Archive for the ‘reflexiones’ category

El último engaño

10 mayo 2014

children playing

La gente se limpiaba el sudor de sus frentes en la plaza central, el sol tumbado sobre las losetas quemaba y poco faltaba para que derritiera el calzado de los paseantes. Las aceras que evaporaban la lluvia del día anterior parecían flanquear el lugar público con dos largas cortinas impenetrables.

Pero yo tenía frío, y no soportaba estar de pie. El infortunio ocurrió como tantas veces ya se ha dicho cuando llega la inoportuna sensación de muerte y trastorna todo, hasta la forma en que creemos ponernos a salvo. Apretaba mi cuerpo contra algunas bolsas de basura para contrarrestar la pérdida de equilibrio.

Más lejos, los niños se jaloneaban entretenidos en sus juegos, y allí de entre ellos saltó mi rostro infantil sollozando, ¡qué extraña sensación verse asimismo de nuevo desde el principio hasta el final! Mi cuerpo se convulsionaba y el aire fresco me faltaba, escuché a alguien decirme al oído ¿hay algo que podamos hacer por usted?

Sumido entre los sueños traídos por la última agonía, confundí ese rostro cercano de quien me hablaba con el de mi madre que, en otro tiempo al lado de mi cama, decía “pronto te pondrás bien, duerme por ahora”, ¡que dulce consuelo me pareció esa imperfección de la realidad que piadosamente me ofrecía su más refinado engaño!

Sentí que las fuerzas me abandonaban y que ya no era un amigo más de la existencia, que mis anhelos partían, como aves asustadizas, de mis manos para posarse en las de aquellos que apenas vienen en camino de ser exigidos por este mundo. Todo se fue cerrando y desapareciendo poco a poco, como cuando el aire azota varias veces la misma puerta y la luz trata de meterse por última vez.

Muerto en vida

23 enero 2014

Sad

No se mueve, dijo ella. Y supe de inmediato que, con la anticipación de una sentencia así, el resto estaba dicho. Apretó mi mano después de haberle tomado el pulso, pero nada se escuchaba en mi interior como muchas veces debe ocurrir en tales circunstancias.

Su rostro había desmejorado y cambiado de color y, me fue extraño el poder adivinar sus risas iluminando su semblante que ahora por mucho se alejaban cual alegre parvada, como el día de la noche, de su otrora dicha.

Me dije para mis adentros, que miserable es la vida, juega a hacerles trucos a los hombres, y su más fiel espectador también no pocas veces cae fulminante en la ejecución de su último acto como si se tratase de un horrible espectáculo fallido.

¿Crees que haya pasado mucho tiempo de esto? entrecortando los vocablos, alzó la voz preguntando, llevada sin control por el dominio de las emociones sobre la serenidad. ¿Acaso importa eso ahora? Respondí, sin experimentar sentimiento alguno.

Me hubiese bastado con dar la media vuelta y dejarlo todo, incluso sacrificando la compañía de la concurrente, mi compañera, pero resistí con el coraje que se tiene ante una tormenta que pasa y únicamente amenaza con arrastrarlo todo. Dirigiéndome a la puerta añadí, ¡marchémonos! es tarde, de vuelta a casa, informaremos sobre lo sucedido.

Dulce compañía

12 junio 2013

Hope an bottle

Dio vuelta la botella sobre el inseguro piso bañado por la lluvia y juntamente con su violenta reacción traté de recobrar torpemente el equilibrio, ¡ha, casi me cuesta contar tal suceso de bruces y con algún hueso roto! Es cierto y, tal cual debo admitirlo, el descuido, ciego por naturaleza, me hizo dar un paso más y tropezar de lleno con la boca de su cuerpo cristalino la cual refrenó irónicamente mi maldiciente efervescencia.

Antes de suceder lo dicho, rogaba porqué el mes de junio significase clemencia y bondad para mis sufrimientos que hasta el momento habían desnudado vergonzosamente la esperanza. No es inoportuno preguntarme cuando y donde esta se soltó de mi mano y prosiguió a mis espaldas un camino distinto al mío. ¡Oh! De cuanto orgullo embriagué mis pobrezas al punto de volverme rico de banalidades. ¿Qué le sucedió al ojo de la conciencia que, advierte en la vigilia?

Nunca creí que su generoso espíritu se alojara en aquel pequeño frasco a la vera del camino. Jamás la vi venir o mejor dicho nunca me vi dirigirme a ella, me confieso parco de observación cuando me urge la preocupación de llegar a mi refugio. El espectáculo, por demás intrascendente, estaba llamado, por estricto criterio humano, a pasar desapercibido y ser tragado hambrientamente por la boca del gran universo del olvido dentro del cual a veces también resbalo y me hundo yo.

No obstante, el centro de la botella se contraía y dilataba alentado por no sé qué favor de inigualable ilusión. Dispuesta a llevar heroicamente mis cansancios saltó hacia mí, como si lo hiciese desde la estrecha cavidad de un gran corazón, ¿acaso desde ahora en eso consiste mi riqueza? En no orientar los cotidianos incidentes al rezago del gran depósito de la memoria sino a orbitar alrededor de ellos, peor demencia no podría doler más, allí donde el alivio del ungüento no cala ni surte efecto.

En toda una espasmódica mordaza se ha convertido para la corona de la lucidez; brillo esplendoroso de mis ojos interiores, este peregrinaje terrenal. Pero siendo justo con los demás mortales, confiados en sí mismos y sus posesiones, cabe preguntarse a fin de no crear enemistad con ellos, si gozando harto lleno de riquezas, ¿el mismo incidente optaría por pasar de largo y no tocar el alma?

En el caso que me ocupa, muy por el contrario, quedé absorto por la fuerza de su lealtad y lloroso por mi infidelidad. Se produjo entonces un repentino vuelco en mi alma al verla sonreír. Justifico mi estremecimiento a una hermosa reflexión de luz que vi expandirse dentro de mí, ¡esperanza mía! ¡Dulce compañía!

Esa luz tuya no es; diurna, ni tampoco lunar, es interior pero no es mía, yo tan solo me limito a recibirla como ansiada luz en la oscuridad. Eres capaz de recorrer distancias mucho más remotas de las que me atrevería a señalar con toda seguridad, dado que mi memoria más temprana es apenas un corto paso que, marca tu largo alcance al lugar en que me había perdido.

Tu rostro

20 mayo 2013

photo by Alan Murray-Rust

Estaba sentado en una de esas bancas que adornan los parques y que al mismo tiempo hacen de ellas espacios de aislamiento que oprimen el alma. Con todo mi esfuerzo rehusaba dar la bienvenida a cualquiera que con falso motivo quisiera acercarse y curiosear en mi soledad, puesta así tan de repente, a la vista y en completa exhibición.

Transitaba plácidamente una corriente de aire húmedo cuyo contacto con mi piel amenazaba desencadenar nostalgias sórdidas, tumbas frías en las que fueron enterrados mis latidos. Los que me miraban y que no eran pocos pasaban de largo y esa desatención me complacía. La soledad es mejor cuando es comprendida y se le mira de frente como a la irremediable muerte.

Descubrí con no poco asombro que a cada minuto la gente iba desapareciendo. En la visible lejanía, el puente que lleva de un extremo del lago al otro, todavía con transeúntes encima de él, desaparecía por la cada vez más intensa lluvia. Escurrían las gotas y me empapaban. Seguía sentado y nada me perturbaba ni siquiera la ligera lluvia convertida ahora en ríos tempestuosos corriendo sobre mis mejillas.

¡Despiértate! escuché a media voz, decir. No sabía bien de dónde provenía este susurro que a mi parecer, hablaba claro y con prisa. ¡Despiértate! tú que duermes entre sombras de muerte. Y como en un espejo me enfrenté conmigo mismo ¿cómo puede ser posible esto? lo es, cuando somos levantados de nuestras tinieblas.

No me opondré a ti y abriré mis ojos a la luz de tu amanecer. Mi sueño es profundo porque la solitaria noche se ha adentrado y arrastrado muy al fondo de mi alma desde mi juventud, pero tu palabra es mi luz y brilla en las tinieblas. Ahora, en este momento, ya mis ojos se abren y ven tu rostro.

Vocación del recuerdo

16 mayo 2013

street light

Sin estar cansado quería estarlo, sin esperar a nadie quería disponerme a hacerlo. La tarde había llegado a su fin cuando me tomé de estos caprichos. Encendí y me deje iluminar por una gastada vela que de inmediato proyectó el contorno de mi cara sobre mi conciencia.

Comencé a agitarme mientras el baile de la flama bicolor acompañaba cariñosamente mi respirar, con cada exhalación la danza renacía. Todo indicaba que mi proyecto daba resultado. Fue maravilloso perderme por unos instantes en la renovación de la llegada de mis seres queridos.

Entonces, increpado por mis ficciones me puse de pie y traspuse mi interés hacia la calle a través de la ventana. Cuanto mayor era mi deseo por reconocer a algún andante, mayor lo era también mi amistad con aquel pacto falaz.

Libre y desenmarañado de tiempo como me encontraba, uno que otro caminante se mostró familiar con ayuda de la noche. Por brevísimos instantes mi contento consiguió débiles sonrisas. Pero al llegar al candente faro que marcaba el límite de la calle, la luz de este les devolvía misteriosamente su identidad de extraños.

Y fue justo en ese rocío de luz donde descubrí que no sólo se les devolvía a los seres nocturnos sus rostros auténticos, también mi corazón encontraba su verdadera bonanza y yo el descanso en mi sueño al ritmo de la última danza de mi fuente de luz.

Anacrónico Proceder

14 mayo 2013

woman

Ya aclaraba el día cuando resolví dirigirme a la puerta marcada con el número once, ya para entonces invadía a mi alma la sombra de la superstición. Aquél, el signo numeral, hecho de metal, se columpiaba un poco hacia la derecha cada vez que ella dejaba ver su macilento rostro al empujar la puerta.

Costumbre suya era la de entornar la misma detrás del oscuro e intrigante silencio acumulado a sus espaldas; bien para encargarse de quien la solicitaba, bien para juzgar por si misma su entorno. Era esta segunda actitud de feroz curiosidad, la que raptaba mi suelta imaginación, pues, una vez atrapado por su detectivesco escrutinio difícilmente podía recuperar la serenidad.

He perdido la cuenta del número de veces en que creyéndome magníficamente fuerte presencié incrédulo el fatal desmayo de mi carácter frente a su esbelta y encorvada figura. Seguramente sus lúgubres facciones como gotas de una tardía lluvia se precipitaron hacia un fértil espacio de mi corazón en donde germina la semilla de la humana compasión.

Sus crepusculares ojos sometían a los míos a vivir una sensación hipnótica que enturbiaba mi manso ánimo, desde luego, la realidad observable que me rodeaba venia en mi auxilio insistiéndome al igual que una madre lo hace en medio de las tinieblas con su hijo, no hacer caso de esta traicionera inflexión de su fisonomía pero su reveladora intención llegaba justo cuando ya padecía el efecto de aquella sobredosis de deteriorada humanidad.

Este preludio es apenas una pequeña nubecilla de la total y cruel tormenta en que se convirtió mi vida sin ella. Con los años he buscado incansablemente una respuesta que alumbre una vez más mi paz, estando preferentemente a solas, pero ya no tengo dominio de mí mismo contra lo que creo se trata de su visita sobrenatural.

El origen de mi pesadilla brotó cuando gozaba de una plenitud de bienestar en mí ser, esta quietud de espíritu, sin darme cuenta, había dispuesto mi voluntad para buscar lo sublime y etéreo. Pero entonces tropecé con el peso de su misteriosa existencia que poco a poco se trasformó en agobiante bruma.

Corría el año 2003, a principios de abril. Había pasado una larga noche, insomne, debido al momento que estoy a punto de contar y del cual, aunque le sufro, doy testimonio; para llegar hasta allí, a su domicilio, en donde su pálido rostro inerte se asomaba para dejarse contemplar, primero tengo que conquistar las difíciles escaleras que serpentean locamente y lo vuelven a uno precavido.

Mirando a mí alrededor, con el instinto de los que son perseguidos, intente descifrar aguzando mis oídos los silencios. Me pareció que todos dormían profundamente todavía. Así, cuidadoso de mi proceder acariciaba al mismo tiempo el sueño reparador que había perdido la víspera.

El alba ya guiaba mi caminar con su luz vertida y atrapada celosamente en el domo agrietado por las lluvias y el viento. Este trayecto abovedado era obligado y servía como conducto para tomar escaleras arriba. Supe que era la ingenuidad quien me conducía, por mejor decir, el deseo de llegar a su encuentro.

De una cosa estaba seguro y ello contribuía a no dar marcha atrás, sentía una terrible ansia por tenerla cerca. El ambivalente sentimiento por ella originó una sensación de dulce y pueril estupidez que evocó recuerdos inocentes que creía desdibujados por el paso del tiempo.

Doblé el discreto recoveco situado entre el fin de aquel túnel y el primer escalón que abre el libre andar camino arriba. Me aseguré de que nadie observaba; me sentí dichosamente protegido por mis precauciones y halagado con mí inteligencia.

Cuando hube alcanzado la segunda planta del edificio volví la espalda al recorrido escalonado que se deslizaba interminable desde esa perspectiva y entonces un extraño vértigo se apoderó de mí sin darme tiempo a rectificar mis intenciones.

Como si temiera caer a un profundo vacío, me alejé del rellano desesperado por afianzarme a algo pues era todo un nudo de nervios. Reflexioné del porqué de mis temores en mala hora y cuando la calma esperaba algún mérito.

Seguí caminando pero a pesar mío aún me agobiaba el percance con aquel desequilibrio mental, se apagó mi vista unos instantes y tallé mis ojos. De golpe ya me encontraba frente a una densa multitud de niños cerrándome el paso. Aún no percibía si a apropósito o involuntariamente. Sólo después advertí una dolorosa hostilidad.

Como pude rompí aquel muro humano que lo fue más por mi incredulidad que por su fortaleza. En la medida que fui abriéndome paso, sentí sus pequeños brazos ceñirse férreamente a las muñecas de mis manos. Por un brevísimo instante, se despertaron en mí oscuros sentimientos de opresión.

Quizá esos sentimientos se avivaron porque iba ciegamente pensando en ella y en nadie más. Sé mejor que nadie que las robustas sombras pueden amenazar cernirse sobre nuestras libertades cuando todos nuestros sentidos toman sólo una dirección, los objetos y el derredor no constituían otra cosa que un aire de indiferencia.

Entonces por vez primera dude de la continuidad cronológica de aquella noche que había pasado sin dormir y este caminar mío. Advertí que no amparaba ninguna puerta aquella morada en la cual esperaba mirar una vez más su rostro. Los pequeños me insistían aguardar y trataban por todos los medios de hacerme volver en sí.

Parecía ser su consigna evitar el acceso al lugar, porque, una temerosa voz, se escuchó entre ellos.

– ¡No le permitan la entrada, si no se volverá loco como la última vez! –

Es cierto, pero siempre lo olvido, ella se ha marchado desde hace un buen tiempo para nunca más volver, nunca dijo adiós. Y aunque no creo haber perdido la razón, entre sueños, me sigue observando calladamente. La semilla plantada en mi corazón por ella ha crecido tanto que, ahora ahoga el sentido real del tiempo.

Soñolienta conciencia

17 febrero 2013

shaded angel

A veces cuando delicadamente recojo una de las memorias en las que te hayas tú, me gana el fervor de un esfuerzo sobrenatural porque tu repentina presencia es sorpresa incomprensible; tal vez, evidencia de mi aspiración hacia una fe mayor y, mi deseo inmediato es dejarme alumbrar por ti, posada bajo esos paradisiacos rayos de sol a los que les infundes majestuosidad.

Soy soberano creyente de mis intuiciones apenas se dibuja en ellas el angelical esbozo de tu sonrisa, mi calmo avanzar en ese brillante reflejo de tiempo me resulta complaciente estancia de una cálida mañana cuya delicia me hace abrazarme a la esperanza cual hoja salvada de marchitarse pronto.

Y luego al calor de ese brevísimo y glorioso amanecer doy fe de mis agitados sentimientos frente a un mundo mudo con la absoluta potencia de mis fuerzas como si ellas verificaran cuanto procura callar la meditada y dolorosa reflexión. No he aprendido a detenerme una vez que he sido arrebatado por este rapto de sensibilidad.

Corrías pequeña creatura, tan delicada como fuerte a través de los coloridos paisajes creados por mis profundos afectos que me parecían comunes, me gustaba seguirte con la mirada y experimentar reencontrarme contigo cuando después de tu jadeante cansancio cambiabas de dirección hacia mí accidentalmente.

En tu corta carrera llena de inocentes equilibrios reposaba mi profunda gratitud por la vida. De ti afloraba mi fortaleza recién revelada, bastión de mis serenidades. Temía no obstante muy dentro de mí que, si procuraba ir a tu encuentro podría desviar tu alegría que era mi gozo y condenar la víspera de un júbilo desconocido y reservado.

No puedo comprender, y tal circunstancia me duele más que una noche que se apaga frente a la luz de mis ojos, aquel loco instante en que mi corazón alumbrado por la conciencia se volcó aturdido para confesarte con febril vehemencia cuanto te amaba aunque ya para entonces mi corazón languidecía incrédulo frente a tu sombra.