Archive for the ‘recuerdos’ category

Muerto en vida

23 enero 2014

Sad

No se mueve, dijo ella. Y supe de inmediato que, con la anticipación de una sentencia así, el resto estaba dicho. Apretó mi mano después de haberle tomado el pulso, pero nada se escuchaba en mi interior como muchas veces debe ocurrir en tales circunstancias.

Su rostro había desmejorado y cambiado de color y, me fue extraño el poder adivinar sus risas iluminando su semblante que ahora por mucho se alejaban cual alegre parvada, como el día de la noche, de su otrora dicha.

Me dije para mis adentros, que miserable es la vida, juega a hacerles trucos a los hombres, y su más fiel espectador también no pocas veces cae fulminante en la ejecución de su último acto como si se tratase de un horrible espectáculo fallido.

¿Crees que haya pasado mucho tiempo de esto? entrecortando los vocablos, alzó la voz preguntando, llevada sin control por el dominio de las emociones sobre la serenidad. ¿Acaso importa eso ahora? Respondí, sin experimentar sentimiento alguno.

Me hubiese bastado con dar la media vuelta y dejarlo todo, incluso sacrificando la compañía de la concurrente, mi compañera, pero resistí con el coraje que se tiene ante una tormenta que pasa y únicamente amenaza con arrastrarlo todo. Dirigiéndome a la puerta añadí, ¡marchémonos! es tarde, de vuelta a casa, informaremos sobre lo sucedido.

Vocación del recuerdo

16 mayo 2013

street light

Sin estar cansado quería estarlo, sin esperar a nadie quería disponerme a hacerlo. La tarde había llegado a su fin cuando me tomé de estos caprichos. Encendí y me deje iluminar por una gastada vela que de inmediato proyectó el contorno de mi cara sobre mi conciencia.

Comencé a agitarme mientras el baile de la flama bicolor acompañaba cariñosamente mi respirar, con cada exhalación la danza renacía. Todo indicaba que mi proyecto daba resultado. Fue maravilloso perderme por unos instantes en la renovación de la llegada de mis seres queridos.

Entonces, increpado por mis ficciones me puse de pie y traspuse mi interés hacia la calle a través de la ventana. Cuanto mayor era mi deseo por reconocer a algún andante, mayor lo era también mi amistad con aquel pacto falaz.

Libre y desenmarañado de tiempo como me encontraba, uno que otro caminante se mostró familiar con ayuda de la noche. Por brevísimos instantes mi contento consiguió débiles sonrisas. Pero al llegar al candente faro que marcaba el límite de la calle, la luz de este les devolvía misteriosamente su identidad de extraños.

Y fue justo en ese rocío de luz donde descubrí que no sólo se les devolvía a los seres nocturnos sus rostros auténticos, también mi corazón encontraba su verdadera bonanza y yo el descanso en mi sueño al ritmo de la última danza de mi fuente de luz.

Anacrónico Proceder

14 mayo 2013

woman

Ya aclaraba el día cuando resolví dirigirme a la puerta marcada con el número once, ya para entonces invadía a mi alma la sombra de la superstición. Aquél, el signo numeral, hecho de metal, se columpiaba un poco hacia la derecha cada vez que ella dejaba ver su macilento rostro al empujar la puerta.

Costumbre suya era la de entornar la misma detrás del oscuro e intrigante silencio acumulado a sus espaldas; bien para encargarse de quien la solicitaba, bien para juzgar por si misma su entorno. Era esta segunda actitud de feroz curiosidad, la que raptaba mi suelta imaginación, pues, una vez atrapado por su detectivesco escrutinio difícilmente podía recuperar la serenidad.

He perdido la cuenta del número de veces en que creyéndome magníficamente fuerte presencié incrédulo el fatal desmayo de mi carácter frente a su esbelta y encorvada figura. Seguramente sus lúgubres facciones como gotas de una tardía lluvia se precipitaron hacia un fértil espacio de mi corazón en donde germina la semilla de la humana compasión.

Sus crepusculares ojos sometían a los míos a vivir una sensación hipnótica que enturbiaba mi manso ánimo, desde luego, la realidad observable que me rodeaba venia en mi auxilio insistiéndome al igual que una madre lo hace en medio de las tinieblas con su hijo, no hacer caso de esta traicionera inflexión de su fisonomía pero su reveladora intención llegaba justo cuando ya padecía el efecto de aquella sobredosis de deteriorada humanidad.

Este preludio es apenas una pequeña nubecilla de la total y cruel tormenta en que se convirtió mi vida sin ella. Con los años he buscado incansablemente una respuesta que alumbre una vez más mi paz, estando preferentemente a solas, pero ya no tengo dominio de mí mismo contra lo que creo se trata de su visita sobrenatural.

El origen de mi pesadilla brotó cuando gozaba de una plenitud de bienestar en mí ser, esta quietud de espíritu, sin darme cuenta, había dispuesto mi voluntad para buscar lo sublime y etéreo. Pero entonces tropecé con el peso de su misteriosa existencia que poco a poco se trasformó en agobiante bruma.

Corría el año 2003, a principios de abril. Había pasado una larga noche, insomne, debido al momento que estoy a punto de contar y del cual, aunque le sufro, doy testimonio; para llegar hasta allí, a su domicilio, en donde su pálido rostro inerte se asomaba para dejarse contemplar, primero tengo que conquistar las difíciles escaleras que serpentean locamente y lo vuelven a uno precavido.

Mirando a mí alrededor, con el instinto de los que son perseguidos, intente descifrar aguzando mis oídos los silencios. Me pareció que todos dormían profundamente todavía. Así, cuidadoso de mi proceder acariciaba al mismo tiempo el sueño reparador que había perdido la víspera.

El alba ya guiaba mi caminar con su luz vertida y atrapada celosamente en el domo agrietado por las lluvias y el viento. Este trayecto abovedado era obligado y servía como conducto para tomar escaleras arriba. Supe que era la ingenuidad quien me conducía, por mejor decir, el deseo de llegar a su encuentro.

De una cosa estaba seguro y ello contribuía a no dar marcha atrás, sentía una terrible ansia por tenerla cerca. El ambivalente sentimiento por ella originó una sensación de dulce y pueril estupidez que evocó recuerdos inocentes que creía desdibujados por el paso del tiempo.

Doblé el discreto recoveco situado entre el fin de aquel túnel y el primer escalón que abre el libre andar camino arriba. Me aseguré de que nadie observaba; me sentí dichosamente protegido por mis precauciones y halagado con mí inteligencia.

Cuando hube alcanzado la segunda planta del edificio volví la espalda al recorrido escalonado que se deslizaba interminable desde esa perspectiva y entonces un extraño vértigo se apoderó de mí sin darme tiempo a rectificar mis intenciones.

Como si temiera caer a un profundo vacío, me alejé del rellano desesperado por afianzarme a algo pues era todo un nudo de nervios. Reflexioné del porqué de mis temores en mala hora y cuando la calma esperaba algún mérito.

Seguí caminando pero a pesar mío aún me agobiaba el percance con aquel desequilibrio mental, se apagó mi vista unos instantes y tallé mis ojos. De golpe ya me encontraba frente a una densa multitud de niños cerrándome el paso. Aún no percibía si a apropósito o involuntariamente. Sólo después advertí una dolorosa hostilidad.

Como pude rompí aquel muro humano que lo fue más por mi incredulidad que por su fortaleza. En la medida que fui abriéndome paso, sentí sus pequeños brazos ceñirse férreamente a las muñecas de mis manos. Por un brevísimo instante, se despertaron en mí oscuros sentimientos de opresión.

Quizá esos sentimientos se avivaron porque iba ciegamente pensando en ella y en nadie más. Sé mejor que nadie que las robustas sombras pueden amenazar cernirse sobre nuestras libertades cuando todos nuestros sentidos toman sólo una dirección, los objetos y el derredor no constituían otra cosa que un aire de indiferencia.

Entonces por vez primera dude de la continuidad cronológica de aquella noche que había pasado sin dormir y este caminar mío. Advertí que no amparaba ninguna puerta aquella morada en la cual esperaba mirar una vez más su rostro. Los pequeños me insistían aguardar y trataban por todos los medios de hacerme volver en sí.

Parecía ser su consigna evitar el acceso al lugar, porque, una temerosa voz, se escuchó entre ellos.

– ¡No le permitan la entrada, si no se volverá loco como la última vez! –

Es cierto, pero siempre lo olvido, ella se ha marchado desde hace un buen tiempo para nunca más volver, nunca dijo adiós. Y aunque no creo haber perdido la razón, entre sueños, me sigue observando calladamente. La semilla plantada en mi corazón por ella ha crecido tanto que, ahora ahoga el sentido real del tiempo.

Alucinante lluvia

4 marzo 2013

rain

Desperté, tras unas heladas rejas. Mi corazón de estar en paz se agolpó lleno de ansias poniéndome de pie pues la incertidumbre toda se apoderó de mí y, mi alma se eclipsó por este intempestivo trance. La mortecina luz; huésped sombrío, sin origen aparente, oprimía mi obligada vigilia.

Escuchaba decir frases sueltas, pero algo me impedía observar quien las pronunciaba, además se diluían conforme esta nueva experiencia me esclavizaba con su terror. Lo que tengo por cierto es que esas palabras contaban mi historia terrenal de un modo terminal.

Dentro del cautiverio, los barrotes se dejaban ver cortados y peligrosamente filosos. Miré en derredor y me encontré repleto de osamentas cascabeleando ruidosamente bajo el movimiento de mis pies siendo estas verdaderas advertencias de un desenlace terrible.

Más allá de este encierro a través de los metales, resplandecía muy apenas un tímido fulgor de algo que no se dejaba ver del todo. Comencé a sentir un frio polar y fue entonces cuando una ligera lluvia comenzó a caer fuera de mí celda, no siseaba ni se escuchaba alegre como alguna vez en la infancia de mi memoria.

Este acontecimiento lejos estaba de inspirarme belleza alguna no obstante pesaba tanto como el vestido de duelo en mi débil espíritu. Mi expectativa de su pronta y fecunda dispersión se convertía en un espejismo antes de precipitarse y bañar el suelo que por otra parte dibujaba grotescas siluetas con agrietadas y sedientas bocas en su superficie.

La delicada y ligera llovizna es capaz de registrar ensoñadoras sutilezas de la realidad a lo largo de nuestras vidas y hacerlas reaparecer cuando vuelve a ocurrir espontáneamente, incluso las hace románticamente embriagantes, pero ésta me arrastraba con pesadas y ruidosas cadenas hacia insoportables recuerdos de amargura. ¡Oh, miserable de mí!

Una desproporcionada y vacilante sombra que tuve por rastro visible de un celador, en una primera impresión, irrumpió poco después al verme en este estado desolador en que me consumía y, clavó su cabeza en las rendijas casi quedando la mitad de esta dentro, me corrí instintivamente hacia atrás.

Fue entonces cuando su camuflada figura se transformó en salvaje fiera cuando le tuve tan cerca, unos espantosos gruñidos le descubrieron un horripilante hocico, su vaho bloqueaba aquella vista de luz situada en la esperanza. Mi primera imaginación me había engañado con su indefinida forma recortada por este insufrible mundo de caducas percepciones.

Su odio contra mí se derramaba. Atestiguo que, no cabía éste en los más rencorosos corazones humanos, pero no parecía desperdiciarse sino por el contrario renovarse cual brea de fuego que no se extingue y, su mirada tan amenazante, hundida en las cuencas de sus ojos, me infundía pánico tras pánico.

Entre sus espeluznantes manos empuñadas sobresalían sus garras y mientras más fuerza ejercía sobre ellas mi esperanza se secaba con las falsas gotas de lluvia. Entonces, comprendí muy claramente cómo mis enemigos no teniendo carne se habían burlado de mí al haberse aliado con los mortales haciéndolos viles esclavos; cómplices e imitadores voluntariosos de ese cruel odio.

– ¡Atrás! – protesté desencajado el rostro y lleno de revelación.

El estallido de sus risotadas hicieron resonar los metales y la flaqueza de mis fuerzas surgió cuando me vi sin ningún medio de defensa frente a este espiritual tirano. Las gotas de lluvia de súbito quedaron sin movimiento en el aire, mi respirar se entrecortó y temblé horrorizado, de igual manera que cuando el cambio drástico de un factor dentro de un todo se toma por signo último y fatal.

– ¿crees que te has soltado de mi mano? – vociferó y, su reproche se hizo mil voces anulando mis pensamientos que al momento buscaban la luz eterna.

Entonces, entre aquel ruido caótico, verdadero obstáculo del discernimiento, me acordé del cordero y de su visita aquel día en que mi corta vida era una fiebre de inconfesables amoralidades. Fue aquí, en este punto, cuando me deshice en un desgarrador llanto y agregué;

– ¡Confieso que de él es la misericordia, y fui alcanzado por ella el día que me ofreció abandonarme a su santo nombre! –

El resplandor que parecía lejano amplió su horizonte hasta mí en ese instante e inundó de cielo mis dudas sobre la extensión de su mano santa hacia mí. ¡Oh, cuan ligera se volvió mi carga! Y que falto de entendimiento me sentí al verle llevarse el color grana de mis innumerables desvergüenzas.

Ciertamente la luz y las tinieblas no comparten la misma morada, diré a fin de aclarar este desconcierto que, fui arrebatado hacia el llano camino de la paz. Así me hiciste levantarme glorioso, estrella de belén, en tu amanecer cuando creía que se desvanecía oscuramente mi vida en las garras de la mortal culpa.

Soñolienta conciencia

17 febrero 2013

shaded angel

A veces cuando delicadamente recojo una de las memorias en las que te hayas tú, me gana el fervor de un esfuerzo sobrenatural porque tu repentina presencia es sorpresa incomprensible; tal vez, evidencia de mi aspiración hacia una fe mayor y, mi deseo inmediato es dejarme alumbrar por ti, posada bajo esos paradisiacos rayos de sol a los que les infundes majestuosidad.

Soy soberano creyente de mis intuiciones apenas se dibuja en ellas el angelical esbozo de tu sonrisa, mi calmo avanzar en ese brillante reflejo de tiempo me resulta complaciente estancia de una cálida mañana cuya delicia me hace abrazarme a la esperanza cual hoja salvada de marchitarse pronto.

Y luego al calor de ese brevísimo y glorioso amanecer doy fe de mis agitados sentimientos frente a un mundo mudo con la absoluta potencia de mis fuerzas como si ellas verificaran cuanto procura callar la meditada y dolorosa reflexión. No he aprendido a detenerme una vez que he sido arrebatado por este rapto de sensibilidad.

Corrías pequeña creatura, tan delicada como fuerte a través de los coloridos paisajes creados por mis profundos afectos que me parecían comunes, me gustaba seguirte con la mirada y experimentar reencontrarme contigo cuando después de tu jadeante cansancio cambiabas de dirección hacia mí accidentalmente.

En tu corta carrera llena de inocentes equilibrios reposaba mi profunda gratitud por la vida. De ti afloraba mi fortaleza recién revelada, bastión de mis serenidades. Temía no obstante muy dentro de mí que, si procuraba ir a tu encuentro podría desviar tu alegría que era mi gozo y condenar la víspera de un júbilo desconocido y reservado.

No puedo comprender, y tal circunstancia me duele más que una noche que se apaga frente a la luz de mis ojos, aquel loco instante en que mi corazón alumbrado por la conciencia se volcó aturdido para confesarte con febril vehemencia cuanto te amaba aunque ya para entonces mi corazón languidecía incrédulo frente a tu sombra.

Tiempo inmisericorde

22 enero 2013

crying angel

Me angustian tus cabellos, ideales de una ambición aprendida en mi juventud. Se bastan con un ínfimo reflejo de luz que, ni siquiera pertenece al presente para encantarme y hacerme preso una vez más. El elogio sobre ellos me conduce a tropiezos con el lenguaje y, después, lleno de una alteración avasalladora, cubro mi rostro con mis manos entre sollozos de similar forma a un náufrago que ha encontrado su salvación.

Su lozanía es dulce manantial de un alma sedienta como lo es la mía, sin embargo, el viento gélido que se abre paso entre tu pelo también ejerce fuerza contra mí y hiela mis candores, entonces la hermosura queda transformada en carámbanos terroríficos. Es la escena igual de magnifica a aquel alud de nieve que camino abajo va arrasando todo a su paso.

¡Oh mañana de enero! cetro de inmisericordes desengaños, me dejaste soñar y no tuviste compasión de mí aun cuando en hondo llanto me encontraste postrado hace algunos ayeres frente a mis penosas reflexiones. ¿Habré optado por lo fantasmagórico que por la verdad de sus sentimientos que reposaban amablemente en mi pecho?

Ruinas eternas

1 noviembre 2012

Partí del lugar de donde vivía, era de mañana cuando la luz primera da ligeramente sobre la aglomeración de casas y templa calladamente las frialdades emotivas. La fecha no la puedo recordar, a más esfuerzo que hago para sustraerla de cuanto atesoro en la memoria más lejana y borrosa se halla.

Con aquella conciencia propia advertí que, mis pasos dejaban de escucharse, y suposiciones de tiempo se hicieron presentes; un minuto, otro, y ya después, no lograba con precisión contar los siglos. Rendido en este inagotable ciclo perdí el sentido para reaparecer envuelto, sin aparente razón, en la siguiente escena.

Mis piernas andaban pero no las veía, algo se interponía entre ellas y yo, ¡eso sí! podía sentir el corto paso o la zancada deslizarse frente a mí. Tengo los detalles de la desigualdad que sentí a la par de un ser salido de la nada, el cual, fungía como guía de un escenario desolador y obligado.

En su transparente rostro no reposaba ninguna emoción amiga tampoco rastro de haber corrido sangre a través de él; de eso fielmente da cuenta mi encuentro con su apariencia. Si no fuese por su independencia vista al moverse le habría tomado por pieza de porcelana olvidada en el camino.

– ¡Deténgase aquí! – bruscamente habló frente a unas ruinas abandonadas que dominaban un valle profundo y de muerte, entonces, me cogió del brazo; impedido para avanzar, lo único sensato que se me ocurrió fue abstenerme de protesta y aguardar quieto.

Admití que, este heraldo tenía algún tipo de autoridad sobre mi destino, mi interior reconocía la adjudicación de ese revestimiento superior e indiscutible sin ninguna dificultad, la realidad de su jerarquía era absoluta e irrevocable.

En el timbre de su voz había una espantosa advertencia. No tengo la palabra exacta para medir el grado de precaución que despertó esta contradicción en mis consideraciones. Tanteé el horror nacido en mí y miré a nuestro alrededor como si alguien nos observará con mal propósito.

– ¿ocurre algo? – balbucí sintiendo que se me acababa el aire con el cual se construyen una a una las palabras. Grande presentí mi atrevimiento inquisitorio y el riesgo de haber puesto en peligro lo que me quedaba de vitalidad ya que disminuido aspiraba trabajosamente.

– ¡Aquí deja de latir el corazón humano más no su alma! – dijo con sepulcral tristeza que se me figuró una incontrolable exhalación de vida dispersa y transformada al instante en cenizas navegantes del aire sofocante.

Me vi completamente acorralado en mi interior con motivo de lo escuchado, entonces, quise volverme sobre mis pasos ¡recuperar el camino! pero el recorrido se había perdido tras de mí en una densa niebla, tan espesa como la ceguera de los sentidos.

Ya suelto como fiera en mi desesperación, alcé la vista en busca de algún astro. Buscaba alguna fugaz estrella debido a la poca luz que suponía su aparición, parpadeantes y risueñas otras veces, ahora ningún rastro quedaba de ellas, agitados golpes retumbaban en mi pecho y lo sentía estallar.

Las ruinas jugaban con esta debilidad mía, pues, de monstruosidades impregnaban las agrietadas paredes de mi alma. Y todos los dulces planes acompañantes de mis días terrenales olían amargamente, un otoño desconocido había arrebatado sus esperados frutos. Otras estaciones dominaban esta dimensión en donde lo que solía contemplar con aprecio constituía un puñado de arena.

Me vino el deseo de hacer otra pregunta pero sólo conseguí darme cuenta de que me acompañaban incontables soledades vestidas de remordimientos; así, tan pronto como tuve esta idea tan luego me percibí pletórico de dolorosa eternidad.

El mensajero provisto de luz propia giraba lejos en delicados revoloteos dos siglos atrás, con esta facilidad memorativa se alcanza lo inmemorial en esta atmosfera asociativa. Aquí los años parecen segundos y los segundos interminables tiempos acoplados a endechas jamás escuchadas por oído humano.

¿Oh, era, ahora, parte de la vida o de la muerte? Las piedras esparcidas apuntaban hacia un camino sin retorno, supe el nombre de anteriores caminantes, ese conocimiento nominal se me presentó igual que cuando un recuerdo se arrastra impunemente sin saber cómo por los recovecos de la memoria, chispeando y apagándose hasta que por fin nos deslumbra y conmueve.

Vi ídolos de piedra repletos de formas humanas; unos, regados en forma de escombros ampliaban la boca de este paradero; otros, desmoronándose ridículamente se alzaban en montículos. La opacidad impuesta en el sitio constituía un falso signo de vida que existió o que alguna vez fue.

Desconfié de mis percepciones y, en seguida, permitiéndome un acercamiento mayor a pesar de mis espantos, descubrí en aquellas grotescas formas, con mudo asombro, una ruinosa escultura en cuya baja inscripción se comenzaba a leer mi nombre. La experiencia visual se desenvolvía siguiendo el patrón de prueba error que siguen las palabras escritas y corregidas alternativamente.

– ¿Qué hago aquí? – saltó del pecho la pregunta. Aterrorizado retrocedí chocando contra un ídolo más a mis espaldas, éste era tan reconocible y no se ocultaba más tras la naturaleza humana, tomaba la palabra en nombre de muchedumbres y padecía de un llanto sempiterno que se arrellanaba en todo aquel lugar con la atroz similitud de las lluvias de ceniza volcánica que llegan a las más hondas hendiduras.

No me hagas harto recordar cómo franqueé aquella frontera o a quién debo el término de ese amenazador y desolador cautiverio, sólo me resta descubrirte que el segundo ídolo en esta tierra se conduce sin reservas morales y viste de vanidad con el favor de quienes creen en él. Sus adeptos son revolucionarios y muchos.

La carne de sus seguidores muere día con día y es sepultada allí donde la luz se apaga para siempre y en donde no hay espacio para un firmamento. La estación que custodia sin descanso ese reducto es una especie de invierno terrenal perenne. ¿Viví o morí? lejos estoy de comprender para tomarme un descanso, sólo sé que, respiro siendo otro y que, ya no vivo para mí.