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Dulce contacto

18 febrero 2011

El chasquido proveniente de la fogata va y vuelve como el lindo arrullo que se da entre nosotros al dulce contacto de mejillas. Un medio que desde hace algún tiempo tengo para dulcificar el trato con la adversidad y su cometido de hacerme la guerra en condiciones desiguales.

Asómate por la ventana y deséame suerte. La inclemencia de invierno pactó a mis espaldas estremecer nuestra anhelante entrega, lo sé, por la forma tan discreta de calar los sentidos hasta desvanecer la cordura.

¿Sabes? su capricho cual infantil rebeldía nace tan pronto como de nieve cubre las calles y, se prende de los techos con el fin de sentenciar la tarde al anonimato. Obligado estoy a comprender su efecto en mí.

Por eso me atrevo a decir que; algunos, bajo estas circunstancias, al corazón le llaman “guarda” de sentimientos; para mí, es un lugar desprotegido, no es refugio de nadie ni siquiera de quien reserva el primor de la palabra para engalanar la inspiración porque ésta existe sin aquella.

En el pasado el mismo cupido lo volvió depositario de íntimos secretos y ganó fama gracias al poeta y a la poetisa; reflejos de un universo extático al cual debo el indicio de un cielo compuesto de luces y revelaciones que me salvan de la desnudez invernal.

La fronda desaparece, el esplendido paisaje se resguarda con increíble misterio. Ya en la ciudad el blanco tapiza las banquetas y el derredor pero nada puede contra el fomento de tu amor hecho beso.

Poetisa

9 enero 2010

Quisiera beber la pócima que altera los sentidos y lo vuelven a uno poeta. Siempre me he preguntado sobre la moción de los poetas para que en alas del viento o de los océanos se arrullen. Si la fuerza humana entendiera de proporciones el pensamiento caería prosaico, pues, no puede nada contra su entorno.

Sin embargo, el mar cerca de las rompientes se esmera por conquistar al vigía asignado a la tarea de apostarse a resguardo. Los mismos cielos tachonados de estrellas se dejan caer mansamente a lo largo del camino; una huerta nocturna de flotantes frutos celestiales a merced de aquellos o aquellas.

La luna, algunas veces, rielando sobre las aguas dispone el manjar de la lírica expresión, otras tantas; frente a aquel espejo se viste de colores engalanando las caminatas de quienes buscan en tal actividad esclarecer sus vidas.

Ante todo esto, yo mismo, asombrado miro por detrás del hombro de la poetisa para observar el escenario que me plantea y lo único que logro ver; es su rostro argentado por la visión.

El otro día cuando me visitaba la desesperanza terminé abrazando a una de ellas; el dominio de mi mismo capituló y rendido, aun con la cara hundida en mis manos sollocé.

Me gusta soñar despierto, pero referido al caso, bajo aquella cortina de lágrimas, me salió al encuentro la verdadera naturaleza de aquel extraño ser; un ave mensajera capaz de entablar comunicación con los elementos desprovistos de conciencia.

En las mañanas, tardes y noches me asomo discreto a este mundo, para captar la belleza de sus palabras gravadas en alguna parte del universo, y no pocas en sus corazones.