gusto por el buen hablar, y las palabras le fluyen incansables. Me gusta escucharla como se expresa, lo sabe bien, y se complace en compartir conmigo.

– Has desmejorado físicamente en estos últimos días – señala con gravedad.

Mi mente duerme y no tengo fuerzas. Únicamente acierto a responderle.
– ¡No es nada! –

Entonces, me llama con amor fraterno.

– Hermano, luces como quien ha perdido algo –
Quiero contarle, pero ni yo mismo comprendo lo que esta pasando en mi interior.

– ¡Francisco! – me llama gritando la abuela del otro lado de su recamara. En un abrir y cerrar de ojos, estoy frente a ella. A mis pies tres cajas de cartón me esperan con nudos trabajosamente apretados.

Los estantes se encuentran libres de objetos. La ventana abierta de par en par trae la fragancia de las rosaledas y en su vuelo la fantasía de impregnarme de un rocío aromático de lucidez.

Lucia ríe las palabras, pero no me atrevo a preguntarle porqué. Su aspecto angelical me desnuda el alma. Aquejado vivo, pero sobrevivo llevado de su mano. Los cristales rodantes de mis lágrimas alumbran un espejismo ensombrecido.

– He vaciado de esas cajas todo cuanto estorbaba al buen vivir – alegre me da la noticia.

Me inclino para tomar los envoltorios, resignado a respetar la idea que tiene sobre estos. Me cuesta respirar. Las sombras se descomponen poco a poco si inspiro profundamente el aire disponible.

– No te levantes -me dice cariñosamente.

entonces me doy cuenta que el sol sigue brillando y que quien se inclina hacia mi es ella. – La fiebre pronto pasara – me conforta.

Me muestra entre sus manos las mías. Lidia descansa su cabeza sobre mi pecho lloriqueando, además creyendo que la dosis remediadora de mis males atañe a la supremacía del lenguaje, agrega – has dejado de leer – en un tono balsámico que nunca la abandona. La frescura del pañuelo sobre mi frente igual refresca mi realidad. El reloj se ha detenido justo en punto de las 6.

Poetisa

9 enero 2010

Quisiera beber la pócima que altera los sentidos y lo vuelven a uno poeta. Siempre me he preguntado sobre la moción de los poetas para que en alas del viento o de los océanos se arrullen. Si la fuerza humana entendiera de proporciones el pensamiento caería prosaico, pues, no puede nada contra su entorno.

Sin embargo, el mar cerca de las rompientes se esmera por conquistar al vigía asignado a la tarea de apostarse a resguardo. Los mismos cielos tachonados de estrellas se dejan caer mansamente a lo largo del camino; una huerta nocturna de flotantes frutos celestiales a merced de aquellos o aquellas.

La luna, algunas veces, rielando sobre las aguas dispone el manjar de la lírica expresión, otras tantas; frente a aquel espejo se viste de colores engalanando las caminatas de quienes buscan en tal actividad esclarecer sus vidas.

Ante todo esto, yo mismo, asombrado miro por detrás del hombro de la poetisa para observar el escenario que me plantea y lo único que logro ver; es su rostro argentado por la visión.

El otro día cuando me visitaba la desesperanza terminé abrazando a una de ellas; el dominio de mi mismo capituló y rendido, aun con la cara hundida en mis manos sollocé.

Me gusta soñar despierto, pero referido al caso, bajo aquella cortina de lágrimas, me salió al encuentro la verdadera naturaleza de aquel extraño ser; un ave mensajera capaz de entablar comunicación con los elementos desprovistos de conciencia.

En las mañanas, tardes y noches me asomo discreto a este mundo, para captar la belleza de sus palabras gravadas en alguna parte del universo, y no pocas en sus corazones.

Atardecer

7 febrero 2009

red-sky-after-sunset-author-magnus-rosendahi

Atardecer

Tengo que admitir que, al ver ponerse el sol; me asaltó el deseo de tomar una dotación de acuarelas, y con pincel en mano; captar aquel atardecer, sutil, quieto pero igualmente fantástico, en un papel.

Sentí la conciencia del tiempo increpar mi insensata ocurrencia; deseo de poseer para entregar jubilosamente al recuerdo tan preciado bien; a manera de panacea para aliviar desamores. Teñido cómo por tinta viva, se encontraba el horizonte; seguramente desde aquí hasta allá, mi corazón salpica con un vestigio; que celebra tu nombre.

He prescindido de los rudimentos necesarios que se establecen para dar prueba de esta tarde; y no obstante, cual apacible niebla; se mueve hacia mí, al acariciarte en lo secreto del amor.

Te anhelo

10 enero 2009

Anhelo la lluvia. Cada vez que escucho su golpeteo, siento mis sentidos recuperar su cabalidad. Corro riesgos con el frio de invierno, los días repletos de una locura llamada recuerdo; a una voz, se hace escuchar la marcha de unos pasos que distan del silencio que otorga la distancia; su desaparición les ha convertido en el estallido que sacude mi alma.

El borboteo de la lluvia, calando suavemente por entre el derroche de recuerdos, es el único elemento natural del cual puedo sacar partido a favor de mi estancia en la cordura.

Dos Estrellas

28 agosto 2008

800px-pleiades_large

Has cubierto con tu mano, dos estrellas del firmamento, y con loco afán por describir lo que se encuentra en tu atmosfera, las has empujado, casi diría forzado a hablar. Los nudillos delatan el deseo de retención que ejecutas sobre ellas. Abres tu mano, como quien teme extraviar algo preciado. Y apenas atisbas su esplendor, tu voluntad se reprime sobre esta luz matinal.

Pues la extensión de tu brazo, amplitud del afecto humano, confundió con su luz la distancia irreversible entre esta y aquella.

Mi pensamiento suspiró, dentro de su laberinto verbal, comprendió que aunque la distancia desengaña, al mismo tiempo se aproxima a la velocidad vertiginosa; en su trayecto el pensamiento jamás tropieza. Así es que te regalo dos estrellas del firmamento en la modalidad de la palabra. El nacimiento de ambas está en el molde del pensamiento. Tus manos fueron su refugio, mis palabras fueron su libertad.

Mirada Congelada

26 agosto 2008

sunny-snowy-fields

Me expuse al calor de la mañana, registraba cada segundo de la lectura ambiental; tu mirada estaba congelada; el arribo de la ternura, abrió los exámenes microscópicos que de ella llevaron a cabo los fragmentos de un corazón palpitante; lento en su oficio de prodigar, pero pronto en dejarse acariciar.

La comisura de tus labios, advertían con la amenaza del tartamudeo, cualquier atentado contra la sonoridad verbal. Al tacto, mis dedos protestaron, dejando presentir lo insoportable de aquella frialdad.

Tus cabellos, tintineaban caprichosamente, cerca de mis reflejos, para no ser manipulados por manos torpes y quebradizas.

Lo irreconciliable; luz mañanera y frio polar; se amalgamaban ahora, para aleccionar al recuerdo. Que haces ahí parado me dije, y el consentimiento de esta sinopsis de tu encanto, corre para escaparse, mientras tu a la distancia constituyes una vez más tu ternura con tu sonrisa; cuando te vallas, quizás vuelva a bajar la temperatura.